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Traducción por Martín Alonso

Previamente en esta serie:
Confesiones de un falso manager: El inicio
Confesiones de un falso manager: Abril

En un esfuerzo para volverme el mejor SaberManager ™, estoy tomando mando de los Cubs del 2005, liderándolos en una temporada simulada en OOTP. Haré todas las cosas que he dicho que los managers deberían hacer, mientras que estudio cómo funcionan estas estrategias de manera aislada y dentro del contexto de un equipo de béisbol jugando una temporada. Para mayor detalle y una explicación sobre por qué y cómo decidí hacer esto – y con los Cubs del 2005 – haga clic aquí.

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Partido 25 (1 de mayo) – en Houston; Victoria 4-3 (12); Record: 14-11

Y de repente las cosas van muy bien. Los Cubs fueron a Minute Maid Field en Houston y barrieron los tres partidos de la serie, para tomar el segundo puesto de la NL Central. Y creo que ya le entendí cómo funciona esto. Los lanzadores emparejados son más estables, aunque ahora me doy cuenta que lo que comenzó como un plan de tener a Kerry Wood, Mark Prior, Rich Hill, Ricky Nolasco, Sergio Mitre, y Glendon Rusch como una masa amorfa que a veces eran lanzadores emparejados, a veces relevistas de múltiples entradas, se ha transformado en Wood y Hill formando una dupla, Prior y Nolasco formando una segunda dupla, y Rusch y Mitre volviéndose relevistas tradicionales.

Significa que mi bullpen ahora contiene seis jugadores, con dos relevistas capaces de lanzar varias entradas. Y hasta el día de hoy, eso se mantenía estable. Entonces, Wood se lesionó (¡qué sorpresa!) mientras ponchaba al primer jugador del partido. A veces, los lanzadores se lesionan en la vida real, y ya que Hill iba a lanzar de todas formas, meterlo al partido no era gran cosa. Hill trabajo 3 2/3 entradas y fue relevado por Mitre, quien también lanzo 3 2/3 entradas. Cuando Mike Remlinger sacó el último out de la octava, le di la bola a Michael Wuertz, para darle un descanso a Ryan Dempster, quien había lanzado 1 2/3 entradas el día anterior.

Wuertz tenía una ventaja de dos carreras con la cual trabajar, y probablemente haya una subrutina dentro de OOTP que le dificulte el trabajo a un no-cerrador se encuentra en una situación para salvar el partido. Hay una subrutina en la vida real que hace esto. Los Astros empataron el partido en la novena. Con un bullpen cansado, tuve que enviar a Wuertz para lanzar la décima, seguido de una entrada de relieve por un cansado LaTroy Hawkins. Cuando los Cubs tomar la ventaja con una carrera impulsada por un doble de Neifi Pérez (¡sorpres!), le tocaba a Rusch ser el héroe y salvar el partido. Rusch lo logró.

Después del partido, me llegaron malas, pero no terribles, noticias. Wood se lesionó la espalda que lo obligaría a descansar una semana. Mi gerente decidió no enviarlo a la lista de lesionados, lo que me dejó mi alineación un poco corta. No había pensado sobre estas eventualidades. En mi cabeza, volví a Hill una lanzador inicial y lo empareje con Mitre, pero eso me dejaba con un bullpen de cinco personas, lo que se volvió un problema cuando…

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Partido 27 (4 de mayo) – en Milwaukee; Victoria 6-3 (14); Record: 15-12

Este era otro día de lanzadores emparejados, y a pesar de que Prior lanzó cuatro entradas usando 50 lanzamientos, Nolasco necesitó 23 lanzamientos para trabajar la quinta y sexta entrada. Normalmente, habría permitido a Nolasco lanzar una o dos entradas adicionales para salvaguardar el bullpen, pero su posición de bateo llegó en la alta de la séptima, con los Cubs abajo por uno, con un out, y corredores en segunda y tercera. Un fly de sacrificio empata el partido. Un hit nos da la ventaja.

¿Podía contar con que Nolasco ponga la bola en juego? Decidí que no, no podía. Jason Dubois tomó su turno al bate y bateó un fly de sacrificio. Obtuve lo que necesitaba pero el partido estuvo empatado hasta la 14º entrada. Hawkins lanzó dos entradas, Dempster 2 2/3, y Rusch 3 1/3, incluyendo los tres últimos outs (otra vez) que normalmente le hubieron dado un partido salvado si no fuese porque iba a ser el lanzador victorioso. Los partidos que hacen trabajar a los bullpens no son divertidos.

