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Traducido por Pepe Latorre

Sugar (2008)

Género: Drama.

Resumen: Un joven y talentoso lanzador dominicano es descubierto y mandado a un país extranjero. Allí se enfrentará a la decisión más importante de su vida.

Reparto: Algenis Pérez Soto, José Rijo, Walki Cuevas.

Directores: Anna Boden y Ryan Fleck. El dúo que ha guionizado y dirigido Half-Nelson (2006) y Capitana Marvel (2019), entre otras cosas.

¿Qué tan realista es la representación del béisbol?: Bastante bien, aunque no hay demasiado.

Cameos de gente del béisbol: Rijo, un diestro que jugó para los Yankees, los A’s y los Reds. (WARP de 49.5 en su carrera). El rendimiento obtenido en 1993 se encuentra entre los mejores de esa década. Aunque su carrera se vio mermada por lesiones, sigue siendo uno de los mejores abridores en la historia moderna de Cincinnati.

Cliché de película de béisbol: es difícil evaluar psicológicamente a un pelotero.

El sabor agridulce que aparece en Sugar lo hemos sentido antes en innumerables ocasiones. El béisbol tiene un lado feo. Todos lo sabemos. Los números no cuadran, nunca lo han hecho y nunca lo harán. Por cada jugador que alcanza las Grandes Ligas nos encontramos con todo un elenco de personajes de película a los que nunca se les hará justicia. El béisbol está obsesionado en eliminar puestos de trabajos, gratificaciones y equipos afiliados en las Ligas Menores, multiplicando así las caras anónimas, pero dejemos eso para otro día.

Algenis Perez Soto interpreta a Miguel “Sugar” Santos, un diestro de 19 años que ficha con el equipo de Kansas City (que se llaman Knights en vez de Royals por no tener la licencia), pero que lleva dos años en la academia de la organización en Boca Chica. Vemos los entrenamientos, las clases de inglés centradas en el béisbol (“I got it! I got it!”, “Fly-ball”, “Line-drive”) y como Sugar toca las 90 millas con su recta pero no consigue desarrollar un lanzamiento quebrado. Es entonces cuando un ojeador estadounidense de Grandes Ligas aparece en la academia y trata de enseñarle un agarre para lanzar una curva. El primer intento, de manera muy predecible, es un desastre. El ojeador y el director de la academia se ríen de Sugar y antes de dejarle solo y frustrado el ojeador le consuela con un “No te preocupes hijo, estas cosas llevan tiempo”.

Sugar sigue practicando el lanzamiento. En un momento dado va a pasar el fin de semana a su pueblo, allí todos le tratan como si fuera un rey y no paran de preguntarle cuándo va a ir a los Estados Unidos. Él se deja querer y presume sobre lo bueno que es (aunque no lo sea). Les cuenta que su nueva curva es imposible de batear (y no es el caso). Tras ver cómo es su familia y sus amigos y su relación con ellos vuelve a la academia y la curva empieza a lucir un poquito mejor. Un encuentro disciplinario con el director de la academia da paso a la mejor noticia de su vida: Sugar ha sido invitado a los Estados Unidos para los entrenamientos de primavera. Llama inmediatamente a su madre, una trabajadora explotada en una fábrica, y la pone eufórica gracias a las buenas noticias. Tanto sus sueños como las de su familia se están haciendo realidad.

Sabemos que a menudo, el progreso de un lanzador novato no es lineal ni predecible. Cuando a esa ecuación se le añade el problema del choque cultural, los problemas relacionados con la superación personal se multiplican. La llegada de Sugar a Phoenix está llena de incómodas interacciones sociales con compañeros de equipo, entrenadores y empleados de restaurantes que no hablan español. Sugar y sus compañeros latinos se ven obligados a comer tostadas francesas día tras día, es lo único que saben pedir. Sugar se esfuerza y firma una buena actuación en el campeonato. Esto le permite ser enviado a disputar una temporada completa en clase-A mientras que sus compañeros son enviados a los niveles más bajos de la Rookie ball. Rápidamente se hace evidente que en el béisbol el éxito o el fracaso dependen de ajustes mucho más sutiles y dolorosos que el modo en que se ejecuta un agarre en la bola.

En general, esta es una historia desgarradora y familiar para aquellos que han experimentado lo que es el choque cultural y los ajustes de estilo de vida que los peloteros latinos deben hacer al llegar a Estados Unidos. Por supuesto que hay algunos fallos típicos en la historia, al fin y al cabo, es una película de Hollywood. No hay traductores disponibles para los jugadores de habla hispana. Hay muy pocos entrenamientos. Normalmente no hay tantos compañeros hispanos en un mismo equipo. Y la Rookie ball comienza más tarde que la temporada de clase-A. Pero si uno puede pasar por alto esos pequeños detalles, se encuentra con la historia de un joven perdido que persigue un sueño y que al mismo tiempo se queda sin forma de alcanzarlo.

Esta es la historia de un inmigrante, ambientada en el mundo del béisbol, no al revés. Y aunque todo es un poco exagerado, la película no es tan descabellada como para ser completamente irreal. El béisbol retratado es razonablemente bueno, sobretodo considerando lo bajo que está el listón en las películas deportivas. Sugar podría usar más el tren inferior y es un poco rígido en la lomita, pero la película es lo suficientemente fluida como para que un aficionado al béisbol lo disfrute y se saquen a la luz algunas de las mayores desigualdades del juego. Es una película que me alegro de tener en mi colección personal para ver de vez en cuando. También está disponible en Vudu y Rotten Tomatoes le da una muy buena puntuación: 92%.

El WARP de la película: 3.6. Tiene defectos, pero es conmovedora y deja huella.  No es una obra maestra, pero se hace difícil de olvidar.

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