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Traducción por Martín Alonso

Odio a Freud. Probablemente diga eso porque amo demasiado a Freud. Mi columna en BP se llama Terapia de Béisbol porque soy, de profesión, un psicólogo clínico. No me entrené en el método freudiano (y ya no trato con pacientes), pero es difícil eludir a Freud dentro del mundo de la psicología. Inclusive, es difícil eludirlo fuera del mundo de la psicología.

En algún sentido, Freud es una amenaza a mi yo lógico. CBT –Terapia Cognitivo-Conductuales, por sus siglas en inglés, el tipo de terapia en la que me entrené – tiene como idea principal que las personas pueden ser tratadas si examinan el patrón de pensamientos que lleva a sus síntomas, entienden que esos pensamientos son ilógicos, los corrigen, y practican ese ejercicio una y otra vez hasta que se vuelva rutinario. ¡Qué maravilloso modelo racional sobre el comportamiento humano! Freud, en cambio…Freud es desordenado. Freud asume que nuestro comportamiento es una manifestación de dos fuerzas invisibles luchando entre sí, el híper-racional superego y el id impulsivo. Quizás esté un poco enamorado de mi propio superego. Da miedo pensar que el id pueda ejercer tanto poder, incluso en mi propia vida. Sería contrario a mi fachada de fanático híper-racional del béisbol.

Aunque nunca me sostuve al modelo de terapia de Freud, hay un poco de verdad en todas las cosas. Dentro de la obra de Freud, una de esas verdades para mí era la idea de transferencia, y aun más importante, la contratransferencia. Dentro del método freudiano, los síntomas de una enfermedad mental provienen de conflictos internos no resueltos, conflictos con los que la persona no quiere lidiar. De aquí viene la idea de los pensamientos reprimidos (y el acto fallido, cuando uno dice algo queriendo decir otra cosa. Según Freud, es uno de esos pensamientos escapándonos por un momento.)

Freud creía que uno de los pasos dentro del proceso de terapia debía permitir al paciente transferir sus emociones o conflictos que él tenía con una persona a Freud mismo en el rol de terapeuta. Esto permitía al paciente resolver sus conflictos en un ambiente seguro. Pudo inclusive haber casos donde esto es exactamente lo que Herr Doctor prescribió. Pero de ahí Freud, al auto examinarse, se percató de algo. Mientras que sus pacientes transferían sus relaciones problemáticas a él, se encontró tomando el manto de antagonista más seriedad de la que debía.

En vez de proveer un ambiente neutral y libre de juicio para que la persona trabaje sus preocupaciones – la caricatura del terapeuta que simplemente asienta con la cabeza y dice “dígame más” mientras que el paciente responde abiertamente viene de este método freudiano del terapeuta como un jugador neutral dentro del juego – Freud se volvía la figura paterna con quien la persona trataba de resolver sus conflictos. Esta es la esencia de la contratransferencia. Lo que es raro es que, a pesar que mi entrenamiento no involucra el método freudiano, hablamos de contratransferencia todo el tiempo. Era un llamado a que sea consciente de mis reacciones emocionales dentro de la sesión de terapia. Mientras que el objetivo de CBT es lograr que el paciente piense de manera racional, también soy humano y propenso a sufrir momentos irracionales, inclusive si soy yo el que está sentado en la silla de “teralista”.

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Probablemente no sea coincidencia que haya iniciado mi carrera como sabermetrista mientras hacía mis estudios doctorales y aprendía sobre CBT. CBT es una forma muy racional de estudiar la condición humana. Si tan solo pudiese enseñarle a todas las personas a ser más racionales en cuanto a sus pensamientos sobre la vida (y, en mi tiempo libre, el béisbol), entonces podría solucionar todos los problemas del mundo (y el juego). Quizás podría invitar a Ned Yost a echarse en mi sofá y hablar con él sobre las emociones negativas que le hicieron pedir un toque tantas veces. Creo que mi afición por la CBT y la sabermetría tienen la misma raíz.

Pero quizás sea momento de hacer caso a la obra de Freud. Es común que alumnos estudiando el método freudiano se sometan al autoanálisis freudiano. Es decir, se vuelven pacientes. Dentro del marco freudiano, probablemente sea lo mejor que desentierren cualquier pensamiento reprimido que hayan tenido antes de que se vuelvan terapeutas y sean responsables por el bienestar de sus pacientes. Es más, podría hacerlos más empáticos con sus pacientes. Un poco de empatía nunca hizo daño a nadie. Quizás Ned Yost debería analizarme a mí.

