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Image credit: Charles LeClaire-USA TODAY Sports

Traducido por Marco Gámez

Entre la gran cantidad de nuevas métricas, algunas han sido inmediatamente útiles, como la velocidad de salida y el ángulo de despegue del bate, mientras que otras se han quedado en el camino, como la probabilidad de atrapar una pelota. Una de las estadísticas con menos aceptación ha sido otra medida de velocidad, pero relacionado a correr las bases: la velocidad máxima. Esta métrica poco conocida resulta útil no solo para saber quién es rápido y quién es lento, sino también para ayudar a pronosticar el rendimiento de un jugador en los próximos años.

La velocidad máxima cuantifica algo que es obvio a simple vista: la rapidez con la que un jugador puede correr.

Statcast define la velocidad máxima (Sprint Speed, en inglés) como “la máxima cantidad de pies por segundo que un jugador recorre en un lapso de un segundo”. Es importante tener en cuenta que la medida se limita solo a las acciones más rápidas de lo que MLBAM clasifica como carreras de alto esfuerzo; no incluye jugadas como, por ejemplo, en las que los corredores recorren las bases después de un jonrón. Por esta razón, debe entenderse como una medida de la velocidad máxima de un jugador, en lugar de su velocidad típica.

En la mayoría de los casos, las velocidades máximas no son sorprendentes. Los jugadores que piensas que son rápidos (Byron Buxton, Trea Turner) tienen una alta calificación, mientras que los receptores y primera base viejos y lentos (Albert Pujols, Yadier Molina) aparecen en la parte inferior de la clasificación. Análisis anteriores han demostrado que los jugadores tienden a volverse más lentos a medida que envejecen y que las posiciones que requieren correr más tienden a tener jugadores con velocidades máximas promedio más altas.

Dado que estas velocidades concuerdan tanto con las expectativas, la métrica, en general, tiende a pasar inadvertida. Pero ocasionalmente, un jugador da un gran paso hacia atrás en su velocidad máxima o (más raramente) logra velocidades mucho más altas que antes. Y resulta que esos cambios en la velocidad máxima pueden predecir lesiones y mejoras, aunque de manera imperfecta.

Para llegar a eso, recopilé datos sobre la velocidad máxima desde 2015 y los alineé con la métrica de DRC+, una medida de rendimiento ofensivo que neutraliza todo tipo de variabilidad desde el parque hasta la calidad del oponente. Es importante tener en cuenta que los datos que se remontan a 2015 utilizan dos sistemas de seguimiento diferentes (Hawkeye-Statcast y Trackman/Chyron-Hego Statcast), pero no encontré diferencias importantes entre los dos.

En general, el cambio en las velocidades máximas tendía a ser modesto: no más de un pie por segundo (fps, por sus siglas en inglés), o 0.3048 metros por segundo, hacia arriba o hacia abajo de un año a otro, para una métrica que se ubica entre 21-30 fps (6.40 – 9.14 mps) aproximadamente. (Una velocidad de pie promedio de 25 fps (7.62 mps) equivale a aproximadamente 17 mph (27 kph), para darte una idea de lo increíblemente rápidos que son estos atletas). Presumiblemente, hay una especie de límite inferior (~20 fps) (6.10 mps) por debajo del cual un jugador no está sano o no es lo suficientemente rápido para triunfar en el béisbol.

Cuando un jugador varía hacia arriba o hacia abajo en la velocidad máxima, normalmente no se asocia, hasta cierto punto, con muchos cambios en el rendimiento de batear. Sin embargo, las variaciones muy grandes pueden ser significativas. Los bateadores con un aumento de más de +1 fps (0.30 mps) tendían a alcanzar unos siete puntos más de DRC+ que el año anterior, y los bateadores que disminuían -1 fps (0.30 mps) tendían a registrar unos cinco puntos menos de DRC+. Estos no son impactos importantes: Dado que DRC+ está ajustado, puedes interpretarlo como un 7% mejor o un 5% peor de lo esperado, lo que no resolverá ni arruinará la temporada de ningún equipo (sea en liga de fantasía o en la vida real).

Por lo tanto, el rendimiento de bateo no está muy relacionado con la velocidad máxima. Pero la velocidad de carrera de un jugador probablemente sea más informativa sobre su salud que cualquier otra cosa. De hecho, la correlación entre los cambios en la velocidad máxima (eje x) y los cambios en las apariciones al plato (eje y) es más del doble de grande que para los cambios en el rendimiento de bateo. Todavía no es una señal abrumadora, ni siquiera cercana, pero está claro que hay alguna conexión.

