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Happy 4th of July Weekend!
Image credit: Jake Roth-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Ha pasado un tiempo desde la última vez que vimos algo de MLB de verdad. En estos momentos la atención se centra en la salud de los peloteros, en la lucha dramática entre esos mismos peloteros y los propietarios y en la búsqueda de un escenario que devuelva el béisbol al diamante. La temporada 2019 se presenta en estos momentos como algo muy lejano, sobretodo si tenemos en cuenta todas las cosas que están sucediendo ahora mismo en nuestras vidas. La campaña pasada nos regaló sorpresas importantes. Aunque haya pasado ya algún tiempo merece la pena revivir el sorprendente rendimiento de un par de jugadores. Dos bateadores que rindieron mejor de lo esperado: compramos el éxito de uno, pero no el del otro. Empezamos con el análisis.

Christian Vázquez, C, Boston Red Sox

Contexto: A principios de 2014 Vázquez fue considerado el noveno mejor novato de los Red Sox, justo detrás de un tipo llamado Mookie Betts. Siempre se dudó de su bate mientras que su defensa era tan buena que ya parecía lista para las Mayores cuando estaba en clase-A. Esto decía su perfil en 2014:

Su defensa es mejor de lo que la gente cree: un brazo de primer nivel, facilidad para lanzar, buenas habilidades de recepción, unos pies cada vez mejores y capacidad para bloquear. Esa es la carta de presentación de Vázquez, y a pesar de su bate, le bastará con su defensa para tener una carrera en Grandes Ligas. Si consigue mejorar su ofensiva y ser un out algo más complicado de lo que sugieren las proyecciones, aunque sea en la parte baja de la alineación, podría convertirse en un jugador de primer nivel debido al potencial de su guante.

Entre 2014 y 2018 Vázquez acumuló 999 apariciones en el plato con un .277 de wOBA. Su .246/.296/.335 con solo 10 jonrones no generó mucha confianza. Pero finalmente su bate cobró vida en 2019, cuando Vázquez, a la edad de 28 años, tuvó la actuación más consistente de su carrera, 23 cuadrangulares incluidos.

A favor: Las temporadas sorprendentemente buenas tienen todo tipo de formas y tamaños, la de Vázquez contiene algunos indicadores que sugieren permanencia. De 2017 a 2018, el receptor registró un BABIP razonable de .297. En su inesperado 2019 fue más de lo mismo, .305. No se puede decir que su buena producción al plato se haya debido a la buena suerte. Fue más agresivo e hizo más swings que en ocasiones anteriores. En otra época podría haber sido algo un tanto preocupante, pero no ahora. Vázquez se ha adaptado a las tendencias actuales y se ha convertido en un bateador más moderno. Esto, por supuesto, incluye más poder. El ISO de Vázquez entre 2017 y 2018 fue de .097, en 2019 se fue hasta .201, más del doble. Es poder de sobra para un receptor, especialmente para uno con su calidad detrás del plato. Todo el paquete valió 3.5 WARP la temporada pasada.

En contra: Siempre hay que tener ciertas precauciones con estas temporadas tan súbitamente productivas. En Vázquez esas precauciones se reducen a unos pocos puntos clave. En primer lugar, su pico de jonrones es algo nuevo para él. Solo había alcanzado los dobles dígitos una vez, en 2011 cuando militaba en clase-A (18). La tasa de HR/FB (jonrones por batazos elevados) de Vázquez fue de solo 6.2% entre 2017 y 2018 (con la bola “dopada”). Dicha cifra se fue hasta el 19.3% el año pasado a pesar de que no hubo cambios importantes en su ángulo de bateo (launch angle en inglés) promedio. Eso sugiere que, aunque logró pegar más bambinazos, también hizo suficiente contacto en ángulos con poca graduación como para equilibrar esos cuadrangulares adicionales. Es importante señalar que sigue teniendo problemas para conseguir bases por bolas (6.3% en 2019). Si bien es cierto que su enfoque puede haber cambiado ligeramente, sería aventurado sugerir que es un bateador completamente nuevo.

¿Comprar o vender? Vázquez logró mejores contactos en 2019, pero también hizo menos contactos totales que en el pasado y no acumuló suficientes boletos como para sugerir que ha encontrado un enfoque de bateo más maduro. Su valor crece por el total de golpes de extrabase y que sea algo más que un bateador promedio va a ir ligado a su capacidad de pegar jonrones. Compro que es un mejor bateador, pero es difícil que repita lo logrado en 2019.