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Cuando se trata de béisbol, mi arma es el teclado. Escribo bastantes palabras sobre lo que un manager debería hacer, a pesar de que después de publicar algo, vuelvo a cortar el césped en lugar de culminar cualquier plan descabellado que se me haya ocurrido. No tengo que lidiar con ello en la vida real. No tengo que vivir con los problemas que crean. Nunca tendré que ensuciarme las manos y vivir con eso. Así que decidí convertirme en un manager de grandes ligas. Por decirlo así. No estaré caminando por las bancas de tu estadio favorito en algún momento cercano. Haré la versión de computadora. Es lo mismo, ¿verdad?

Está bien. Jugar Out of the Park Baseball no es lo mismo que manejar un equipo de béisbol. No tengo que sobrevivir noche tras noche concentrándome en un partido que dura más de tres horas. No tengo que hacer nada de las cosas interpersonales. No tengo que ver a nadie a la cara y decirle que está siendo enviado a las ligas menores. Mi habilidad para proveer a mi familia no depende de las decisiones que tome. Ni siquiera tengo que levantarme de mi cómodo sillón. Pero quería intentar este experimento para crecer como persona.

Quería hacer todas las cosas que yo (y otros) le hemos dicho a los managers que deberían estar haciendo, y quería prestarle atención a todas que tan viables son estas estrategias dentro del contexto de un equipo de béisbol jugando una temporada de béisbol. Y quería prestarle atención a mis propias reacciones mientras que oprimía ciertos botones (literalmente). Quería prestarle atención a mi propia contratransferencia. Así que escogí un equipo y decidí no sólo convertirme en su manager sino en un SaberManager™.

El Equipo

No quería un equipo ya listo para este ejercicio, uno en que todas las piezas estén ya encajadas. Pensé sobre usar la opción de draft de fantasía para construir mi equipo ideal para este propósito, pero opte en contra. Tampoco quería liderar un equipo que haya ganado la Serie Mundial porque, ¿dónde está la diversión en eso? Estaba buscando un equipo que haya terminado alrededor de .500. Como una medida de autocontrol, quería que alguien más escogiera mi equipo, para que mi subconsciente no se entrometa en mi elección.

Conversé con algunos de mis amigos en BP. Es extraño porque si le pides a alguien que escoja su temporada favorita de su equipo, usualmente escogerán una temporada en la que fueron a los playoffs. Nadie recuerda a los equipos promedio. Finalmente, Jeff Long sugirió que escoja un año significativo para mí y de ahí escoja un equipo que haya terminado .500 esa temporada. Lo primero que se me ocurrió fue que me casé en el 2005 (me pregunto qué dirá eso de mi), así que revisé la tabla de posiciones del 2005. Los equipos que terminaron alrededor de .500 fueron los Blue Jays (80-82), Twins (83-79), Rangers (79-83), Marlins (83-79), Mets (83-79), Brewers (81-81), Cubs (79-83), y los campeones de la NL Oeste, los Padres (82-80). En el 2005, vivía en Chicago, y mi esposa y yo nos acabábamos de mudar a un departamento en Lakeview. ¡Así que serán los Cubs!

Los Cubs del 2004 ganaron 89 partidos, aunque no llegaron a los playoffs, ya que jugaban en la misma división que los Cardinals que terminaron 105-57 y los Astros que terminaron 92-70. El año anterior, en el 200…200…por alguna razón no puedo escribir el número 3 después de eso. Quizás haya un recuerdo que esté suprimiendo. El equipo del 2005 tenía altas expectativas, aunque nunca se alcanzaron. Quizás necesitaban a alguien un poco más orientado a la sabermetría que Dusty Baker.

La fase inicial: Lanzadores

OOTP te permite jugar en “modo de manager”, lo que significa que la composición de mi equipo está fuera de mi control. No funciona de esa manera en la MLB (el manager y el gerente general colaboran sobre estos temas), pero a veces el manager pierde esa discusión. Mi primera lección como manager iba a ser aprender a lidiar con ello. Iba a tener que trabajar con el equipo que mi GM computarizado me entregase.

No era un pésimo equipo. Carlos Zambrano era mi lanzador principal, y mientras que Big Z haya necesitado terapia de ira ocasionalmente, había terminado quinto en la votación del premio Cy Young en el 2004. Además, de ser necesitado, era un bateador de switch con un poco de poder. Greg Maddux, entonces con 39 años, había regresado a los Cubs el año anterior, retrasando su prometedora carrera como un ingeniero de sonido. Y luego vi a Mark Prior y Kerry Wood sentados en el bullpen.

