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Image credit: © Steven Branscombe-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Queda menos de una semana para el draft de las Grandes Ligas. Ese lugar de esperanza infinita donde los equipos pueden repoblar sus sistemas de ligas menores después de una mala temporada. Las selecciones del draft se han convertido en un fetiche; se deja de firmar a jugadores probados como Craig Kimbrel o Dallas Keuchel por la creencia de que a cambio se obtendrán novatos de primer nivel.

La importancia dada a las selecciones del draft ha ayudado a la aparición de muchos artículos sobre el “reconstrucciones adrede”, o tanking, como se le conoce en inglés, y a que este concepto sea visto como el único remedio de los equipos mediocres. Asimismo han sido utilizadas como excusa para dejar que los mejores jugadores de un equipo salgan a la agencia libre.

Hay cierta ceguera con en el draft. En el béisbol hasta el más preparado de los jugadores universitarios necesita unos 12 meses en las menores. La mayoría estará allí 24 meses. Estamos en los inicios de la temporada 2019 y solo ahora estamos empezando a ver en las Ligas Mayores a los primeros peloteros que fueron seleccionados en 2016 desde la preparatoria. El draft tiene impacto a largo plazo y va más allá de la primera ronda de la que tanto se habla: se eligen más de 1,200 jugadores en tres días.

Adley Rutschman, quien parece será la primera selección, apunta muy buenas maneras. La muestra no es muy grande, no hay muchos precedentes de receptores elegidos tan arriba; el último fue Joe Mauer en 2001. Entre 2002 y 2016 (dejamos a un lado las dos selecciones más recientes por ser demasiado pronto) ha habido seis buenos números unos y siete fracasos/ jugadores discretos. Dansby Swanson (draft 2015) es un jugador promedio que ha empezado el año bien. Mickey Moniak (draft 2016) parece que se ha convertido en una mala selección muy rápidamente. Ser número uno no garantiza éxito.

Las reconstrucciones acometidas vía draft han dado resultados muy dispares. Los Astros ya tenían a George Springer antes de comenzar su reconstrucción con dos muy buenas selecciones: Alex Bregman y Carlos Correa. Pero como bien se sabe, Houston también escogió con el número uno del draft a Mark Appel y Brady Aiken, siendo incapaces de firmar a Aiken. Aún no han conseguido resultados de una quinta elección como Kyle Tucker, aunque sigue siendo considerado un novato top. Más allá de Lance McCullers (que ha tenido buenos y malos momentos y quien ahora está lesionado) aún están esperando que un jugador escogido en la ronda compensatoria tenga verdadera repercusión (Daz Cameron está rindiendo mejor de lo que lo había hecho pero fue traspasado).

El caso de los Phillies es similar al de los Astros. En sus drafts de reconstrucción consiguieron a Aaron Nola y a J.P. Crawford (incluido en el traspaso de Jean Segura). Todavía están esperando a Cornelius Randolph, Mickey Moniak, Adam Haseley, y Alec Bohm, pero parece que ninguno de ellos va a ser un pelotero relevante.

Los Cubs, por su parte, tienen a dos jugadores claves, Javier Báez y Kris Bryant, que fueron elegidos en la parte alta del draft, a dos buenos complementos como Albert Almora y Kyle Schwarber, y a Anthony Rizzo, quien llegó al traspasar a otra selección alta (Andrew Cashner). Los cuatro primeros jugadores llegaron tras cinco años consecutivos con selecciones en el Top 10 del draft. Pero a Báez, por ejemplo, le llevó seis años convertirse en un buen bateador. Además, los Cubs necesitaron firmar a Yu Darvish, Jason Heyward, Ben Zobrist y Jon Lester al tiempo que se hacían con otras piezas importantes a través de distintos traspasos.

El futuro de los Braves todavía es muy incierto. Consiguieron muchos novatos durante las selecciones del draft que duró su etapa de reconstrucción, pero aún no hemos visto a ninguno de ellos jugar más de media temporada. También consiguieron otro buen puñado de novatos en traspasos.

Como Jarret (Seidler) argumentaba (en su artículo enlazado anteriormente) las rondas compensatorias que otorga el nuevo convenio colectivo de trabajo (CBA según sus siglas en inglés) no suponen una ganancia o pérdida evidente. Los Diamondbacks van a tener las elecciones 33ª y 34ª por perder a Patrick Corbin y A.J. Pollock. Corbin acumula de momento un ERA de 2.85. Los Diamondbacks están 7.5 juegos detrás de los Dodgers pero a solo 2.5 del comodín, una distancia que seguramente no existiría si se le dieran a Corbin las aperturas que está realizando Zack Godley.

Los Dodgers van a tener la selección número 78. Esta procede de la no renovación de Yasmani Grandal y su .262/.371/.482. Estas selecciones medias se pueden convertir en un novato decente, pero el año pasado la selección 78 fue el lanzador diestro Paul Richan. Fue elegido por los Cubs con la elección que se les había otorgado por perder a Jake Arrieta. Richan no ha sido incluido en la lista de los diez mejores novatos de los Cubs elaborada por esta publicación. Aún así los equipos han evitado perder elecciones del draft. Los Phillies cedieron las selecciones 46 y 82 cuando firmaron a Arrieta y a Carlos Santana. Los White Sox y Reds eligieron con ellas a Steele Walker y Bren Spillane respectivamente. Ninguno de los dos ha aparecido en la lista de los diez mejores novatos de sus franquicias.

No queremos decir que construir desde el draft sea malo, sino que es raro y difícil. En los próximos días se van a oír muchas cosas sobre la primera ronda y sobre lo inteligentes que son los equipos que han conservado sus segundas y terceras rondas a costa de no firmar a Craig Kimbrel y Dallas Keuchel. Quizás sea una buena decisión. Pero también podría no serlo. A fin de cuentas, Keuchel y Kimbrel podrían ayudar a muchos equipos desde ya.

En lo que llevamos de 2019, hemos visto debutar a 13 selecciones de la primera ronda, pero también a 10 que fueron escogidos en la quinta. Entre los demás debutantes nos encontramos con seis peloteros que fueron seleccionados en las 10 últimas rondas, cuatro que lo hicieron en las “veinte-algo” y cuatro más que salieron elegidos en la 12ª y la 14ª. Se puede, de hecho, construir a través del draft, pero no garantiza que se vaya a ganar desde el principio, ni siquiera para los equipos que eligen en la parte más alta. Elegir bien es lo que cuenta.

El draft es en esencia un mecanismo con el que las Ligas Mayores controlan el número de jugadores en el deporte. En teoría distribuye el talento, pero al final solo una parte de los más de 1200 peloteros que salen del draft llegarán al béisbol profesional y los equipos con mejores ojeadores e instructores son los que sacarán la mayor ventaja de sus elecciones.

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