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Image credit: Rick Scuteri-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Todos los equipos se ven afectados por la suspensión de la temporada 2020 provocada por la pandemia. Esta serie examina los equipos que se verían más afectados en el diamante por una temporada perdida (no una temporada acortada), y a dónde podrían ir a partir de entonces.


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Para todos aquellos quienes han seguido de cerca este deporte durante el último lustro, esta pieza es tan obvia que casi es mejor obviarla. Los Cubs y sus aficionados sufrirían, si se cancelase esta temporada, de una manera tan merecida como trágica. Al tiempo que el mundo [deportivo] se detiene y casi en su totalidad mira un documental de la última gran dinastía de Chicago, la amenaza en ciernes es que el COVID-19 borre al oportunidad de otra, abortando una que quería retomar su camino.

EL CONTEXTO

Se suponía que este sería el sexto año de una gloriosa ventana de siete años en la que los Cubs ganarían, tal vez, cinco títulos divisionales, unos cuantos títulos de Liga y al menos una Serie Mundial. Todo eso era apeteciblemente posible, incluso hace un año. (Recordemos que, tras un comienzo de 3-8, los Cubs de 2019 se enrracharon tanto como lo hicieron en su temporada de campeonato, ganando 22 de 28 desde mediados de abril hasta mediados de mayo).

Sin embargo, Theo Epstein y su reluciente y moderna gerencia olvidaron las palabras de Earl Weaver, quien escribió alguna vez: “Cuando juegas a conseguir una carrera, eso es normalmente todo lo que obtienes”. Cuando eligió intercambiar a Gleyber Torres por Aroldis Chapman, como corolario de los grandes gastos que hizo en la agencia libre antes del 2016 (incluyendo compromisos anuales de ocho cifras por varios años con dos jugadores mayores de 35 años), Epstein jugó por un sólo campeonato. Parece que eso es todo lo que obtendrá.

La División Central de la Liga Nacional permanece abierta, y los Cubs mostraron suficiente batalla para mantener a raya a los Brewers en 2017, y luego para ganar el Comodín en 2018. Sin embargo, su arco descendente a lo largo de 2018 y 2019, y la preparación aparentemente superior de los Brewers y los Cardinals para los cierres de campaña, hicieron que Chicago no fuera más que otro contendiente en la división. El ascenso de los agresivos Reds sólo enturbia más el agua.

Aunque no tenían grandes perspectivas para el 2020, tenían motivos para ser optimistas, tanto por la partida de Joe Maddon como porque siguen siendo un equipo talentoso con algunas superestrellas de su mejor edad. Un gran problema para el equipo, si esta temporada no sucede, es que su ventana se seguirá cerrando. Fuera de Ohio, puede que no haya un equipo cuyo 2020 esté tan claramente preparado para ser mejor que su 2021, y cuyo 2021 también esté tan claramente preparado para ser mejor que su 2022, y cuyo 2022 esté tan claramente preparado para ser mejor que su 2023.

Esto se duplica si, como muchos esperan, la cancelación de la temporada no resulta en un aplazamiento de las reglas del impuesto de lujo y sus sanciones. Si la temporada hubiera arrancado como se planeó, y si los Cubs no hubieran hecho ningún movimiento para deshacerse de cargas salariales, se proyectaba que violarían el umbral del impuesto al balance competitivo por segundo año consecutivo. Fue sorprendente verlos, a sólo dos semanas del Día de Apertura, todavía en esa posición, porque habían pasado todo el invierno (y, para el caso, todo el invierno anterior) evitando el mercado de agencia libre y participando en discusiones de intercambios centradas en piezas clave como Kris Bryant y Willson Contreras, todo en nombre de evitar convertirse en pagadores repetidos de las penalizaciones fiscales.

Si no se juega la temporada y esto provoca que los Cubs sean penalizados para el 2020 y como posibles deudores por tercera vez en el 2021, todo indica que la miope e indefendible avaricia de la familia Ricketts llevará a otro congelamiento de gastos en cualquier escenario este otoño. De suceder, el equipo casi seguro que ha izado su último banderín por un tiempo, incluso si las banderas de “participante en la lucha por el Juego de Comodines” cuentan.

LA PLANTILLA

 Dondequiera que voltees, la plantilla está llena de dudas. Sus estrellas tienen huecos y sus jugadores de relleno son todavía prospectos. Este ha sido el mayor problema que ha plagado al equipo en el campo desde el comienzo de 2017—la incapacidad de medir de forma fiable las habilidades de los jugadores, y la falta de acción decisiva para crear oportunidades. Ahora, lo que tenía que ser una temporada de ajuste de cuentas podría convertirse en un largo espacio en blanco en el que el equipo tendrá que hacer conjeturas y maniobras valientes, las cuales han evitado asidua y fielmente durante los últimos años.

