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Image credit: Thomas Shea-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

El pasado viernes, los Marlins hicieron oficial el nombramiento de Kim Ng como nuevo gerente general de la franquicia. Se trata de una profesional con una dilatada carrera en los despachos de la MLB que se ha convertido en la primera mujer en ocupar dicho puesto. La decisión supone un progreso social real e importante para el deporte, pero también es una contratación alentadora para una organización que necesita desesperadamente el tipo de transformación que Ng podría ofrecer. La franquicia tomó una decisión importante antes de la llegada de Ng, los Marlins fueron contra lo que está siendo tendencia en la liga y ejercieron su opción de retener al jardinero central Starling Marte para 2021. Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer y Ng tendrá la oportunidad de reforzar el equipo para ser competitivo en lo que promete ser un invierno muy ajetreado.

La mayoría de los fanáticos ya saben que los Marlins cuentan con un grupo impresionante de brazos jóvenes. Podría ser un grupo aún más profundo de lo que algunos creen. Al entrar en la temporada muerta el equipo contaba con tres abridores saludables en la parte alta de la rotación. Sandy Alcántara se estableció como un All-Star inesperado en 2019, y siguió creciendo en el acortado 2020. Sixto Sánchez cumplió con las expectativas en su campaña de novato. Pablo López es el olvidado de los tres. Lideró al equipo en DRA- y cFIP en 2020, y registra buenos números siempre que está lo suficientemente saludable como para subir al montículo. La cutter que López añadió a su arsenal en 2020 podría ser un arma especialmente interesante.

Tras ese trío, es donde se encuentran las decisiones más difíciles para Ng, no porque no haya suficientes opciones, sino porque hay un buen número de ellas y (quizás) lo que no hay son aperturas o entradas suficientes para separar rápidamente el trigo de la paja. A Elieser Hernández se le vio un progreso importante este año, gracias, en gran medida, a que mejoró sus mecánicas y fue capaz de tunelizar su recta con su slider. Trevor Rogers tuvo estadísticas feas, pero ningún abridor en el béisbol tuvo un DRA más por debajo de su efectividad, y su cambio parece un lanzamiento muy serio. Ninguno de esos cinco abridores tendrá más de 25 años en el Opening Day (a menos que este se vuelva a retrasar). Eso sin mencionar a Braxton Garrett, que disfruto de un par de aperturas a final de la temporada, o Edward Cabrera, que habría debutado de no haber sufrido una lesión menor durante los entrenamientos de verano que lastraron el resto de su temporada.

Sin embargo, en el béisbol moderno no basta con los abridores, Ng tendrá que trabajar mucho en la construcción de un bullpen que resulte competitivo. Si todos los lanzadores anteriores llegan al comienzo de la temporada saludables y habiendo cumplido con las expectativas, uno o dos de ellos podrían desempeñarse como relevistas. Aun así quedarían huecos que rellenar y este es un invierno excelente para acudir al mercado si a Ng se le da dinero. No obstante, las ganas de gastar (o no) de los propietarios del equipo es una de las cuestiones cruciales a las que se enfrenta la nueva gerente general. Si la respuesta es sí, el equipo también podría explorar la posibilidad de incorporar un abridor en la agencia libre, un seguro ante una lesión o la regresión de uno de los brazos jóvenes. Tendrían, así, la flexibilidad para mover a Hernández o Rogers al bullpen si se determina que es una mejor opción debido a lo limitado de sus arsenales.

Otro de los asuntos clave a los que se enfrentará Ng es decidir cuáles de esos brazos (más Max Meyer, que aún está lejos de llegar y que fue una primera ronda en el Draft de 2020), según sus propios criterios de calidad y durabilidad, son susceptibles de ser traspasados para reforzar el bullpen, la ofensiva o ambos. Marte, necesario para reforzar los jardines, llegó en agosto a través de uno de esos acuerdos cuando Miami permitió que los Diamondbacks se la jugaran con Caleb Smith. En 2019, el equipo canjeó a Zac Gallen y Nick Anderson, en buenas temporadas como novatos, para conseguir talento a nivel posicional. Las piezas centrales de esos acuerdos (el campocorto Jazz Chisholm y el jardinero Jesús Sánchez, respectivamente) han debutado en las Grandes Ligas, pero no parecen listos.

El núcleo ofensivo de cara al 2021 debería incluir al tercera base Brian Anderson, al campo corto Miguel Rojas, al primera base/DH Garrett Cooper, al jardinero izquierdo Corey Dickerson y a Marte. Es posible, aunque no seguro, que el equipo también le ofrezca un contrato a Jesús Aguilar, manteniendo intacta la pareja de pegadores que formaba con Cooper. Más allá de eso, a menos que Ng haga un gran esfuerzo para traer un bateador contrastado, se buscará completar el equipo con peloteros de perfil más bajo. De hecho, es necesario señalar que tanto Dickerson como Marte cumplirán 32 años en 2021, y que ambos fueron jugadores promedio para Miami este año, por lo que tampoco es que se pueda hablar de un núcleo especialmente confiable.

Chisholm, Sánchez, el segunda base Isan Díaz, los jardineros Lewis Brinson y Monte Harrison, e incluso el veterano receptor Jorge Alfaro, representan el paradigma del ya finalizado régimen de Mike Hill para adquirir bateadores jóvenes: apostar fuerte por herramientas ruidosas. Por desgracia, todos ellos (en distinto grado) sirven para ilustrar el riesgo asociado a este enfoque. En este momento, de los seis peloteros mencionados, es probable que los Marlins no obtengan más que un jugador regular de primer nivel y tal vez hasta cuatro de ellos tendrán que ser descartados sin recibir mucho a cambio. La decisión más difícil de Ng este invierno está relacionada con este grupo. A grandes rasgos, hay tres posibilidades. El equipo podría mantenerse firme en el plan, y dar tantas visitas al cajón como sea posible a este grupo de jugadores jóvenes (más el relativamente inestable Cooper) y evaluarlos al final del 2021. Podrían apostar solo por ciertos jugadores dentro del grupo, mientras reemplazan o dejan en un segundo plano a los otros, para tratar de aprovechar su temporada ganadora en 2020 y aclarar el camino a seguir.

Por último, tienen la opción más radical: la de rehacer todo el núcleo. Es probable que eso signifique dar un paso atrás en 2021, pero con movimientos sensatos en un mercado con más oferta que demanda, Ng podría incorporar jugadores que podrían ser cambiados en la fecha límite de traspasos o que podrían convertirse en piezas valiosas a medio plazo. Es casi seguro que la gerencia liderada por Hill no hubiera tomado ese camino, al menos este invierno, pero Ng no entra con el peso de haber adquirido a esos jugadores jóvenes y estos no lastran sus decisiones.

Ni en 2018 ni en 2019 los Marlins atrajeron a 1.000.000 de aficionados al estadio. En su historia solo hay dos temporadas con un diferencial de carreras de más de 20. Tienen un núcleo muy intrigante, pero que en última instancia resulta desequilibrado y un tanto defectuoso. También tienen flexibilidad, y mientras que ningún equipo se benefició de la pandemia o los estragos que esta ha causado, los Marlins estaban preparados para sufrir menos que la mayoría. Podría requerir un poco de paciencia, pero si Ng consigue acertar en esas decisiones complicadas que tiene delante, Miami podría convertirse en un equipo ganador y regular por primera vez desde su aparición.

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