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Image credit: Jayne Kamin-Oncea-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

La semana pasada, el sitio FiveThirtyEight publicó una pieza debatiendo si es que las ligas menores deberían existir. Hay muchas refutaciones a los puntos que expone y no voy a incluirlos todos aquí. También es imposible hablar de las ligas menores de esta forma sin tocar el problema sobre los sueldos y el lenguaje que el béisbol colectivamente utiliza para describir a los jugadores tanto de manera pública como al realizar su cabildeo político. Sin embargo, la siguiente cita de Walker Buehler me puso a pensar acerca de los jugadores quienes pueblan las ligas menores:

“En cualquier equipo afiliado hay tres jugadores que tienen oportunidad de jugar en las Ligas Mayores. El resto están ahí para poder jugar”.[1]

Las estimaciones de Buehler sobre el número de jugadores que tienen posibilidades de llegar a las Grandes Ligas son increíblemente bajas. Y puede ser que pocos jugadores tengan una carrera lo suficientemente larga como para alcanzar arbitraje, pero dado el uso moderno de los bullpens, las lesiones y el desgaste general, los jugadores tendrán sus oportunidades cada año. Incluso aquellos quienes, en un momento dado, se considera que carecen de futuro en las Grandes Ligas, ocasionalmente llegan, e incluso tienen carreras sólidas ahí. En muchos sentidos, realza el talento de los jugadores de béisbol de las ligas menores, y especialmente de aquellos quienes llegan a sus categorías superiores. Incluso más allá de eso, no siempre se puede llenar a un equipo de prospectos, especialmente porque incluso los equipos de las ligas menores necesitan receptores suplentes, bates de banca y relevistas intermedios para poder completar los partidos. Fuera del complejo donde los equipos son gestores de cargas de trabajo, esos roles también vienen con un tiempo limitado de juego, algo que no es ideal para un prospecto quien busca mejorar.

Esta línea de pensamiento ha estado en mi mente desde que el receptor Chace Numata falleció trágicamente este mes. Numata estaba terminando su décimo año en las ligas menores, una hazaña que requirió no sólo completar su contrato inicial de siete años con los Phillies, sino también firmar tres contratos individuales como agente libre después (uno con los Phillies, Yankees y Tigers). La carrera de Numata topó 369 de apariciones al plato en 2016 y pasó un montón de temporadas como el principal receptor de algunos equipos afiliados de los Phillies. Sin embargo, nunca alcanzó una lista de prospectos, porque a pesar de su fuerte brazo y sólida reputación defensiva, su bate era muy flojo. Es el perfil en el que los pocos afortunados que están en la cima se forjan carreras que brincan arriba y abajo en las Grandes Ligas. Fue evidente en los conmovedores homenajes de tantos la semana pasada, que Numata tocó muchas vidas y fue un valioso compañero y amigo de muchos. Era el tipo de jugador que tres organizaciones se sentían muy orgullosas de llamar uno de los suyos.

Los coequiperos son importantes en un deporte con viajes largos en autobús, un juego todos los días, y el fracaso como resultado constante en el campo. La mayoría de los equipos tienen cuatro entrenadores, tal vez con un receptor de bullpen (que puede ser un antiguo miembro de la organización de las ligas menores), un fisio y algún otro miembro de staff. Hay por lo menos 26 jugadores en cada plantilla, y a medida que vas bajando por las ligas menores muchos están trabajando en su primer trabajo, y para muchos es en un país extranjero. Tener jugadores que puedan ayudar a otros jugadores a sobrevivir y prosperar en las ligas menores es muy importante. A diferencia de contar con más entrenadores o personal, esos jugadores también están en el campo al lado de los prospectos, pasando por sesiones de práctica y entrenamiento, y tratando de ganar partidos.

“El objetivo de las menores no es ganar, sino desarrollar”, es un estribillo común sobre las ligas menores que yo mismo he utilizado muchas veces. Para los equipos de las Grandes Ligas, el objetivo final es (o debería ser) desarrollar buenos jugadores de béisbol de las grandes ligas. Sin embargo, ganar no es anatema para el desarrollo. A pesar de las metas de desarrollo que no siempre son las más efectivas para maximizar la victoria (incluyendo jugar con los mejores prospectos que aún no son lo suficientemente buenos), los jugadores en el campo y los mánagers se preocupan por ganar. Al final del año, los jugadores celebran la llegada a los playoffs y celebran la victoria en ellos. El hecho de que los jugadores no sean candidatos para las Grandes Ligas no significa que no sean jugadores productivos en las ligas menores. Tener a jugadores marginales en un equipo de ligas menores es una parte valiosa del éxito de ese equipo.

Además de ayudar a los equipos a ganar, el hecho de tener jugadores que no necesitan que se priorice su desarrollo permite a los equipos utilizar a ese jugador de maneras más predecibles. Por ejemplo, un equipo puede ir con un conjunto de abridores en tándem, donde los dos lanzadores idealmente lanzan todas las entradas. Por supuesto, no se puede esperar que eso suceda siempre, especialmente en las ligas menores. Así que los equipos necesitan jugadores que puedan lanzar unos cuantos innings en una noche dada, pero tampoco que necesiten innings consistentes. Lo mismo sucede en los bullpens, donde el cerrador no es un prospecto notable, de modo que el resto del bullpen pueda funcionar con descanso más consistente.

También hay roles que existen en las ligas menores sólo para facilitar la locura que son y todo lo que puede salir mal. Si ocurre una suspensión por lluvia, una lesión, un doble partido u otra interrupción en las Grandes Ligas, pueden simplemente referirse a su plantilla de 40 jugadores. Esa sucesión no siempre ocurre en las ligas menores. Ahí, siempre hay unos cuantos jugadores que jugarán de dos a cuatro niveles de ligas menores cada año. Estos jugadores se desplazan para hacer que los juegos funcionen lanzando entradas valiosas o cubriendo un montón de posiciones desde el banquillo para un equipo que juega corto de plantilla.

También es importante, cuando se habla de los jugadores de las ligas menores, volver al tema de la retribución de ese nivel. En este momento, los jugadores de las ligas menores ganan un poco más que el salario mínimo durante los meses de la temporada. Esto incluye a los principales prospectos y a los jugadores organizacionales. Actualmente todos ellos deben jugar en el campo frente a los aficionados, y ese es un factor importante que interviene en las conversaciones sobre la victoria y la derrota, porque los aficionados están pagando por asistir a los partidos. Mientras que los equipos de ligas menores no paguen a los jugadores[2], estos están en el campo para clientes, realizando un trabajo.

Los jugadores que permiten a los futuros ligamayoristas jugar son importantes para que el sistema funcione. Cumplen las funciones de amigos, entrenadores, mentores, refuerzos, veteranos de confianza y facilitadores de las estrategias de la plantilla que permiten el desarrollo. El impacto de los “no-prospectos” no se limita a ser coequiperos y partes del aparato de las ligas menores, sino que también son parte integral del proceso de desarrollo de los bateadores oponentes.

[1] Buehler también abordaría el punto de que hay muchos peloteros de ligas menores y cómo los equipos abusan de sus aspiraciones. Este último punto es muy válido al hablar de la compensación económica que reciben dichos jugadores.

[2] El club de Grandes Ligas paga los salarios de ligas menores, lo que significa que si el club de Ligas Mayores es dueño del equipo de ligas menores, el club de ligas menores paga el salario del jugador y se beneficia de la labor que el jugador ofrece.

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