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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Carlos Saiz Domínguez

Dijeron que no se esforzó lo suficiente. Lo llamaron mal compañero de equipo.  Lo llamaron fracasado. Incluso cuestionaron su brújula moral. El dueño de los New York Mets, el equipo en el que jugó su mejor béisbol, el equipo que probablemente debería figurar en su gorra en la placa del Salón de la Fama, se consideró asimismo un imbécil por fichar a Carlos Beltran.

Si usted sintonizó béisbol en los últimos cinco o seis años, el Beltrán que usted conoce es un bateador de esquina itinerante y bateador designado, una fuerza constante en medio de las alineaciones a menudo elogiado por el liderazgo de veteranos, reviviendo el béisbol en Puerto Rico, y practicando el juego de la manera correcta. Es el modelo de un jugador estrella pero más viejo. Este es el Carlos Beltrán que ganó el Premio Roberto Clemente en 2013, uno de los más importantes honores del mundo del béisbol, presentado al jugador que “mejor representa el juego del béisbol a través de conducta deportiva, participación comunitaria y contribuciones positivas, tanto dentro como fuera del campo”. Este es el líder gregario que ha guiado a incontables jugadores de su Puerto Rico natal y más allá, que gastó millones de dólares de su propio dinero para construir la Academia de Béisbol Carlos Beltrán como escuela preparatoria para niños puertorriqueños desfavorecidos que quieren jugar al béisbol. Este es Carlos Beltrán, que inició una campaña de recaudación de fondos para los damnificados por el Huracán María, donando otro millón de su propia cuenta bancaria. Este es el Carlos Beltrán conocido por su intensa preparación y estudio de video, el tipo que puede recoger señas en el campo de béisbol como Daniel Negreanu puede hacerlo en una mesa de póquer.

Si su memoria se remonta a otra década, recuerda la primera carrera de Carlos Beltrán, donde fue uno de los mejores jugadores del juego. Pero por muchas razones realmente tontas, muchos de nosotros no pudimos verlo.

Beltrán, en su mejor momento, nunca parecía correr a toda velocidad. Lo hacía, por supuesto, pero era un atleta tan elegante que su esfuerzo total parecía el trote de los demás. En la mayoría de los deportes, admiramos a esos atletas tan agraciados y rápidos que parecen deslizarse por el campo. En el béisbol, a Beltran lo criticaron por no aparentar posturas. De alguna manera, fue egoísta porque fue un corredor de bases con un instinto fenomenal que tuvo menos eliminados per capita en las bases que cualquier otro ladrón de bases, por prolífico que fuese, en la historia del juego. Era egoísta que jugara profundo en el centro cuando tenía una velocidad de cierre tan grande que podía atrapar bolas altas poco profundas. No siempre se deslizaba cuando sabía que estaba eliminado, y a veces trotaba cuando importaba menos. Si solo hubiese hecho un poco más para mostrarte lo que tenía…

La gran tragedia de Beltrán a lo largo de 2010 es cómo su trayectoria profesional terminó por secuenciarse de tal manera que se nutrió de las narrativas que se encuentran en lo más alto de esta pieza. Después de años de talento “mediocre” como una simple estrella para un equipo podrido como los Royals, lideró a los Houston Astros en 2004, como una de las mayores adquisiciones en la fecha límite de traspasos en la historia del béisbol, al borde de la Serie Mundial, sólo para ver a Houston sufrir pérdidas devastadoras, no por culpa suya, en los Juegos 6 y 7. Después de eso, los fans tardaron doce años en perdonar a Beltrán por las acciones del derrochador propietario Drayton McLane, quien se negó a darle a Beltrán una cláusula de no traspaso – ¡una cláusula que sólo quería porque quería quedarse en Houston! – y luego se dio la vuelta y lo culpó absurdamente por no querer quedarse en Houston. Después de que Beltrán fichara un contrato de $119 millones de dólares con los Mets para unirse a las filas de los jugadores mejor pagados, tuvo el único año malo de su carrera. Ni siquiera fue un mal año para los estándares de nadie más – formó parte del Equipo de las Estrellas y generó 4.4 WARP – pero resultó difícil escapar de la narrativa que Beltrán no tenía lo adecuado en el momento oportuno.

