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Image credit: © Tim Heitman-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Se acabó la temporada. Se ha coronado a un campeón y se ha realizado un desfile (demasiado apresurado). Ahora comienza nuestro triste invierno: discusiones sobre el Salón de la Fama, quejas por los premios, la posibilidad de un cierre patronal y la paralización del mercado. Más importante aún, ahora también es el momento de hacer balance de cómo ha sido el béisbol en sí, de cómo se ha transmitido y de tirar la K-zone (y sus horribles derivados) a la maldita basura. Si no sabes a qué me refiero, bueno, lo sabes porque se ha vuelto omnipresente en casi todas las transmisiones. Es ese rectángulo pequeño y flotante sobre el home que pretende representar la zona de strike oficial, pero no es ni la zona de strike oficial ni lo que el árbitro realmente toma como referencia:

En 2015 ESPN comenzó a usar la K-Zone para todos los lanzamientos, viéndolo como algo que marcaba la diferencia entre su transmisión y la de todos los demás (todavía no habían inventado lo de entrevistar a alguien durante cada turno al bate). Pudo ser único en su momento, pero ahora está presente en cada juego y se asegura de que ver un partido sea cada vez peor.

Es solo anecdótico, sin duda, pero en 2021 el número de quejas sobre la zona de strike ha alcanzado su máximo (aunque eso sí, las quejas sobre la zona de strike cuando tu equipo está lanzando permanecen idénticas). También aumenta nuestra capacidad para medir cuántos errores hubo e imaginar sus ramificaciones a través de herramientas como zonas de strike superpuestas, MLB Gameday y cuentas de Twitter que valoran el rendimiento de los árbitros en función de la precisión de sus zonas.

El problema, al menos en lo que respecta a las zonas de strike de la tele, es que las K-zones no representan ni la zona de strike definida en el libro de reglas ni la que está llamando el árbitro. Aunque muchos ven como obsceno que estas dos zonas no sean las mismas (deberían serlo), la segunda, al menos, representa el esfuerzo de un árbitro por acercarse a la primera (quizás, y como era de esperar, el aumento del feedback ha producido las zonas más consistentes desde que se tiene registro). La zona superpuesta es algo completamente diferente y poco a poco está volviendo loca a la gente.

No vamos a entrar en el debate de si una zona de strike automatizada es o no es lo mejor, en buena medida porque es algo que no existe en este momento. A pesar del intento por buscar la uniformidad y de las especificaciones del libro de reglas sabemos que la forma de la zona varía no solo de árbitro a árbitro sino de un conteo a otro Mostrar constantemente una zona superpuesta que no es ni lo que se está llamando ni lo que se supone que debe llamarse cambia la atención del espectador sobre lo que realmente está sucediendo en el juego a lo que hipotéticamente podría estar sucediendo.

Es algo contraproducente que solo sirve para alimentar una cultura del agravio con la que, francamente, estamos muy familiarizados en el resto de los aspectos de nuestra vida. Ya no se trata de que el bateador no conozca la zona, de la ejecución del lanzador, o incluso de la habilidad de mascotear del receptor que hemos aprendido a apreciar, sino que la culpa recae sobre los árbitros por cantar strikes basados en un rectángulo que no pueden ver y que tampoco se corresponde a la zona que pretenden llamar.

La tecnología tiene la costumbre de fastidiarnos el cerebro de esta manera. En el libro How Music Works, David Byrne cataloga la historia de la música grabada y cuánto afectó la primera palabra de esa frase a la segunda. Cuando Thomas Edison popularizó las grabaciones de sonido en la versión dos de su fonógrafo patentado, los efectos fueron inmediatos y generalizados. Los discos de cera de la época solo podían almacenar 3 ½ minutos de música por lado, haciendo que la música clásica existente prácticamente no se comercializara y obligando a las canciones a adaptar la duración que ahora, para nuestra generación, parece preestablecida.

