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Image credit: Quinn Harris-USA TODAY Sports

Este artículo fue publicado originalmente el 17 de julio.

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Probablemente fue más claro durante el Día de las Madres de 2019 en Toronto. Los White Sox visitaban a los Blue Jays, y se enfrentaban al duro lanzador de bolas hundientes Aarón Sánchez. Tim Anderson portaba tacos rosados al entrar la caja de bateo. Entre el color brillante de los zapatos y la limpieza artificial de la tierra batida y la tiza de un campo artificial, era inusualmente fácil ver lo que estaba sucediendo. Mientras Anderson se acomodaba, su pie frontal estaba bien delante del home plate, incluso antes de entrar en su swing.

Cuando soltó ese swing en una pésima bola hunidiente que flotó con la cuenta en 2-2, Anderson conectó cuadrangular de tres carreras al jardín central. Fue su octava bomba del año, y terminó ese día bateando .331/.362/.535. El resto de la temporada, a pesar de un esguince en el tobillo y su aumento de potencia disminuyendo a un goteo, Anderson bateó .337/.355/.497. Su arranque fue impresionante, pero dado su enfoque extremadamente agresivo y un perfil que le exige correr un alto BABIP para prosperar, la forma en que mantuvo su producción en el curso de la larga temporada es especialmente emocionante.

Hablando de BABIP, Anderson terminó la temporada con un casi histórico .399 en esa categoría. Eso lo hace un candidato para una fuerte regresión a los ojos de algunos, pero antes de que atribuyamos su despunte a la buena suerte, echemos un vistazo más de cerca a la forma en que se paró en la caja al conectar ese cuadrangular en Canadá hace 14 meses.

La caja de bateo de la MLB mide seis pies (1.8 m) de largo, de adelante hacia atrás, con el home plate centrado en ese espacio. En épocas pasadas, los jugadores variaban no sólo en la cercanía en que se paraban al plato, sino también en la distancia hacia adelante o hacia atrás en la caja. Algunos bateadores también se movían hacia adelante o hacia atrás en la caja según la velocidad y el estilo del lanzador al que se enfrentaban. Sin embargo, hoy en día, esa variabilidad prácticamente ha desaparecido. Los lanzadores tiran mucho más fuerte que antes, pero la línea de fondo de la caja parece tan contraproducente y anticuada como un toque de sacrificio de un segundo bate.

Puede que haya otros bateadores en el béisbol que no pongan su pie trasero en la tiza de la parte de atrás de la caja, pero se podría decir que ninguno es tan notable como Anderson. Tampoco es algo que él siempre ha hecho. De hecho, sólo empezó a ascender en la caja a finales del 2018. Pero como puedes ver, se ha comprometido totalmente con ese punto de partida. Se adelanta un poco en cuentas con dos strikes (como cuando se enfrentó a Sánchez), y retrocede un poco cuando se enfrenta a ciertos lanzadores. Pero a lo largo del 2019, con frecuencia puso un pie o más delante de la línea trasera de la caja.

Anderson habló con Jared Wyllys el otoño pasado sobre el hecho de que bateó desde una posición más erguida en 2019 por consejo del segundo entrenador de bateo, Greg Sparks. Pensó que le daba una mejor cobertura del plato. Practicó muchos swings durante la temporada invernal antes del 2019 para sentirse cómodo con su nueva postura, y el resultado fue un nuevo swing. Sus manos se mantuvieron más cerca de su cuerpo durante la primera fase del swing en 2019, dándole más control del bate y un camino más rápido hacia la zona de strike.

Entre su excepcional velocidad natural del bate y esos ajustes, Anderson adquirió la habilidad de hacer un contacto duro más consistente, que es exactamente lo que ocurrió en 2019. Sin embargo, para poder despegar de la manera en que lo hizo, necesitaba hacer algo más que aumentar su velocidad media de contacto. En sus tres primeras temporadas en las Grandes Ligas, Anderson jaló el 43.3% de sus bolas bateadas. En 2019, ese número se desplomó al 32.7%. Por primera vez, jaló menos de la mitad de sus roletazos.

Batear a todos los campos importa, incluso para un rápido bateador diestro. El cambio no fue nunca probable que se tragara toda la producción de Anderson, pero la habilidad de llevar la pelota a todos los campos roba a la defensa la capacidad de ajustarse efectivamente y significa una sensación general de bateo que se mostrará en todos los demás aspectos del proceso y la producción. El viejo swing de Anderson, combinado con la velocidad de su bate, le permitía sacar y rodear la pelota con demasiada frecuencia, y jalaba demasiadas bolas débilmente hacia el lado izquierdo. Conseguir una posición más vertical y usar un swing más compacto (pero no menos poderoso) fue de gran valía.

Al moverse hacia adelante, Anderson podía conectar los lanzamientos en los que solía jalar del gatillo demasiado pronto, incluso cuando eliminaba el movimiento desperdiciado de su swing y lograba un camino más directo hacia la pelota. Podía cambiar el ángulo de su bate en el contacto mientras mantenía un punto de contacto muy por delante del home plate. Conectar al campo opuesto es, en cierta medida, una cuestión de atinarle al tiempo y a los ángulos correctos, y a veces es difícil hacer esas cosas desde la parte trasera de la caja de bateo.

Su nota en el Anuario de BP 2020 alude a “mejoras materiales en la tasa de contacto y la capacidad de Anderson para permanecer quieto y conectar lanzamientos rompientes”, y este último fenómeno también puede atribuirse parcialmente a su ajuste. Es (marginalmente) más fácil conectar una bola rompiente cuando le robas 30 cm de su vuelo, y (no tan marginalmente) más fácil quedarse atrás en dicho lanzamiento y conducirlo cuando robas 30 cm extra de ti mismo, disminuyendo así la probabilidad de estar delante de él.

Este enfoque no funcionaría para la mayoría de los jugadores; por eso es tan divertido ver cómo funciona para Anderson. Le permite implementar un estilo estéticamente agradable, en lugar de tratar de conformarse con un enfoque más tradicional y paciente. También resume muy bien lo que hace que Anderson sea especial en todas las facetas del juego: es ambicioso. Literalmente va a ir a buscar la pelota, o la siguiente base, en cada oportunidad, y eso se muestra incluso en la forma en que planea cada visita a la caja de bateo. Sus movimientos previos al lanzamiento incluyen un repetido movimiento casi nervioso de su pie delantero, manteniendo su peso atrás pero todo su cuerpo listo para saltar a la acción, su zancada en progreso antes de que el lanzador haya siquiera tomado su señal. El hecho de que se establezca de esa manera, y lo haga desde 30 cm más cerca del lanzador que casi cualquier otro jugador de la Liga, te dice lo que Anderson piensa cuando va a batear. No está esperando que le den nada. Le urge ir tras de todo.

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