Un ejemplo de esto es la temporada 2016 de Ben Revere. Después de sufrir una lesión en el cuádriceps en abril, su velocidad máxima se redujo en 1.1 fps (3.35 mps). Claramente, incluso después de que se recuperó lo suficiente para tener más turnos al bate en las Grandes Ligas, no fue el mismo, ya que su DRC+ cayó en más de 30 puntos. Lamentablemente, la velocidad de Revere nunca se recuperó y su desempeño ofensivo tampoco lo hizo. No ha tenido una aparición al plato en Grandes Ligas desde una decepcionante temporada en 2017 con los Angels.

En teoría, alguien podría alcanzar la cima en la tabla de clasificación de velocidad máxima en marzo o abril y decir si el colapso de un bateador es real o simplemente mala suerte. Pero en la práctica, debido a que la velocidad máxima requiere varios datos para volverse confiable y tenemos muchos otros indicadores de bateo que son más útiles (como la velocidad de salida y el ángulo de despegue del bate), la velocidad en las bases no es tan útil en una determinada temporada como nos gustaría que fuera.

Sin embargo, los cambios en la velocidad máxima también pueden predecir el futuro más lejano. Es posible que un jugador lesionado en el año 1 no vuelva tan saludable en el año 2. (O viceversa, un jugador que se ha recuperado de las lesiones y ha recuperado la velocidad perdida puede hacerlo mejor de lo previsto en el año 2). Los cambios (+/- un pie por segundo (0.30 mps) también brindan información sobre cómo les irá en la próxima temporada, no solo del rubro para el que se calculan los datos. Aquí, la conexión con el rendimiento de bateo es aún más limitada, pero la capacidad de la velocidad máxima para pronosticar la cantidad de juego es alta.

Los jugadores con aumentos de uno o más pies por segundo o más tuvieron el doble de probabilidades de ver algo más de acción en la temporada siguiente en comparación con los jugadores con una pérdida de un pie por segundo (0.30 mps). En promedio, los jugadores con velocidades crecientes tuvieron totales de aparición al plato que fueron desde 156 a 264 a 337, mientras que los jugadores que tuvieron velocidades decrecientes pasaron de 290 a 212 a 111 apariciones al plato.

En la práctica, la velocidad máxima funciona un poco para decirnos si un jugador está terminado o no. Tomemos a Yonder Alonso, un ejemplo de esta premisa en acción. En 2018, a la edad de 31 años, Alonso registró una pérdida de -1,3 fps (0.40 mps) en la velocidad máxima junto con una fuerte disminución en la producción ofensiva (-28 puntos de DRC+). Aun así, jugó una temporada completa, y con un promedio de bateo que había sido bueno el año anterior, podría haber seguido siendo un jugador productivo en 2019. Sin embargo, eso nunca se materializó, ya que su tiempo de juego se redujo a la mitad y sus oportunidades en el plato se tradujeron en un promedio de bateo sub-Mendoza y un SLG muy reducido. Se retiró este año y, aunque la retrospectiva muestra que 2018 fue claramente el punto de inflexión, solo fue un año después de una aparición en el Juego de Estrellas y solo tenía 31 años esa temporada. La velocidad máxima mostró que su edad (o una lesión no revelada) lo estaba amenazando.

El uso de la velocidad máxima mejoraría mucho si MLB la proporcionara a un nivel más desmenuzado, por ejemplo, en cada jugada individual. Entonces sería posible ver si los jugadores estaban lesionados en situación de día a día y si los cambios en la velocidad máxima se correlacionaron con descensos en el rendimiento que duraron uno o dos meses, en lugar de toda la temporada. Lamentablemente, la liga, otra vez, proporciona sus datos de estadísticas avanzadas principalmente a cuentagotas y esporádicamente, por lo que debemos contentarnos con la utilidad limitada que tiene la velocidad máxima en la situación de temporada completa.

Ciertamente no es el indicador de desempeño más sólido que existe y hasta palidece en comparación con lo que tienen acceso las oficinas principales de los equipos. Pero una señal confusa sigue siendo una señal, y al centrarse en los jugadores con los mayores cambios en la velocidad máxima, es posible extraer un poco más de significado de estos datos. La próxima vez que un bateador de mayor edad se esfuerce por igualar su velocidad del año pasado, sepa que eso significa que puede estar terminado, o está cerca de estarlo, y que su bate también puede fallar pronto.

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