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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Marco Gamez 

Cuando Carlos Santana firmó un contrato de tres años y $60 millones la semana pasada, la única sorpresa no fue el qué, sino el quién. El espectro del potencial contrato de nueve cifras de Eric Hosmer se cernía sobre el mercado de los primera base desde el comienzo de la temporada baja, y Santana se consideraba la alternativa práctica y segura: el arquetípico jugador de tres victorias, consistente y valioso. El consenso de la industria beisbolera era que sería un riesgo mínimo, y cuando los reconstruyendo y equipados-con-Rhys Hoskins Phillies tomaron la decisión, solo pareció subrayar el predecible valor de Santana.

La previsibilidad es una virtud infravalorada en el mercado actual. Debido a que los jugadores han empezado a alcanzar su pico de rendimiento más temprano y los equipos administran el tiempo de servicio y las extensiones de contrato para permitirles la agencia libre lo más tarde posible, la agencia libre es una práctica aún más arriesgada de lo que era antes. Santana no solo es un modelo de salud y notablemente inmune a los bajones ofensivos, sino que sus habilidades también parecen aumentar sus probabilidades de rendimiento. Como Jeff Zimmerman señaló hace unos años en FanGraphs, la curva de envejecimiento ha golpeado a los jugadores con más fuerza en la última década, la disciplina al plato siendo la única faceta ofensiva en que los jugadores envejecen con gracia.

Parece que eso es cierto. Miras a un jugador como Carlos Santana, que ha sido Carlos Santana durante casi una década, y es difícil imaginar que puedas esperar algo diferente. Pero hay otro resultado, al menos la posibilidad de otro. La historia comienza con un hombre llamado Alvin Davis.

Davis está casi olvidado ahora, al menos en 49 estados, pero en Seattle los que lo recuerdan todavía se refieren a él como Sr. Mariner. Para esta moribunda y tacaña franquicia, dispuesta a cambiar a cualquier pelotero antes de que pueda pedir un aumento de sueldo, Davis circunnavegó esto al golpear 27 jonrones, registrar 5.6 WARP y ganando el premio del Novato del Año. Nunca más repitió esos topes de su carrera, pero su Promedio Verdadero durante los años 80 fue consistentemente Santan-iano: .319, .294, .281, .295, .307, .329, .301. Cuando cumplió 30 años y en la última temporada de su contrato, el sueldo de Davis finalmente en el horizonte, entonces el Sr. Mariner produjo .221/.299/.335. Los Mariners no le ofrecieron un contrato; fichó con los Angels, cojeando por 40 partidos, y retirándose del béisbol antes de cumplir 31 años.

Puede que no sorprenda al lector saber que antes de que Davis cayese a tierra, su retiro fue presagiado por un tal Bill James. En su Anuario de 1987, James introdujo una idea a la que llamó “Habilidades de Jugadores Viejos”, con la hipótesis de que algunos habilidades– como defender, correr y sencillos veloces–están asociadas con los jóvenes y viriles peloteros, mientras que otras–como la disciplina al plato y el poder–tienden a desarrollarse más tarde en las carreras de los jugadores. Los bateadores como Davis, que a menudo llegan a las grandes ligas como productos terminados, están más avanzados en su curva de envejecimiento de lo que parecen.

Veinte años después, Nate Silver reconsideró la teoría de James a la luz de mejores métricas integrales, esta vez concentrándose en un jugador cuya temporada de 1991 fue tan decepcionante como la de Davis: Kevin Maas. Silver armó un grupo de jugadores que tenían las habilidades de jugadores viejos, estableciendo los siguientes parámetros:

  • BB% en el cuartil superior
  • Puntuación de velocidad en el cuartil más bajo
  • ISO por encima de la mediana
  • Promedio de bateo por debajo de la mediana

Silver juntó una lista de 27 candidatos de posguerra, con nombres que van desde Al Kaline hasta Dick Kokos. Llegó a la conclusión de que este grupo de jugadores envejeció más rápido que el bateador promedio, pero también lo hicieron los jugadores con habilidades predominantemente de jugadores jóvenes; El equilibrio, al parecer, era la clave para encanecer con estilo.

Mientras que los Phillies le paguen a Santana entre sus 32 y 34 años, aceptarán la curva de envejecimiento, y a la ratio al que están pagando, incluso si esta es acelerada. La preocupación no es solo que su rendimiento disminuirá, sino que tendrá el mismo destino que Davis y Maas, y las alas se le derretirán. Tomé los estándares de Silver y los actualicé hasta la temporada 2017, viendo si las Habilidades de Jugadores Viejos han mejorado o empeorado en la era moderna (de1988 en adelante):

No es la lista con los nombres más alentadores. Están los poderosos primeras bases, liderados por su ideal platónico, Mark McGwire, y más recientemente representados por Ike Davis. Tienes un par de receptores, un par de extrañamente excelentes terceras bases y algunos residuos. Por favor ignore a Chris Iannetta, cuya carrera es inútil para todos los propósitos analíticos, y concéntrese en dónde se detienen los números: solo la mitad de los 12 jugadores elegibles sobrevivieron hasta el final de un contrato como el de Santana, y solo tres mantuvieron su valor (nuevamente, simplemente descarte a Iannetta, en serio). Nick Swisher es quizás la historia más familiar de esta lista: hace cinco años, fichó lo que se consideraba en ese momento un contrato modesto e inteligente por parte de un equipo en alza. Proporcionó un buen año y terminó siendo regalado en la fecha límite de intercambios.

(Un hecho curioso: un nombre que casi fue incluido en la lista fue Giancarlo Stanton, quien fue demasiado rápido a los 25 años como para calificar, pero cuyos pies se emplomaron desde entonces. Mientras tanto, nombres que uno podría haber esperado están ausentes: Adam Dunn, por ejemplo, un anciano popular, era notablemente vigoroso para su tamaño a mitad de sus 20 años. Casi todos los jugadores tienen al menos un poco de capacidad atlética que ofrecer).

Analíticamente hablando, no hay nada que indique que el final esté cerca para Santana. Su índice de swing está constantemente entre 36 y 39 por ciento, su tasa de contacto de 86 por ciento está ligeramente por encima de su marca de carrera de 85. Cualquier otra cifra que pueda citar se verá más o menos igual. Si Santana está resistiendo a alguna tendencia, es que su valor defensivo en realidad ha aumentado en los últimos dos años mientras se adapta a la primera base, después de pasar años desluciéndose detrás del plato y en la esquina caliente. Se muda a la NL, y a una división particularmente agradable dentro de ella. Si usted tuviera que apostar por que un jugador acertara sus proyecciones PECOTA del percentil 50, Santana sería su hombre. Creo que es un contrato justo y bueno, y si cualquier equipo tuviera la posibilidad de darle 130 partidos en primera base, le habría encantado contratarlo.

Pero no es la garantía que muchos han anunciado como tal. No hay garantías en el béisbol, especialmente para aquellos nacidos durante la Guerra Fría. Habrá un día en que Carlos Santana verá un buen lanzamiento, y todas las neuronas habituales se dispararán y los mecanismos realizarán sus tareas, pero el swing llegará una fracción de segundo tarde. Para otros jugadores con otras habilidades, sólo bastaría un ajuste. Para Santana, probablemente no habrá un segundo acto. Este es quien es, hasta que ya no lo sea.

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