La ironía más grande de todas fue que posiblemente el mejor bateador de la postemporada de la historia moderna del béisbol – terminaría su carrera en .307/.412/.609 en 256 apariciones al plato durante los playoffs – era más conocido por atragantarse cuando realmente importaba. Todo ello debido a un único fallo en una fracción de segundo que apenas llegó a ser un fracaso: tomar una de las mejores curvas de la carrera de Adam Wainwright – el de la bola curva perfecta – para terminar la temporada de los Mets del 2006 en el Juego 7 de la Serie de Campeonatos de la Liga Nacional. No importaba que Beltrán probablemente debió ser el MVP de la Liga Nacional esa temporada, ni tampoco importaba que Beltrán hubiera sido el MVP de la NLCS en un universo donde Yadier Molina no le da la bienvenida a Aaron Heilman. No tenía lo adecuado cuando importaba.

Siguieron temporadas más grandes en 2007 y 2008, pero los Mets sufrieron colapsos consecutivos en septiembre, y no canjeas tu agarre en tales circunstancias sin importar lo bueno que seas. Estaba en camino a una de sus mejores temporadas en 2009 cuando ocurrió la primera de una serie de lesiones de rodilla.

***

Se necesitó la pérdida de su gracia bajo fuego para revelar lo mucho que Carlos Beltrán lo quería. Cuando finalmente regresó en julio de 2010 después de perderse seis meses después de la cirugía de rodilla que los Mets no querían que se realizara, Beltrán apenas podía pasar por la línea de primera base, y mucho menos deslizarse hacia abajo en cuatro segundos. Lo que quedó claro rápidamente es que las repetidas lesiones y malas rodillas que habrían terminado con la carrera de muchos fueron sólo el ímpetu para que Beltrán cambiara su defensa y velocidad por una segunda carrera como jugador del jardín derecho y bateador designado. Después de algunos últimos momentos absurdos – sobre todo faltar a una visita opcional al Centro Médico del Ejército Walter Reed debido a un compromiso previo con respecto a la construcción de la Academia de Béisbol Carlos Beltrán y el infame perfil de la primavera 2011 de Jeffrey Toobin de Fred Wilpon – Beltrán también dejó atrás toda su mala prensa. Apenas tres años después del absurdo de Walter Reed, Beltrán ganó el Clemente, consolidando su reputación como uno de los más grandes y admirados hombres del juego.

En el campo, Beltrán fue notablemente duradero y productivo en su nuevo papel hasta la temporada pasada. Entre 2011-2016, promedió 138 ½ partidos por temporada, tuvo un éxito funcionalmente idéntico a sus índices de carrera a través de un nivel de ataque bajo, y formó parte de cuatro equipos All-Star en seis temporadas. Finalmente jugó la Serie Mundial en 2013 con los Cardinals, y jugó bien, pero perdieron ante los Red Sox.

Y así fue, en 2017, que los Astros le devolvieron a Beltrán el anillo que merecía por llevar la franquicia sobre sus anchos hombros en 2004. Fue este año que la segunda carrera improbable como bateador veterano a sueldo comenzó a desviarse lateralmente; era inútil contra los zurdos y apenas adecuado contra los diestros, y su alguna vez brillante defensa estaba tan ida que sus compañeros de equipo tuvieron un funeral fingido para su guante a mitad de temporada. Dada su turbulenta relación  a lo largo de los años con los fans de los Astros, esto tenía el potencial de ir muy mal, pero en 2017 Beltrán se había establecido como una fuerza respetada en el juego que incluso los Astros, con su mentalidad analítica, pensaban que su inversión de $16 millones valió la pena de otra forma que su -1.0 WARP. Tuvo un último gran momento de postemporada en para Houston – su doblete impulsador contra Craig Kimbrel en el Juego 4 de la ALDS fue la diferencia – pero se desvaneció aún más como un jugador de banca a medida que pasaba el tiempo. No hizo nada en absoluto durante la Serie Mundial, yendo 0-por-3 como bateador emergente. La historia mostrará su último turno al bate como un débil ponche contra Kenley Jansen para terminar el Juego 6, y ni siquiera participó en el Juego 7. Sin embargo, es parte de una de las imágenes más imborrables de la victoria: el hombre una vez ridiculizado como desagradable, llorando en el campo en su primera victoria de la Serie Mundial, abrazando a un Evan Gattis igualmente emocionado.

Gracias, Carlos Beltrán. Yo diría que el béisbol será peor por no tenerte cerca, pero no creo que la historia haya terminado contigo todavía.

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