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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Pepe Latorre

La semana pasada, mi siempre brillante y acertado compañero Rob Arthur escribió sobre la bajada de asistencia que están experimentado los estadios de la MLB. Disminuyó en más de cuatro millones entre 2015 y 2018 y ha vuelto a bajar otro millón en lo que llevamos de temporada. Hizo notar que los equipos que están reconstruyendo tienen gran parte de la culpa. Demostró que el porcentaje de equipos sin opciones de ir a playoffs pasó de ser aproximadamente el 30% en 2014-2015, a ser el 35% en 2016-17 y el 40% en 2018-19. Cuando los equipos no compiten, concluyó, los aficionados no van al estadio.

Rob señaló que a los equipos podría no importarles. La reconstrucción tiene sentido desde un punto de vista competitivo y estratégico, una bajada en la asistencia es aceptable. Voy a llevar su análisis un paso más allá: ¿podría darse el caso de que una bajada de asistencia no fuera solo aceptable sino también deseable?

Los Diamondbacks, por ejemplo, son un equipo que no está reconstruyendo. Está claro que no pueden alcanzar a los Dodgers, pero siguen con opciones de llegar al comodín. Su récord el año pasado fue 82-80 y parece que lo mejorarán este año. Y eso que traspasaron a Paul Goldschmidt antes del inicio de la temporada y a Zack Greinke antes del cierre del mercado. Pero se han encontrado con las sorpresas de Ketel Marte, Carson Kelly (el mejor receptor ofensivo de la Liga Nacional con un DRC+ de 125) y Eduardo Escobar y la temporada de 33 home runs más desapercibida que se recuerda. Archie Bradley lidera la liga en salvados (13) desde que se convirtió en cerrador el pasado 30 de julio.

En resumen, los Diamondbacks han sido un buen, incluso un gran, equipo. A pesar de esto el número de espectadores ha disminuido en 96.861 con respecto al 2018. Una bajada de 1.404 por juego, más del 5%.

¿Qué está pasando? Puedes pensar en los sospechosos habituales: los partidos son muy largos. No pasan suficientes cosas. Es muy caro ir a los juegos. La NFL y la NBA están machacando a la MLB. El béisbol está acabado, bla, bla, bla…

No importa la razón, pero sigue siendo algo sobre lo que preocuparse, ¿cierto? Un equipo que no reconstruye, que aún tiene opciones de llegar a la postemporada y que ve como la asistencia ha bajado en un 5%… Los propietarios deberían estar preocupados, ¿verdad?

¿Y si no lo están?

Hay cosas más importantes que el aforo para la contabilidad. Para Statista el precio medio de una entrada para un partido de Arizona en 2018 era de $19.65. En 2019 es $20.86 (desconozco si ese es el precio medio del ticket en el estadio o el precio medio de los tickets vendidos). Es una subida del 6.2%. La asistencia ha bajado en un 5.1% pero los ingresos por billetes vendidos han aumentado: (1 + .062) x (1 – .051) -1 = 0.7% de subida este año.

Y por supuesto, los espectadores no solo pagan por los billetes. También compran comida, bebidas y recuerdos. A lo mejor pagan por el estacionamiento. Si asumimos que también se producen subidas de precios similares en todas estas cosas el equipo aún consigue un aumento del 0,7 por ciento en sus ingresos.

Y los ingresos son solo el principio. Algunos gastos, como los seguros o los sueldos de los jugadores y la gerencia, son fijos. Pero otros son variables. Menos personas en el estadio significa que el equipo necesita emplear menos acomodadores, control en puertas, personal de seguridad y estacionamiento, limpiadores y concesionarios. (Sí, sé que algunos de esos trabajos podrían subcontratarse. Las matemáticas aún deberían funcionar). La factura de la electricidad se reducirá porque el aire acondicionado no tiene que funcionar tanto y la factura del agua disminuirá porque ni inodoros ni grifos se usarán tanto.