Kris Bryant: No hay duda de a quién afecta más la perspectiva de no jugar; es a Bryant. Llegó a los entrenamientos de primavera sin ser intercambiado, a pesar de los incesantes (aunque a menudo inverosímiles) rumores de que se iba durante el invierno. Se afirmó como líder tanto en su vestidor como en el sindicato de jugadores, manejando con elegancia la pérdida de su querella de manipulación del tiempo de servicio por parte del equipo y adjudicándose para sí mismo el puesto vacante de primer bate en el orden de Chicago.

Pero en el campo, las últimas temporadas de Bryant han planteado más preguntas que expectativas. Los Cubs necesitaban esta temporada para maximizar la plusvalía que les quedaba sobre Bryant, pero Bryant también la necesitaba para demostrar al equipo y a la Liga que sigue siendo una superestrella con el calibre de MVP. Ha batallado contra sus lesiones, su inconsistencia y su necesidad de adaptar su poco ortodoxo swing a ambos problemas, y aunque es un gran jugador, tanto la medida como el poder de permanencia de esa grandeza son muy discutibles.

Si los Cubs no iban a intercambiar a Bryant antes del Día de Apertura, o durante la temporada, un 2020 perdido casi sellaría el trato, por las razones expuestas anteriormente. Una no-temporada aumenta dramáticamente la probabilidad de que Bryant haya jugado su último partido con el equipo, y probablemente reduce dramáticamente lo que el equipo puede esperar obtener a cambio cuando lo intercambien.

Javier Báez y Kyle Schwarber: Mientras que Bryant parece claramente destinado a la agencia libre tras el 2021, los rumores que rodeaban a Báez y Schwarber sobre la temporada invernal se centraban mucho más en si el equipo les ofrecería extensiones. Sin embargo, se espera que salgan al mercado junto con Bryant, y la reticencia del equipo a pagar mucho dinero por cualquiera de los dos hasta este momento hace que sea difícil imaginar que de repente se sientan cómodos haciéndolo la próxima primavera.

Tanto Báez como Schwarber tienen el potencial de ser bateadores letales en el corazón del orden al bat—aunque con estilos muy diferentes—y ambos también tienen un valor intangible para el equipo. Se puede decir que Báez es el jugador más apasionante y popular del béisbol, y Schwarber es un pilar en la comunidad. Dado que cada uno tiene ciertos focos rojos, la gerencia ha retrasado el comprometerse a entregarles grandes sumas a medida que entran en su tercera década. La agresividad de Báez lo hace difícil de aceptar para los analistas modernos, y Schwarber tiene tanto una falta de valor defensivo como prolongadas batallas al plato que pesan mucho sobre de él. Este año podría haber traído mucha claridad a ambos perfiles, haciendo que ambas partes se sientan más cómodas negociando acuerdos a largo plazo, pero en cambio, las decisiones clave tendrán que ser tomadas bajo una incertidumbre mucho mayor.

Ian Happ y Willson Contreras: Happ aún carece de un hogar defensivo, y Contreras aún carece de las habilidades defensivas que los Cubs necesitan detrás del plato. Happ sólo tuvo una pequeña muestra de éxito en las Grandes Ligas en 2019, después de una larga estancia en Triple-A, y todavía hay una amplia incertidumbre sobre su capacidad para hacer suficiente contacto para tener un impacto ofensivo. Contreras ha mostrado la capacidad de ser un peligroso bateador de potencia con una excelente disciplina de plato, pero carece de capacidad para elevar en su swing y ha sido vulnerable a largas rachas de sequía ofensiva.

Más aún que Bryant, Báez y Schwarber, Happ y Contreras representan la extraña falta de certeza real alrededor de esta alineación, a pesar de que cada uno de ellos está relativamente establecido. Este año sería una pérdida aplastante en términos de desarrollo y evaluación para cada uno de ellos, sobre todo porque ambos son cada vez más propensos a ser candidatos a una extensión de contrato si Bryant, Báez y Schwarber no los obtienen.

Jon Lester y José Quintana: Los dos veteranos zurdos probablemente habrán realizado su último lanzamiento para los Cubs si la temporada se cancela. Lester tiene una opción en su contrato que se le haría efectiva si lanza 200 entradas esta temporada (ya es una posibilidad perdida), y que el equipo aún podría hacer valer por $15 millones de dólares en 2021. Pero sin el estímulo y el aumento de la buena voluntad de un año más a la cabeza de la rotación de un  equipo contendiente, parece poco probable que el club lo haga.