El día siguiente (de nuevo contra los Brewers), el nuevo cátcher de reemplazo, Gary Bennett, lanzó. Lanzó la novena y ponchó a Russell Branyan. Siempre me he sentido apegado a jugadores llamados Russell, pero caramba, a Russell Branyan lo poncha cualquiera.

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Partido 34 (11 de mayo) – vs Mets; Victoria 9-7 (11); Record: 18-16

Querido Diario,

Nunca pensé que algo así me sucedería, pero sucedió. Te juro que es verdad. Tuvimos una serie difícil el fin de semana, perdimos dos de tres partidos contra los Phillies, quienes se dedicaron a batear home runs. El lunes, nuestro partido contra los Mets fue cancelado por lluvia, así que jugamos dos partidos el martes. En el primer partido nos fue bien, con Hill/Mitre combinando para lanzar siete entradas (aunque, honestamente, fue porque los empuje un poco. Hill hizo 61 lanzamientos, a pesar de mi límite de 50. Necesitaba hacerlo.) Wuertz y Hawkins lanzaron la octava y novena en una victoria de 8-2, pero ambos necesitaron más de 25 lanzamientos para lograrlo.

En el segundo partido, cuando Carlos Zambrano (enfrentándose al lanzador de los Mets, Victor Zambrano) duró sólo cinco entradas, afortunadamente contaba con Rusch. Lanzó tres entradas en blanco, y cuando comenzaba la novena con nosotros liderando 4-3, y con Dempster preparado en el bullpen, tenía la sensación de que íbamos a barrerlos. Pero Dempster permitió que los Mets empaten el partido y no pudimos anotar en la baja de la novena. Tuve que volver a enviarlo en la décima porque todos estaban cansados. Los Mets anotaron otra carrera y ganaron 5-4.

Al día siguiente, antes del partido, revisé mi bullpen y me tope con la sorpresa que sólo Mike Remlinger estaba disponible. Esto iba a ser interesante. Pero Prior y Nolasco combinaron para lanzar 7 2/3 entradas (aunque otra vez fue porque los obligué a lanzar 62 y 59 lanzamientos, respectivamente). En la alta de la octava, con un corredor en primera, dos outs, y una ventaja de 5-3, y el zurdo Cliff Floyd al bate para los Mets, Remlinger resultó ser el antídoto perfecto. Floyd golpeó la bola hacia mi segunda base, y los Cubs empezaron la novena victoriosos. El problema es que Remlinger iba a tener que ser mi especialista zurdo y mi cerrador en el mismo partido.

En la novena, parecía que iba a evitar la muerta. Mike Cameron bateó por out, y después de que Mike Piazza fuera golpeado por un lanzamiento, Victor Díaz bateó por el segundo out, enviando a Piazza a segunda. Aunque incomodado por el evento, así es la vida en la gran ciudad. Pero de ahí Miguel Cairo caminó y Brian Daubach bateó un doblete, anotando a Piazza para poner el marcador en 5-4, y Jose Reyes bateó un sencillo, empujando dos carreras adicionales. Después de que Carlos Beltrán bateara un doble, lo que parecía una victoria era ahora un déficit de 7-5.

En la baja de la novena contra el cerrador de los Mets, Braden Looper, que el juego me informó lideraba la Liga Nacional en partidos salvados con 12 (¡¿?!), Calvin Murray inicio la entrada con un pop up que Reyes falló. Dos lanzamientos después, Neifi Pérez…Neifi. Pérez. (Juro que no es un error tipográfico) bateó un home run para empatar el partido 7-7. Los fans en el Wrigley Field digital enloquecieron. Yo también. Lo gracioso es que no era el home run más improbable del partido.

Pero antes de que terminemos, tuve un problema logístico. Caminé hacia Kerry Wood, quien más temprano, el equipo médico le dio la luz verde para que volviese a lanzar. En mi mente pensé que volvería a introducirlo en su lugar de la rotación, el cuál sería en un par de días.

“Hijo, vas a lanzar.”

“¿Entrenador?”

“¿Ves a alguien más ahí afuera?”

“No.”

“Mueve la pierna.”

“¿Entrenador?”

“Olvídalo, estoy confundiendo mis sueños.”

Wood entró al partido, y en mi cabeza, comencé a preocuparme sobre lo que sucedería si Wood se quedaba sin combustible. Los dos equipos intercambiaron ceros en la 10ª y Wood sentó a los Mets en orden en la alta de la 11ª. En la baja de la 11ª, Todd Walker y Derrek Lee abrieron la entrada con sencillos. Solo necesitaba que Walker anotara y el partido se acabaría. Me emocioné. Al menos hasta que Jeromy Burnitz bateará un doble play de 4-6-3. Mi mejor oportunidad para acabar el partido desvaneció, porque le tocaba batear a Wood. No podía reemplazarlo porque no tenía otro lanzador.