Vamos a suponer, y usando números redondos, que los Diamondbacks obtuvieron $700,000 en ingresos por juego, incluidas concesiones y estacionamiento, el año pasado. Supongamos que sus costos fijos fueron de $400,000 y los costos variables de $200,000, con una ganancia por juego de $100,000.

Supongamos que este año todos los precios aumentan en la misma proporción que los precios de las entradas y los costos variables caen de acuerdo con la asistencia. Eso significaría que los ingresos por juego aumentarían a $704,955. Supongamos que los costos fijos aumentan con la inflación, 1.8%, a $407,200. Los costos variables aumentan con la inflación, pero disminuyen con la asistencia a $193,149. Eso pondría las ganancias por juego en $704,955 – $407,200 – $193,149 = $104,606. Eso es un aumento de casi el 5% (4.6, para ser exactos).

Es un simple ejemplo. No tenemos acceso a las cifras reales. Pero es seguro que así es como usan la calculadora muchos equipos. Baja la asistencia, pero el aumento en los precios de las entradas y la disminución en los costos variables compensan los asientos vacíos, al menos desde el punto de vista de la contabilidad. Y, esto ignora los flujos de efectivo independientes de la asistencia que los equipos obtienen de la retransmisión, las licencias y los servicios auxiliares.

Y ese es el problema.

Si ignoramos a los Royals por su situación de venta pendiente, vemos que la tenencia media de los propietarios de MLB es de poco más de 15 años. No es mucho. Algunos equipos, como los Yankees, los White Sox, los Phillies, los Twins o los Mets, han sido propiedad de las mismas entidades desde la década de 1980 o antes. Pero 19 franquicias han cambiado de manos en este siglo. Dicho de otra manera, los Steinbrenners probablemente estén más comprometidos con la salud a largo plazo de la industria que los Guggenheim Partners (empresa propietaria de los Dodgers).

¿La bajada en el aforo se traducirá en una bajada de la popularidad en el futuro? Ni idea.  Seguramente la idea romántica de un niño que va a un estadio por primera vez y queda enamorado del deporte es exagerada. Hoy en día hay muchas maneras de consumir el deporte. Puedes ver cientos de juegos al año en cualquier dispositivo con conexión a internet. No necesitas ir al estadio para tener la experiencia.

Aun así sería cínico sugerir que ir a los juegos no ayuda a reforzar la afinidad por el béisbol. El niño de ocho años que no va a un partido hoy puede ser el jefe de una oficina dentro de 30 años y decidir que una noche en el teatro, en el museo o una cena privada en un restaurante, es una mejor manera de construir equipo que la asistencia a un juego de béisbol. O podría convertirse en el padre que para celebrar la fiesta de cumpleaños de su hijo de ocho años va a ver Cars 18 en lugar de al equipo de la ciudad.

Si no te centras en el largo plazo acabarás preocupándote por los ingresos en unas décadas. Si tratas el béisbol como si fuera una inversión, tú interés es solo maximizar los beneficios en el corto plazo. Un aumento del 4.6% en los ingresos a expensas de una disminución del 5% en la asistencia es un buen negocio.

El comisionado Rob Manfred tiene que andar con pies de plomo. Es empleado de los propietarios y por lo tanto responsable ante ellos. Quiere que sus jefes se beneficien lo más posible de su inversión. Pero los intereses de algunos de ellos, que han estado invirtiendo en el negocio durante décadas, pueden estar reñidos con aquellos que miran al corto plazo. Algunos pueden ver el bajón de asistencia con alarma. Otros pueden verlo como el derivado de un modelo comercial más eficiente. Puede ser difícil lograr que el último grupo adopte el pensamiento de los primeros.

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9/11
Brillante traducción y brillante artículo. Todos los deportes deberán enfrentarse a los nuevos entretenimientos de las nuevas generaciones, cuál es la mejor estrategia? Ni idea.