Quintana es agente libre después del 2020, no importa lo que pase, como lo es su compañero de rotación Tyler Chatwood. Sin la oportunidad de probar que el final de 2019 fue un parpadeo, Quintana podría verse obligado a aceptar un poco atractivo acuerdo de un año para 2021, y sin la oportunidad de volver a la rotación como estaba previsto, Chatwood probablemente tendría que venderse a sí mismo como un relevista de medio pelo en la agencia libre. Los Cubs, mientras tanto, tendrán que decidir si van a buscar tres nuevos abridores en 2021, o mantener al menos a uno del trío bajo un nuevo contrato.

Anthony Rizzo y Craig Kimbrel: Como Lester, Rizzo y Kimbrel ambos tienen caminos verosímiles hacia Cooperstown, pero como ellos, ambos podrían ver esas posibilidades arruinadas por un 2020 perdido. Rizzo cumplirá 31 años en agosto, y su producción se ha visto deprimida por las lesiones en los últimos años. Entrará a la agencia libre tras 2021, como Bryant, Báez y Schwarber, a menos que el equipo y su representante retomen sus negociaciones de este pasado invierno. Dada la forma en que su cuerpo y su bate han navegado los últimos años, parecía que el 2020 podría ser la última temporada de la verdadera edad de oro de Rizzo. Ahora, podría perderlo todo.

El caso de Kimbrel es aún más tenso. Su miserable 2019 podría explicarse por el tardío comienzo que tuvo cuando se quedó varado en el mercado de agentes libres hasta junio. Aún así, dejó a todos ansiosos por ver si el año 2020 demostraría que es un fracaso, y ahora sólo tendrá una oportunidad de alto riesgo de demostrar lo contrario. Una temporada perdida sería una oportunidad perdida de redención para Kimbrel, como para todo el equipo, y así como complicaría el futuro del equipo, sólo haría mella en la confianza restante en el poder de permanencia de la otrora estrella.

Yu Darvish y Jason Heyward: Sin hacer mucho ruido, los dos jugadores en los que los Cubs han invertido más desde que su ventana se abriera realmente, se están haciendo viejos. Darvish cumplirá 34 años en agosto. Heyward, como Rizzo, cumplirá 31 ese mes. Cada uno de ellos está contratado hasta el 2023, y esta era la temporada en la que el equipo podía esperar razonablemente capturar alguna plusvalía de ellos por última vez. En su lugar, sus salarios asegurados podrían convertirse en pasivos al tiempo que las nóminas de toda la Liga se hunden, y es probable que sus rendimientos se desplomen bajo el peso de sus edades, incluso si cada uno ha mostrado la capacidad de recuperarse de la adversidad recientemente.

EL FUTURO

 Los Cubs necesitan desesperadamente este año para averiguar cuán efectivo será su cuerpo de banquillo y de desarrollo de jugadores. Necesitan ver cómo David Bote, quien representa un enorme potencial al alza con su extensión de contrato, respondería al obtener tiempo de juego regular, y si hay algún resultado con los grandes cambios que Albert Almora trató de hacer durante el invierno, después de su calamitoso 2019. Necesitan ver si Víctor Caratini puede continuar el impresionante trabajo que hizo el año pasado, empujándolos así hacia una salida de Contreras o hacia un tiempo compartido más equitativo que pueda beneficiar a ambos.

Necesitan ver si las impresionantes proyecciones y el éxito en tiempo limitado de Alec Mills podrían traducirse a un rol de tiempo completo, ya que no tiene más opciones. Necesitan ver si su laboratorio de lanzamiento iba a alcanzar finalmente las infraestructuras de desarrollo en otras partes del béisbol, incluyendo si podría hacer que el prospecto Adbert Alzolay volviera a la coger el rumbo. Necesitan ver si Nico Hoerner puede producir algo de poder en Grandes Ligas, y cuánto de su enfoque híper-agresivo en la caja de bateo el año pasado fue una respuesta aberrante a una llamada inesperada.

Todos los equipos necesitan saber este tipo de cosas, pero los Cubs tienen menos tiempo para averiguarlas que la mayoría y, porque todavía tienen chance de campeonato si la suerte va de su lado, pero también sus apuestas son más altas que las de la mayoría. La perspectiva de un 2020 perdido impactaría sustancialmente las trayectorias de carrera y el poder de ganancia de algunos jugadores muy populares y dotados. Podría costar al equipo y a sus seguidores no sólo una última oportunidad de recuperar sus ambiciones dinásticas, sino incluso una oportunidad de decir adiós a esa dinastía no realizada y a los grandes jugadores que la hicieron posible. Podría borrar cualquier margen de error de la franquicia y dejar al descubierto el craso egoísmo de propietarios que se vendieron como algo benigno y obviamente son tan nocivos como el peor.

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