Ya existe un “Partido de Kerry Wood” – el de 1998 cuando Wood ponchó 20 jugadores en un esfuerzo de nueve entradas. Aunque en ese momento me encontraba en mi último año de secundaria en Cleveland, de alguna manera logré escuchar la última entrada, ya que una estación de radio se dio cuenta del valor histórico de lo que estaba ocurriendo y pusieron el partido. Si lo que mi Kerry Wood electrónico hizo hubiese ocurrido en la vida real, podría haberse creado una controversia sobre cuál era el verdadero “Partido de Kerry Wood.” En el segundo lanzamiento de su turno al bate, a eso de las 4:30 de la tarde, hora de Chicago, Kerry Wood envió la bola a los asientos del jardín izquierdo de Wrigley, enviando a 39,000 fanáticos a sus hogares, felices de que estaban ahí cuando ocurrió.

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Día libre (12 de mayo)

Este parecía el mejor momento para tomar nota sobre donde me encontraba. Los Cubs estaban 18-16, 2.5 partidos detrás de los Pirates en la NL Central y un partido detrás del comodín. (Porque a mediados de mayo, pensamos así.) El equipo no había sido un rotundo éxito, pero marchaba bien. Pensé notar que mis Cubs habían jugado varios partidos de entradas extra, y al revisar, noté que tenía razón. Habían jugado 10 (con un récord de 8-2). Los Cardinals habían jugado siete, los Pirates cinco (tres contra los Cubs), y los Devil Rays (¡hola, 2005!) jugaron cinco. Ningún otro equipo había jugado más de cuatro. Con razón mi bullpen estaba cansado.

¿O acaso fue mi culpa? Sentía cómo el experimento de los lanzadores emparejados consumía mis pensamientos, pero tuvo efectos que no había anticipado. Sabía que al tener seis lanzadores “iniciales”, le estaba quitando un sitio al bullpen. En los viejos días, cuando los relevistas capaces de lanzar múltiples entradas eran comunes, esto quizás hubiera estado bien, pero me encontraba llenado esos puestos con relevistas entrenados para lanzar sólo una entrada. Constantemente, me encuentro mirando a mi bullpen y notando que solo dos o tres relevistas están disponibles. Eso significa que alguien como Remlinger, quien probablemente sería mejor usarlo como un especialista zurdo de un solo out (LOOGY, en sus siglas en inglés), está lanzando entradas completas por necesidad. Simplemente no hay espacio para lanzadores especializados en lanzar a uno o dos bateadores.

Los efectos también han aparecido de formas que me han sorprendido. Por ejemplo, los Cubs han sido excelentes ponchando bateadores. (En este momento, lideran la MLB.) También tienden a dar varias bases por bolas (quintos en la liga). Los strikeouts tienden a ser neutrales en cuanto a la relación entre la cuenta de lanzamientos y la forma de conseguir outs. Son las bases por bolas las que generan problemas, no porque requieren varios lanzamientos, sino porque no generan outs. Hay una opción en OOTP que me permite pedirle al lanzador que “lance a contacto” durante un turno al bate. (Hay un botón similar en la vida real.) Cuando corres un sistema que requiere que seas muy consciente sobre la cuenta de lanzamientos, presionar ese botón es tentador.

El problema nuevamente es que los Cubs no tienen una defensa espectacular. En mi mente, parece que cada vez que presiono el botón “lanzar a contacto”, el resultado es un hit. En realidad, eso no es cierto, pero el hecho de que se sienta así es un problema. Necesito un botón que diga “no lo camines pero siéntete libre de poncharlo.” Lamentablemente, el béisbol no tiene cheat-codes para eso.

En el 2005, la MLB tenía un promedio de contactos para hit de .324, y un OBP de .330. En general, la probabilidad de que cualquiera de estas estrategias funcione es casi igual. Con una mejor defensa, me sentiría más cómodo presionando el botón de “lanzar a contacto”, porque sería una mejor forma de obtener outs y quizás eliminar un par de lanzamientos del odómetro. El problema es que si lanzas a contacto y el bateador batea un sencillo, es lo mismo que haber dado una base por bola. Nunca había considerado que si hubiese tenido una mejor defensa, habría afectado mis decisiones, lo que habría afecta mi cuenta de lanzamientos, lo que habría cambiado mi estrategia de uso del bullpen. Nunca se me habría ocurrido que esas cosas estaban relacionadas.