Podemos saltarnos la historia de Prior y Wood y como se volvieron palabras codificadas sobre el sobreuso agresivo de lanzadores (planeo limitar a Big Z y Mad Dog a 110 lanzamientos por partido, cada uno), pero tenía algo más planeado para ellos. En realidad, mi alineación principal se iba a ver extraña. En una alineación de lanzadores tradicional, hay cinco lanzadores que se turnan intentar lanzar seis o siete entradas cada noche. El problema es que casi nunca hay suficientes lanzadores buenos.

En su lugar, voy a tener dos lanzadores tradicionales, Zambrano y Maddux. Wood y Prior empezarán partidos, pero estarán limitados a 50 lanzamientos cada uno, donde serán relevados por uno de cuatro jugadores, que también harán 50 lanzamientos. En el caso de los Cubs del 2005, esos serán Sergio Mitre, Ricky Nolasco, Rich Hill, y Glendon Rusch. Con dos zurdos y dos diestros, puedo intercalarlos de acuerdo a la alineación de mi oponente.

La “rotación” se verá algo así:

Día 1: Zambrano

Día 2: Prior/Nolasco

Día 3: Maddux

Día 4: Wood/Hill

Día 5: Prior/Nolasco

Día 6: Zambrano

Día 7: Wood/Hill

Día 8: Maddux

Día 9: Prior/Nolasco

Día 10: Wood/Hill

(y así sucesivamente)

Nuestros abridores regulares tendrán su descanso normal, mientras que Prior y Wood reciben dos o tres días de descanso entre cada partido, aunque hacen 50 lanzamientos cada vez. También voy a empezar a Maddux y Zambrano alrededor de una rotación de cada cinco días en lugar de cada cinco partidos. Si hay un día de descanso, será utilizado para mover una de las parejas iniciales. Diversas investigaciones muestran (al menos en el mundo real) que los lanzadores iniciales no mejoran o empeoran su desempeño, ni sufren más lesiones, cuando lanzan con un día de descanso adicional.

Algunas notas, aprovechando que salgo de mi personaje. Estoy seguro que Wood y Prior estarían secretamente furiosos conmigo. Uno de los lujos de este ejercicio es que nunca tendré que mirarlos a la cara y explicarles el nuevo rol que desempeñarán, y que quizás nunca conseguirán una victoria ya que probablemente estarán fuera del partido al empezar la quinta entrada. Honestamente, no creo que esta sea la alineación ideal para este experimento. En el pasado, he argumentado a favor de que los lanzadores iniciales lancen menos entradas, y estoy más interesado en evaluar esta estrategia que cualquier otra cosa. Un beneficio oculto de ésta (algo que Tom Tango me señalo hace varios años) es que en la Liga Nacional, los lanzadores emparejados normalmente significan que el manager (yo) puede usar un bateador de turno en la tercera o cuarta entrada, quitándole un turno al bate a un lanzador y dándoselo a un bateador de verdad.

Volviendo a nuestra rotación de cuatro relevistas largos, empareje a propósito a Rich Hill con Kerry Wood, y a Mark Prior con Ricky Nolasco. No sé qué tan rígido seré con estos emparejamientos, pero si lo soy, deja a Glendon Rusch y a Sergio Mitre como relevistas que deberán lanzar dos o tres entradas, cada uno. Lo ideal sería que lancen entradas de bajo estrés, cuando sea posible.

Con dos lanzadores iniciales y seis jugadores que lanzarán dos o tres entradas cada uno, me quedo con cuatro relevistas que probablemente tengan un rol más tradicional al lanzar una entrada cada uno (Ryan Dempster, Michael Wuertz, LaTroy Hawkins, y Mike Remlinger.) Ya que estos son mis relevistas tácticos, priorizaré su trabajo para que caiga dentro de las situaciones que los números nos dicen son las más importantes, es decir la séptima o alguna entrada posterior donde el marcador esté empatado o los Cubs estén perdiendo por una o dos carreras. Estaré asignando situaciones para salvar partidos con una ventaja de tres carreras a relevistas con menor nivel de estrés. Prefiero guardar a los buenos relevistas para la novena entrada si esta está empatada.

Finalmente, mi 13º lanzador: mi cátcher de reemplazo Henry Blanco. Los números nos dicen que cuando un equipo está lanzando la novena entrada y está perdiendo por cuatro carreras o más, la probabilidad de ganar es menor al uno por ciento. Si, podrían haber jugadores que necesiten lanzar, pero no evitará que haga que uno de mis jugadores de posición lance una entrada.