También cambió la forma en que se tocaba y reproducía la música. Los instrumentos con notas graves pesadas tendían a hacer vibrar los discos a medida que las impresiones se realizaban en la cera, lo que obligaba a tocar más lejos o eliminarlos por completo. Para compensar las distorsiones en la superficie del disco (y por lo tanto en el sonido), el vibrato, una técnica que rara vez se usaba antes (e incluso que se consideraba un poco vulgar) se convirtió en estándar. Si un disco malo hace que una buena nota suene mal, una voz chillona basta para alcanzar la frecuencia suficiente para que el cerebro llene la nota correcta. Ahora, cantar sin vibrato suena mal.

A medida que el béisbol ha evolucionado la tecnología de filmación ha hecho lo mismo, y nosotros, como fanáticos, hemos sido igualmente transformados. El metraje antiguo está grabado desde los palcos de prensa, desde muy arriba. En una era de pelotas en juego (y fildeo menos consistente), tener el ángulo de la bola hacia fuera tenía más sentido. Ahora, incluso antes de la llegada de la K-zone, tenemos transmisiones en las que estamos “sentados” sobre el hombro del lanzador, entrecerrando los ojos con fuerza en el punto más importante del béisbol moderno. La K-zone, por tanto, solo sirve para subrayar una obsesión tan enfermiza como llamativa. Es como un fuego que nunca se apaga.

No quiero parecer el abuelo cebolleta, pero hay (¿o hubo?) cierta belleza en comprender la zona de strike del árbitro. En intentar averiguar que se cantaría como strike y qué no, y entendiendo por qué bateadores y lanzadores se irritaban por ciertas llamadas a medida que avanzaba un juego. La zona era un rompecabezas invisible que se iba resolviendo lanzamiento a lanzamiento. Se había establecido lo que era o no un strike en el transcurso de la salida, y el árbitro ya no se apegaba a la misma zona. La inconsistencia, más que el árbitro, era el enemigo.

Ahora todo el mundo se irrita constantemente. Mira este tercer strike de Ron Kulpa en el juego 2 de la Serie Mundial. Es la primera entrada, pero Kulpa (que generalmente tiene una zona grande e inconsistente) ya está recibiendo críticas por un lanzamiento que … sin la zona superpuesta … probablemente no causaría mucha ira entre los fanáticos:

https://twitter.com/PitchingNinja/status/1453515931922096128

Es un lanzamiento en la zona izquierda que tradicionalmente ha hecho mucho daño a los zurdos. Ahora, en cambio, los gráficos están por todos lados y hay cuentas de Twitter que (intencionalmente o no) prosperan poniendo el grito en el cielo con estas llamadas tan complicadas. El lanzamiento mostrado más arriba es el número seis en el feed de Gameday que vemos a continuación:

¿Está el borde exterior de la bola (o del icono que la representa) rozando el borde de la zona?

Si es tan justo, ¿deberíamos convertirlo en un caso federal? El lanzamiento cuatro también fue un strike cantado, y está más fuera. Es la parte alta de la primera entrada y, si bien podría ser una mala decisión en relación con la zona, si Kulpa mantiene la misma zona de strike de una forma consistente (es mucho decir), ¿hay algún problema real con la zona? Los tres strikes de este turno fueron cantados. ¿Debería Freddie Freeman haberse adaptado a los dos lanzamientos cantados como strikes, expandir su zona y tratar de combatirlo?

Las Grandes Ligas ciertamente deberían evaluar con mucho celo el desempeño de sus árbitros. Sin embargo, no tengo claro que los fanáticos deban hacerlo, especialmente porque los árbitros han mejorado y ajustado sus zonas de strike últimamente. La presencia constante de una caja que no representa la zona real ni la zona real tal como la percibe la persona que realiza la llamada solo sirve para enfadar a los fanáticos, mostrándoles algo que no existe y pidiéndoles que reaccionen ante ello como si existiera.

No ayuda a nuestra comprensión de lo que está sucediendo en un partido y, en su mayor parte, no fue diseñado para ello. Uno de los peores aspectos de asistir a un juego en vivo es el tipo borracho en la fila 18 de la tercera base que cree que sabe exactamente qué es y qué no es un strike. Ahora, gracias a la siempre benévola marcha de la tecnología, todos somos ese tipo. K-zone fue un diferenciador de transmisión que ya no diferencia, sino que solo hace que la experiencia sea más irritante y agravante. Es hora de deshacerse de ello.

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