En otras noticias, hoy tuve una conversación con mi ahora ex primer bateador, Nomar Garciaparra. (Ahora sería Walker.) Al principio del año, no me decidía si tener a Garciaparra o a Pérez como mi campocorto inicial, eventualmente escogiendo a Garciaparra por su buen OBP (en el verdadero 2004, este era .365), pero dudoso guante sobre el sólido guante pero anémico bate de Pérez. Resulta que con la lesión de Aramis Ramírez, los dos están jugando, y resulta que Pérez ha sido terrible (un OBP de .287) pero Garciaparra ha sido peor (.262). Quizás debí haber hecho esto antes, pero me di cuenta que me estaba resistiendo a la idea de que Garciaparra era realmente malo. ¡Muestra pequeña! En retrospectiva, parece obvio, pero las respuestas son más fáciles de inferir si las has leído. Me pregunto cuántos partidos se habrán ganado o perdido debido a que el manager toma una mala decisión sin saber si un jugador está pasando por una racha o una mejora/caída legítima.

Hay otra cosa que me he dado cuenta sobre mi pequeño experimento como manager: correr da miedo. Sorprendentemente, OOTP rara vez me pregunta si quiero tomar una base “extra” (¿primera a tercera en un sencillo?), y las pocas veces que lo ha hecho, me acobardé. (Para ser honestos, eran situaciones donde probablemente no tenía sentido…o al menos eso dicen mis mecanismos de defensa cuando aparecen.) Previamente he atacado a los entrenadores de tercera base por ser muy conservadores cuando se trata de enviar al corredor, y he jugado otros simuladores donde muy a menudo tenía que tomar esa decisión. Pero se está reflejando en mi tendencia de bases robadas. Hasta ahora, mis Cubs sólo han robado cinco bases en lo que va del año, empatados para la tercera menor cantidad en la MLB. Algo de eso tiene que ver con mi personal de jugadores. Los verdaderos Cubs del 2005 quedaron 23º en esa categoría. Pero incluso cuando tengo un corredor con velocidad decente en primera y estoy en una situación donde robar sería lo ideal, me encuentro dudando.

Generalmente, es aceptado que para poder enviar al corredor, un manager tiene que creer que su corredor tiene una probabilidad de 70 por ciento de lograrlo, y el ratio de eficiencia de bases robadas normalmente se encuentra alrededor del 70 por ciento. Pero hay algo más: La mayoría de los intentos de robar base son hechos por jugadores realmente rápidos. Una muestra que obviamente favorece a corredores veloces genera ese punto de quiebre. Significa que cuando tengo un corredor lento embasado, las probabilidades de que llegue a segunda son menores al punto de quiebre, e inclusive cuando tengo a un correcaminos en primera, sus probabilidades pueden ser muy cercanas al punto de quiebre. Incluso si las probabilidades están a mi favor, la atemorizante idea de tener que apretar el botón en lugar de dejar que todo se mantenga en su estado actual evita que envíe al corredor. En mi mente, se que ese factor no debería afectar mis decisiones, pero lo hacen.

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Partido 41 (21 de mayo) – vs. White Sox; Derrota 1-3; Récord: 23-18

Odio a A.J. Pierzynski. Después del día libre, los Cubs tuvieron una buena racha. Ganaron dos de tres contra los Expos Nationals, y luego viajaron a PNC Park y barrieron la mini-serie de dos partidos contra los Pirates, victorias que les trajeron a medio partido de tomar el primer puesto. Después de una serie de partidos de visita exitosos, era hora de volver a los Amigables Confines para darle la bienvenida a los White Sox para una divertida serie intraliga e intraciudad. Los Cubs tomaron una ventaja de 8-0 en el primer partido y tuvieron que luchar para que el marcador final se quede en 8-6, ya que el nuevo relevista Jaret Wright (¡adiós, Sergio Mitre!) decidió que sería bonito que los White Sox mejoraran sus estadísticas de bateo.

En este partido, Carlos Zambrano se encontraba lanzando. Big Z había lanzado siete entradas, permitiendo sólo dos hits, y aun tenía fuerza en la octava, haciendo parecer que sólo bastaría la única carrera que anotaron los Cubs. No parecía gran cosa cuando Aaron Rowand alcanzó primera base para empezar la entrada. Pero cuando A.J. envío la pelota a los asientes del jardín central-izquierdo, mi corazón se desplomó. De repente, una ventaja 1-0 se convirtió en un déficit 2-1 y quizás haya gritado un término Edipal cuando sucedió. Los Pirates también ganaron su partido, así que, incluso si ganaba, no habría estado en primer puesto, pero mis emociones comenzaron a hacer olas, si es que había alguna.

