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Image credit: © Joe Nicholson-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Los Seattle Mariners están teniendo una temporada inesperada, controvertida y ajetreada. Empezaron el año con la dimisión del Presidente Kevin Mather tras unas declaraciones racistas y provocativas, han visto el batacazo del super prospecto Jarred Kelenic y el traspaso de Kendall Graveman parecía que iba a dejar el vestuario convertido en un erial. No parecía que ese roster fuera capaz de luchar por los playoffs.

Y aún así la temporada está a punto de terminar de una manera que ni siquiera Jerry Dipoto hubiera sido capaz de predecir. Las proyecciones estiman que los Mariners van a terminar con 86 victorias, lo que podría suponer una de las mayores desviaciones en la historia de la MLB entre un récord y un diferencial de carreras. Es, mire como se mire, una de las temporadas más raras de la historia. Aunque casos como este parecen ser cada vez más frecuentes.

A pesar de todo el ruido que se ha generado en torno a Seattle, la mayoría de las métricas nos dicen que no son un equipo con un rendimiento demasiado bueno. Se ubican en el puesto 25 en el promedio de carreras promedio merecidas (Deserved Run Average en inglés) y en el 21 en DRC+, lo que significa que no sobresalen ni en el pitcheo ni en el bateo. Sus carreras anotadas y permitidas nos cuentan una historia similar: están muy por debajo del promedio en carreras anotadas, ubicándose entre los tristes Cubs y los Diamondbacks, y solo en la zona media de la liga en carreras permitidas.

Y aún así los Mariners están en estos momentos empatados con los A’s en la Oeste de la Americana y tienen una remota posibilidad de romper su lamentable racha de no apariciones en la postemporada. Su porcentaje de victorias no era tan bueno desde 2018, y tienen opciones de mejorar aquella marca. Aún nos quedan unas semanas de competición y quizás veamos un bajón, pero incluso una regresión a la media que se diera ahora no provocaría que su rendimiento vaya a ser mucho mejor de lo esperado.

Normalmente es difícil ganar muchos partidos cuando no anotas muchas carreras y permites un número elevado de las mismas. Las carreras son la divisa dominante del béisbol. Ellas definen quién gana y quién pierde, y la única forma de contradecir esta ley es distribuir tus carreras de modo que ocurran en los momentos exactos y más valiosos. Si los equipos pudieran anotar (o evitar) carreras a voluntad, probablemente intentarían hacerlo todo el tiempo y no solo cuando el partido estuviera pendiendo de un hilo.

Es por eso que miramos el diferencial de carreras, que como sucede con el FIP es una métrica que elimina la suerte, en concreto la suerte en la que los equipos distribuyen sus carreras. Seattle ha sido especialmente bueno en ganar juegos por una carrera, aquellos que llegan apretados a las últimas entradas y que son una moneda al aire. Los Mariners han ganado 30 de los 47 juegos que se han decidido por una carrera en los que han participado. Esto supone un porcentaje de victorias de .638, que es mucho mejor que sus números generales de la temporada.

Ese absurdo porcentaje de victorias por una carrera es lo suficientemente bueno como para darles una desviación histórica entre su porcentaje de victorias esperado (basado en el teorema de Pitágoras y sus carreras anotadas y permitidas) y su porcentaje de victorias reales.

Equipo Año Diferencial
Detroit Tigers 1905 .087
Cincinnati Reds 1981 .087
Texas Rangers 2016 .082
Seattle Mariners 2021 .076

De las miles y miles de temporadas que distintos equipos han firmado desde 1901, la diferencia de +.076 victorias de los Mariners entre su récord esperado y real es la cuarta más alta. También es la mayor diferencia en cinco años, desde los Rangers del 2016, pero es algo que no había sucedido en los 40 años anteriores. Existen precedentes, pero actuaciones como la de Seattle son extraordinariamente raras.

Viendo lo que importa (muy poco), los Mariners parecen tomarse con calma su rendimiento mejor de lo esperado, incluso hacen bromas sobre el diferencial de carreras. Tienen su propia métrica que es aún más importante: “diferencial de diversión” (juego de palabras entre run differential y fun differential).

Sin importar el hecho de que los Mariners consideren su éxito merecido o no, existe alguna evidencia de que las actuaciones que se desafían del diferencial de carrera se están volviendo más comunes. Al examinar la desviación promedio del porcentaje de victorias esperado por Pitágoras parece que actuaciones como las de Seattle se están haciendo cada vez más comunes en los últimos años.

En la gráfica vemos la variación (desviación estándar) de los registros esperados (basados en carreras anotadas y permitidas) y reales. Cuando este número aumenta los equipos tienden a alejarse cada vez más. Parte de esta tendencia es producto de la temporada acortada y extraña de 2020. Pero por el momento 2021 va a tener la mayor desviación estándar (.035) entre los porcentajes de victorias esperados y reales de cualquier temporada desde más o menos 1980.

Identificar un patrón y explicarlo son dos tareas diferentes y no hay una explicación obvia para esto. La entrada en la era de la Manfredball, con cambios en las reglas en las últimas entradas y las entradas adicionales, podría estar jugando algún papel, pero es difícil entender cómo el corredor fantasma en segunda está afectando al tipo de juegos que consideramos que se resuelven por puro azar.

Otra posibilidad es que el auge de los equipos que tankean (rosters verdaderamente no competitivos) esté distorsionando el diferencial de carreras, ya que el reducido grupo de rosters competitivos puede acumular márgenes descomunales contra ellos. Un ejemplo es la serie abrumadora y desigual de Blue Jays contra Orioles, en la que un puñado de juegos produjo un cambio importante en su diferencial de carreras. Junto con el aumento del pitcheo de los jugadores de posición, las carreras anotadas en las victorias por paliza pueden ser menos significativas de lo que solían ser.

Cada vez que un equipo supera su diferencial de carreras o acumula un récord increíble en juegos de una carrera, existe la posibilidad, por remota que sea, de que de alguna manera hayan descifrado el código y hayan descubierto cómo hacer que sus opciones en esos juegos ajustados sean mejores que el 50/50 que normalmente asumimos. En el caso de los Mariners no hay nada en particular que explique esto, pero insisto en que tal vez haya una salsa secreta en Seattle que simplemente no conocemos. Llámalo “diferencial divertido” o “química de equipo” o simplemente béisbol situacional. Probablemente no sea repetible, pero eso no lo hace menos entretenido de ver.

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