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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Pepe Latorre

Danny Santana debutó en Cleveland un 5 de mayo de 2014. Sustituyó a Josmil Pinto como corredor emergente. El partido estaba empatado en la séptima y había menos de 10.000 personas en el estadio. No consiguió anotar en ese momento. Tampoco dos entradas más tarde, cuando consiguió que un batazo rodado que pasara por el hueco del campocorto, convirtiéndose en un sencillo. Aun así los Twins acabaron imponiéndose 1-0 en 10 innings.

Tras eso acumularon un récord de 15-15. Llegaron a tener un 36-38 antes de que la temporada se perdiera por completo. Se esperaba que tuvieran unas 70 victorias, son justo las que consiguieron. Después de ese inicio tan digno registraron un 34-54. Santana fue una de las pocas noticias buenas de una temporada perdida. Tuvo un excitante .319/.353/.472, pegó 41 hits de bases extra en 430 visitas al cajón y robó 20 bases en 24 intentos. Tenía 23 años.

En 2014 esos eran muy buenos números. La media de la Liga Americana era .253/.316/.390. Aun así, Santana fue teniendo cada vez menos apariciones al plato: 277 en 2015, 248 en 2016, 178 en 2017 y solo 32 en 2018. Eso es porque incluso en su teórica buena temporada de novato se ponchó 98 veces y solo logró 19 boletos. Sus aparentemente buenas estadísticas quedaron redondeadas con .405 de promedio para sus bolas puestas en juego y un wRC+ de 132, sin embargo, su DRC+ fue solo 106. Desde 2015 su DRC+ ha oscilado entre 44 y 71. Nunca ha logrado que los equipos se hayan planteado seriamente hacerle jugar con regularidad.

Eso fue verdad, al menos hasta esta temporada. La noche del viernes Santana empató el partido con un home run en la segunda y consiguió ganarlo con un hit en la novena. Fue la segunda victoria consecutiva de los Rangers contra los Astros, líderes de la división. Además, ayudó a reducir a menos de dos partidos la distancia con los Athletics y el segundo de los comodines. Consiguió otros dos hits el sábado, uno de ellos un bambinazo. Su línea de bateo creció hasta un .309/.343/.543, con 27 extrabases en 240 visitas al cajón. Sigue teniendo problemas para forzar bases por bolas, se sigue ponchando mucho y su BABIP está en torno al .389, pero ha sido una parte muy importante de estos Rangers tan inesperados.

Una parte de todo esto es real y significativa, otra responde al momento en el que estamos. Los contactos duros conseguidos por Santana han aumentado drásticamente. Han pasado de representar un 31% de media entre 2015 y 2017 a un 43.1% esta temporada. Era propenso a los malos contactos, lo que se traducía en contactos débiles y bolas que iban directamente al suelo. Santana ha encontrado la manera de mejorar su swing y acercarse con más frecuencia a ese launch angle que Statcast considera ideal.

Año Launch Angle %
2015 23.0
2016 28.3
2017 27.3
2019 38.8

Si a eso le añadimos el jugar como local en el Globe Life Park y la bola “manipulada” ya se explica mucho mejor la línea de bateo de Santana. Pero eso no nos ayuda a explicar a Santana como persona. De hecho, cada vez estoy más convencido de que no hay explicación clara para Santana. Más que un pelotero es un pionero. Realmente no nació en Monte Plata, República Dominicana. Viene de los territorios o de cualquiera de las dimensiones de las que llegan la Niebla o el Buick 8. Él es un personaje de Stephen King. Lo que quiero decir es que es un tipo que pasa desapercibido hasta que todo está fuera de control, y al mismo tiempo es la causa de esos problemas.

Desde aproximadamente 2010 hasta el 2014, el béisbol experimentó todo tipo de cambios. No solo se producían de un año para otro o de un mes para otro, sino de un día para otro. Fue un período en el que ningún equipo consiguió ganar muchos partidos. No porque no fuera su objetivo, sino porque tuvieron que atravesar momentos extraños y difíciles de explicar en los que se intentaron muchas cosas que no funcionaron.

Jugadores (como Santana) tenían tramos improbables de buen rendimiento para luego caer en malas rachas que duraban lo mismo. Hubo una paridad extrema entre conocimiento y mejores prácticas, eso llevó a fluctuaciones que hicieron que en ocasiones el juego fuera irreconocible.

Entre 2015 y 2018 las cosas se calmaron, al menos en cierto sentido. Los cambios inundaron el béisbol, afectaron incluso a la pelota. También los hubo en las reglas que rigen la adquisición de jugadores y sobretodo se hicieron notar los avances rápidos y desiguales en la tecnología y la gestión de la información.

Esas novedades hicieron que el juego se volviera cada vez más desconocido para los aficionados de siempre. Y más predecible para los que lo vieran de cerca. Los mejores equipos empezaron a controlar mejor los retos de aspirantes inesperados. Tres super equipos que habían ganado más de 100 partidos en liga regular se hicieron con las Series Mundiales de manera consecutiva. En esa versión de la MLB había menos hueco para Santana y otros como él: menos hits raros, mayor previsión y prevención de las malas rachas y cambios en el sistema de desarrollo de jugadores que daba de lado a aquellos que en otra época habían sido capaces de tener éxito pese a su técnica poco refinada.

Ahora el péndulo se está volviendo a balancear. Estamos en el país de los terremotos. Todas menos una o dos de las franquicias de las Grandes Ligas han conseguido cerrar la brecha que habían abierto los equipos más poderosos. Lo han hecho basándose en el análisis de datos estadísticos muy avanzados y el resultado ha sido otro cambio extremo. Por eso la lucha por los comodines es tan difícil de predecir y por eso los equipos cada vez encuentran más complicado verse como compradores o vendedores.

El juego se ha hecho menos predecible y más excitante, aunque más rígido a pesar de las mentes más brillantes de la liga. Todos los equipos cuentan con las mismas posibilidades. Esto ha provocado algunas historias raras y de éxitos inesperados. Ha revivido a jugadores que hace un año parecía que ya habían terminado su carrera antes siquiera de empezarla, como Bubba Starling, John Means, Félix Peña, y (sobretodo) Danny Santana.

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