La fase inicial: Bateadores

Por el lado defensivo, los Cubs tenían un infield decente en el 2005, aunque tenía un pequeño problema. En el 2004, adquirieron a Nomar Garciaparra, aun un campocorto, aunque próximo a convertirse en un esquinero. Garciaparra bateó .308/.365/.477 el año anterior en Fenway y Wrigley. Aunque nunca fue asombroso con su guante, ya daba señales de necesitar un cambio de posición, jugaba la posición defensiva más importante. En mi banca se encontraba Neifi Perez, un jugador que traía consigo la reputación de ser de los mejores infielders defensivos, a pesar que las métricas avanzadas decían que era bueno.

En un mundo ideal, movería a Garciaparra a que juegue una de las esquinas, pero en este equipo también se encuentran Derrek Lee y Aramis Ramirez, sin duda los dos mejores bateadores, y dueños de las posiciones esquineras del infield. En realidad, los Cubs del 2005 tenían a Garciaparra como su campocorto diario, hasta que se desgarro un músculo en la ingle. Como alguien que aprecia la defensa de los campocortos (y una ingle ilesa), debo admitir que casi le doy el visto bueno a Perez, pero Garciaparra termino ganando mi consentimiento.

Los verdaderos Cubs del 2005 no tenían la alineación más orientada a la sabermetría. Ese año, los bateadores más comunes para iniciar el partido para los Cubs fueron Jerry Hairston Jr. Corey Patterson, y Neifi Perez (¡¡!!), con Perez, Todd Walker, y Patterson siendo los bateadores más comunes en la segunda posición. Ay. Parte de eso fue causado por lesiones, pero voy a tratar de armar una alineación para los Cubs en donde los mejores bateadores vayan primero, incluso si no son tan rápidos.

Alineación contra LD

Alineación contra LI

Nomar Garciaparra, SS

Nomar Garciaparra, SS

Derrek Lee, 1B

Derrek Lee, 1B

Aramis Ramirez, 3B

Aramis Ramirez, 3B

Todd Walker, 2B

Michael Barrett, C

Michael Barrett, C

Todd Walker, 2B

Jeromy Burnitz, RF

Jeromy Burnitz, RF

Todd Hollandsworth, LF

Jason Dubois, LF

Corey Patterson, CF

Jerry Hairston Jr., CF

Lanzador, P

Lanzador, P

Garciaparra batea primero, con Lee y Ramirez siguiéndole. Barrett y Walker intercambian sus puestos para aprovechar la ventaja contra el lanzador, de ser posible. En el outfield, vemos dos pelotones. Esto me deja con una alineación de diestros (Burnitz-Hollandsworth-Patterson) con tres zurdos de corrido, aunque la ventaja obtenida al tener jugadores extras con una ventaja contra el lanzador oponente usualmente es mayor que la vulnerabilidad obtenida más adelante en el partido.

También está la pregunta si debo introducir al lanzador en el octavo puesto. La estrategia genera una ofensiva (un poco) más potente, pero también significa que el lanzador verá más turnos al bate en una situación donde el marcador aun está cerrado en la quinta o sexta entrada, y el lanzador puede lanzar una entrada adicional, pero en realidad necesitamos un bateador de verdad. O tienes que pedirle un out adicional al bullpen ese día o tienes que permitir que el lanzador tome su turno al bate. Ninguna es una buena opción.

Una de las cosas bonitas de tener lanzadores emparejados es que nos preocuparnos menos por esta situación. Igual vamos a querer introducir un bateador de turno en estas situaciones. Así que, en un día de lanzadores emparejados, el lanzador bateará en el octavo puesto. Mis disculpas a Corey Patterson y a Jerry Hairston Jr., quienes probablemente estén fastidiados por tener que batear después del lanzador.

***

Y así empezamos. No tengo idea si alguna de estas estrategias funcionará, o si me daré por vencido a mitad de la temporada, pero voy a intentar esto (y algunos otras cosas adicionales). Ven a sentarte junto a mí y mira lo que sucede. Voy a hacer anotaciones de mis logros, en tiempo real. Si valen la pena, escribiré mis experiencias sobre el juego. Algo así como notas de terapia, pero para mí. Esas notas aparecerán de forma serial en BP.

Si quieres saber que le pasará a los falsos Cubs del 2005 y su falso “manager”, tendrás que seguir leyendo, mamá.