Tim Anderson, SS, Chicago White Sox

Contexto: Después de ser la primera elección de los White Sox en el draft del 2013, Anderson fue durante años uno de los mejores novatos de la organización. En 2016 se le veía como uno de los mejores prospectos de toda la MLB. Esto decía el BP de aquel año sobre él:

 Anderson era uno de los mejores atletas disponibles en el draft del 2013 y sus habilidades beisbolísticas han mejorado incluso más rápido de lo que sus mayores defensores previeron. Sus manos son súper veloces, eso le da mucha rapidez a su bate y aunque su swing tiene cierta longitud, su fluidez y coordinación le permiten hacer contactos duros a cualquier parte del campo. Su swing tiende a elevar la bola, y aunque su tamaño podría limitar algo su bateo de poder tiene la habilidad para conectar batazos elevados a cualquier lugar. Su bateo y velocidad sugieren que podría ser un potencial leodoff, pero es posible que no tenga la paciencia necesaria. Apenas consigue bases por bolas y sufre mucho con los lanzamientos que rompen en el exterior de la zona de strike. Esto podría afectar mucho a su capacidad de alcanzar bases. Anderson aprovecha bien su impresionante velocidad: hace toques y pone mucha presión en las bases al ser una amenaza de robo constante.

Anderson, que es un atleta de otra dimensión, no tardó en dejar su marca en el béisbol organizado. Sus registros ofensivos estuvieron por encima de la media en todos los niveles de las Menores a pesar de que a menudo era joven para el nivel de competencia. Sin embargo, en sus primeras tres temporadas en la MLB, el bate no rindió como se esperaba. Se fueron viendo pequeñas mejoras, pero fue un bateador inferior al promedio en las más de 1.650 visitas al cajón que hizo en Grandes Ligas entre 2016 y 2018. Finalmente, logró una línea ofensiva superior a la media hace una temporada (113 DRC+).

A favor: El informe de más arriba aún le queda grande. Anderson sigue siendo un espécimen único en el diamante. Pocos poseen sus instintos. Es explosivo. Es rápido. Es veloz. Aquello por lo que fue drafteado y que le hizo avanzar por las Menores sigue allí. Por eso hay motivos para creer. Pero además su juego está mejorando en otros aspectos. Su número de ponches ha disminuido en cada una de sus cuatro campañas en la Gran Carpa mientras que su índice de swings ha ido aumentando. Eso se traduce en más contacto, algo a lo que el informe anterior le ponía un signo de interrogación. Su 2019 no se cimentó en el poder, como sucedió con Vázquez, sino en poner muchas bolas en juego y acumular hits. Sus habilidades nos hacen pensar que eso es repetible.

En contra: Hay una habilidad en particular que Anderson aún no ha podido desarrollar. Su ratio de bases por bolas, 2.9% en 2019, está por debajo del promedio de su carrera (3.3%). Eso significa que hasta que (si es que lo consigue) Anderson se vuelva más selectivo siempre habrá muchos malos contactos en su juego. De momento ha ido teniendo éxito, pero el año pasado lo logró debido a un exceso de suerte. Anderson siempre ha registrado un BABIP más alto de lo habitual debido a su velocidad. El .399 de la temporada pasada fue el más alto de su carrera, pero también posee el séptimo BABIP más alto entre todos los bateadores calificados desde 2016. Es una característica de su juego, pero .399 es una marca demasiado elevada. Añade poca paciencia a la mezcla y es fácil darse cuenta de que en 2019 Anderson hizo lo mismo de siempre, pero con algo más de éxito.

¿Comprar o vender? La tendencia actual de los bateadores es poncharse más y pegar con más poder. Anderson hace justo lo contrario. En vez de volverse más selectivo ha continuado con su obsesión por llegar a primera base a cualquier precio. En este momento de su carrera ese es el tipo de pelotero que es. Su condición atlética es lo que le permite ser tan agresivo, y eso no es un ajuste en el que se pueda trabajar. Es difícil saber si ahora Anderson es significativamente mejor de lo que era antes del 2019. Claro que hay una mejora, pero no garantiza que pueda continuar siendo un 10 o 15% mejor que el bateador promedio.

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