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Image credit: Aaron Doster-USA TODAY Sports

Traducido por Marco Gámez

Hay tantas rarezas y peculiaridades en la temporada 2020 de MLB que espero descubramos en ella nuevos patrones para los próximos años. Pero una de las principales tendencias que está surgiendo en las primeras semanas de la temporada (que ya también se ha cumplido en más de un tercio) es la disminución de la ofensiva. Además de una pelota cambiante que parece que se ha vuelto menos aerodinámica, la zona de strike puede ser otra culpable. La zona de strike evoluciona de un año a otro, pero esta temporada, hay un contribuyente inesperado: la creciente familiaridad entre receptores y árbitros.

Seguramente has visto (u oído) a los receptores y a los árbitros charlar durante los partidos de béisbol. El contenido de las conversaciones es un misterio, pero no es inusual que un receptor se incline hacia atrás cuando recibe una nueva pelota e intercambie algunas palabras con el árbitro, tal vez comentando sobre los lanzamientos o tal vez (¿quién sabe?) ofreciendo algo de aliento. Hoy en día, con las oficinas de los equipos dedicadas a preparar a sus jugadores en un grado extraordinario y con los árbitros conscientes del encuadre del lanzamiento, es probable que cada participante en la conversación tenga una buena idea sobre las estrategias, tendencias y peculiaridades del otro.

Esta interacción no es una de las cosas que hubiera pensado que cambiaría en nuestra extraña temporada acortada por la pandemia. Pero ha cambiado. Con el fin de minimizar el potencial de infección, MLB decidió que los equipos de árbitros tiendan a trabajar durante cortos lapsos  con los mismos equipos, en lugar de rotar frecuentemente entre escuadras.

El efecto práctico de ese cambio es simple: los mismos pares de receptores y árbitros trabajan juntos con mucha más frecuencia que en una temporada normal. De hecho, de acuerdo con su tasa, las parejas de receptor/árbitro están viendo juntos alrededor de 10 veces más lanzamientos que en 2019. Como referencia, la pareja promedio vio alrededor de 100 lanzamientos sentenciados por el árbitro (excluyendo los lanzamientos donde el bateador hizo un swing) juntos en la temporada completa de 162 juegos en 2019; este año, a través de unos escasos 20 juegos, el emparejamiento promedio ya ha trabajado en unos 70 lanzamientos sentenciados.

Por sí sola, la frecuencia cada vez mayor de estos emparejamientos es solo una curiosidad. Pero me llevó a considerar cómo el hecho de pasar juntos más tiempo podría afectar la propensión de un árbitro a sentenciar strikes. Revisé los datos de Statcast de 2019 en busca de algunas pistas. Mi hipótesis era que cuanto más tiempo pasaba un árbitro con un receptor, mayor era la probabilidad adicional de que sentenciara un strike. Más tiempo conduce a una mayor simpatía y compañerismo, por no mencionar el conocimiento del estilo de cada participante.

Efectivamente, regulados por una serie de otros factores (la ubicación del lanzamiento es el más importante), los árbitros tienden a sentenciar más strikes cuantos más lanzamientos trabajan con un receptor determinado.

Es importante tener en cuenta que este efecto de familiaridad con el receptor es muy pequeño. Desde el primer lanzamiento que un árbitro y un receptor ven juntos hasta el 100, el árbitro solo le da al receptor alrededor de un 1% de probabilidad adicional de sentenciar un strike. Dado que la mayoría de los emparejamientos solo ocurren como máximo en unos pocos juegos juntos en una temporada normal, es muy probable que el impacto de la familiaridad sea menor. Y hay mucha distorsión en torno a la tendencia: el hecho de que hayan estado trabajando juntos no significa que un receptor vaya a empezar a recibir strikes sentenciados alejados del plato. Pero las estadísticas son muy consistentes y la probabilidad de que se trate de una falsa tendencia es muy pequeña.

Es difícil decir con certeza qué está impulsando el efecto de familiaridad con el receptor. Podría ser físico: tal vez los árbitros se acostumbren al estilo de recibir o la postura de un receptor y comiencen a internalizar sus peculiaridades. De la misma manera, tal vez los receptores aprendan a maximizar el acercamiento particular de un árbitro a la zona, obteniendo strikes sentenciados adicionales al encontrar las partes de la zona de bateo hacia las que el árbitro parece especialmente parcial. También podría ser social: tal vez los receptores y los árbitros se enlacen mientras pasan tiempo juntos durante el juego. Tal vez sea una combinación de esos tres u otros factores, además. Las estadísticas pueden decirnos que existe este efecto, pero no cómo.

Hay algunas explicaciones que se pueden descartar. El efecto de familiaridad del receptor no es solo un producto de las primeras entradas o el comienzo del juego: si excluyes las primeras entradas por completo, es igual de fuerte. No tiene una división local / visitante. Tampoco es porque los buenos receptores tengan más oportunidades de trabajar con los mismos árbitros.

En la tabla anterior, puedes ver que el impacto comienza a estabilizarse alrededor del 75 ° lanzamiento compartido. Sin embargo, eso es en una temporada normal. Este año, si las rotaciones de árbitros continúan al ritmo que van, los receptores terminarán el año viendo varias veces más lanzamientos con un árbitro dado de lo que suelen hacerlo. Hay muy pocos datos en este momento para notar si el efecto de familiaridad con el receptor es más fuerte en 2020 que en 2019 o temporadas anteriores. Pero podría ser que las asignaciones inusuales de árbitros de este año revelarán (o al menos enfatizarán) una nueva habilidad para los receptores: su capacidad para vincularse con los árbitros detrás de ellos.

Incluso si los receptores no están estableciendo lazos más profundos o más fuertes con los árbitros, se ven con mucha más frecuencia, por lo que seguramente habrá muchos cientos de strikes adicionales en toda la liga. (Un cálculo superficial lo sitúan alrededor de un strike sentenciado extra por juego, hasta ahora). No es la explicación de por qué las carreras por juego están bajas, sino más bien es uno de los muchos pequeños ingredientes en este asopado bizarro que es la temporada 2020 y en la mayor recesión ofensiva que hasta ahora hemos visto.

Y este efecto seguramente no es nada nefasto para ninguna de las partes: así como la gente tiende a hacerse amiga de las personas con las que trabaja, los receptores y árbitros tienen más oportunidades de relacionarse más de lo normal. En lugar de que la familiaridad genere rechazo, parece que está conduciendo a una zona de strike más ajustada y a un poco menos ofensiva, que antes.

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