Siento que he alcanzado un punto donde ahora logro dominar las tácticas. He tenido un par de días libres por lo que mi bullpen no se encuentra tan cansado. Sentía que ya había agarrado el truco. Y entonces, A.J. llegó. Soy un mar de emociones y a la vez sé que aún quedan 120 partidos por jugar. Los playoffs no se juegan el 21 de mayo, pero hubiera sido bonito decir: “estoy en primer lugar.”

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Partido 47 (27 de mayo) – vs. Rockies; Derrota 3-4; Récord: 26-21

Este partido no fue muy resaltante, salvo por el hecho de que perdimos en la alta de la novena cuando los Rockies lograron anotar una carrera contra Rusch. Se ha vuelto el arma secreta que no sabía que necesitaría. Se ha vuelto un relevista para situaciones de alto estrés, capaz de lanzar múltiples entradas. El rol original que tenía en mente para él era que lanzará varias entradas en situaciones de bajo estrés, normalmente cuando me encontraba perdiendo. Su trabajo iba a ser acumular entradas (junto con el ahora exiliado Mitre) para que los “verdaderos” relevistas (Dempster, Wuertz, Remlinger, y Hawkins) puedan lanzar en situaciones de mayor importancia.

La realidad es que Rusch es probablemente mi mejor relevista. Ha lanzado 37 entradas en 17 partidos hasta ahora, con un ERA de 1.70. Incluso su error en este partido (sí, debí haber introducido a Dempster en la novena en lugar de tener a Rusch lanzando una tercera entrada, pero no me siento tan mal por haber cometido ese error, aunque probablemente le haya gritado a otro manager por tomar la misma decisión), no le quita mérito a todo lo que ha hecho por los Cubs esta temporada. De una extraña manera, su trabajo me da un respiro.

Parte de la idea de tener una rotación que consista de Zambra-Pareja-Maddux-Pareja era que no iba a necesitar un quinto lanzador inicial, y que Zambrano y Maddux podrían lanzar cada quinto día. Dada la eficacia de Rusch, quizás debería regresar a una rotación de Zambrano-Maddux-Wood-Prior-Rusch (y un bullpen de siete jugadores, con Nolasco y Hill capaces de lanzar múltiples entradas). ¿Pero sería Rusch igual de efectivo lanzando seis entradas en lugar de tres? ¿Ha sido su desempeño el resultado de un espejismo de bajo muestreo? Parte del problema cuando un relevista es capaz de lanzar tres buenas entradas es que es fácil de fantasear sobre cómo se vería lanzando seis buenas entradas, y empujarlo a hacer eso a pesar de que no sea capaz.

Sin embargo, he dejado de usar una de mis SaberEstrategias™, ya que mi lanzador ya no bateará octavo. La idea de que el lanzador batee octavo es que usualmente es el peor bateador del equipo, y ya que las alineaciones son más efectivas cuando tienes varios bateadores buenos agrupados, no es buena idea tener a tu peor bateador agrupado con tus mejores bateadores al principio de la alineación. La matemática muestra que tener a un no-lanzador batear en el noveno puesto es mejor para anotar carreras pero el efecto es muy pequeño.

He escrito anteriormente que el problema en la NL, batear al lanzador octavo también obliga al manager a tomar esa decisión más a menudo cuando el turno del lanzador surge en una situación clave en la sexta entrada, pero el lanzador aún puede lanzar un par de entradas más. El manager debe escoger entre un bateador de turno y sacar a un lanzador efectivo, además de encargar una entrada adicional a su bullpen o darle un turno al bate clave a un bateador con un OPS de .123. No hay una respuesta correcta a esa pregunta. Pierdes valor de cualquier forma, y el valor que pierdes más o menos se cancela con el valor que ganas ofensivamente.

Pero lo que me mata es que si decido reemplazar al lanzador, sé que necesitaré encargarle una entrada adicional al bullpen, y me doy cuenta que esas palabras pueden causarles jaqueca a varios managers. Tu bullpen tendrá que lanzar tres entradas en lugar de dos. Quizás esa noche tenga a los jugadores que me inspiren mayor confianza, pero usar a alguien hoy significa que quizás mañana no pueda lanzar y, eventualmente, te encontrarás mirando a tu equipo y diciendo: “Si hago eso, quizás mañana solo tenga a uno o dos lanzadores.” Estoy acostumbrado a evaluar decisiones estratégicas basándome en el impacto que tendrán hoy. Rara vez pienso sobre el impacto que tendrán mañana.