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Image credit: Evan Habeeb-USA TODAY Sports

Traducido por Carlos Pérez

En este momento da la impresión de que vamos a ver béisbol más pronto que tarde. Jeff Passan explica que los directivos están seguros de que habrá una temporada MLB, mientras que Carl Quintanilla tuiteó que junio es la fecha objetivo de inicio de temporada. Por un lado, estas son buenas noticias para los aficionados. Por otro, que la temporada empiece muy pronto pone el riesgo que se juegue toda la temporada.

Es entendible que la MLB quiera que el béisbol vuelva tan pronto como sea posible. (Como una de las personas cuyo estilo de vida depende del juego, confía en mí: yo también quiero). Con los estados comenzando el proceso de “reapertura”, la oficina del Comisionado puede pensar que es tiempo para hacer planes del regreso del béisbol.

Pero la reapertura en medio de una pandemia no es como un interruptor que, una vez activado, hace que nuestra sociedad regrese a la normalidad. Dada la naturaleza sin precedente de la cuarentena y del propio virus, algunas de las normas y limitaciones impuestas por la pandemia durarán bastante tiempo. Los pasos que varias administraciones locales y estatales han tomado han reducido la expansión del virus significativamente, pero ya que hay muchas personas que todavía no se han infectado, es probable que haya más repuntes con el tiempo.

No es que los ejecutivos de la MLB sean ajenos a esta verdad. Sus planes tentativos para la temporada dependen de la creación de una mini sociedad del béisbol en Arizona o Florida para contener a todos los jugadores, personal y trabajadores esenciales necesarios para televisar los juegos. Para prevenir la expansión de la enfermedad, esta sociedad tiene que estar herméticamente sellada de las ciudades y las áreas en las que se disputan los juegos. Cualquier virus entrante tiene el potencial de propagarse rápidamente entre jugadores (que comparten equipos, tocan las bases, tosen o escupen cerca los unos de los otros) así como el personal, lo que podría generar una nueva ola de infecciones.

Para evitar esta posibilidad, la MLB tiene un plan para examinar a los jugadores regularmente y sellar interacciones con el mundo exterior todo lo que pueda. El grado de cuidado que hay detrás de estos planes es loable (por no decir necesario), pero hay menos discusiones sobre lo que pasará cuando el coronavirus consiga penetrar la esfera. Es casi impensable imaginar que tendrá éxito prevenir que miles de personas salgan de la burbuja para ver a sus amigos o su familia o compren comida rápida o vayan a un bar. En el momento en el que alguien dentro del juego sea expuesto al virus y lo propague, el sistema está en riesgo por completo.

Porque cuando eso suceda, la MLB se enfrentará a una serie de dilemas morales peliagudos que podrían resultar en el cierre prematuro de la temporada. Presumiblemente, el virus no estará rondando por mucho tiempo dentro de la esfera del béisbol antes de que sea detectado. Pero dada la habilidad infecciosa del SARS-CoV-2, la propagación sería muy rápida incluso en una sola semana entre pruebas sucesivas. Hemos visto esto en escalas más grandes en todo el país: los casos que parecían mínimos en marzo escalaron rápidamente hasta alcanzar las decenas de miles de muertes hacia el final de abril, dejando en ridículo a quienes decían que era “solo una gripe”.

Los propios jugadores (jóvenes, saludables, y con seguros médicos de élite) no están en mucho riesgo. Pero eso no es necesariamente cierto del personal de apoyo y las familias y otros dentro de esa sociedad sellada. Una sola muerte causada por el béisbol dejaría, como mínimo, una sombra oscura sobre la MLB y nuestro disfrute del juego; un brote, o el riesgo de un brote, sería desastroso y llevaría probablemente a la cancelación de la temporada, aunque solo sea por los acuerdos legales del sistema de la MLB.

Hasta cierto punto, la posibilidad de una mini epidemia del Covid-19 inducida por el béisbol duraría hasta el año que viene, como mínimo hasta que una vacuna (esperemos) esté abiertamente disponible. Pero cuanto más tarde la MLB en empezar la temporada, más son las probabilidades de contener y sellar el juego. Phoenix (donde parece que empezaría la temporada) todavía no ha sufrido un brote masivo, especialmente comparado con otras grandes ciudades (Chicago, Nueva York y Detroit, entre otras). Si un brote serio del virus comienza durante la temporada MLB, será excepcionalmente difícil mantener seguros a los jugadores: debido a la alta transmisión del virus y naturaleza a menudo asintomática, cualquier breve exposición al mundo exterior podría traer al virus a la esfera sellada y desatar una grave situación.

Por el contrario, si la MLB se toma su tiempo, Phoenix podría haber superado su primer pico. La mayoría de la gente infectada se volverían inmunes después de recuperarse, lo que dificultaría el avance del virus. Brotes ocasionales en la burbuja del béisbol podrían dar menos posibilidades a importar el coronavirus. Y quizás la sociedad desarrolle mejores medidas (normas sobre usar mascarillas, seguimiento del contacto rápido, o tratamientos más efectivos) para limitar los daños de la exposición.

En el otro escenario, la MLB se toma más tiempo para que comience el juego, pero es más probable que siga jugando una vez que comience la temporada. Si el comisionado intenta actuar agresivamente para empezar el béisbol en junio, asumen un alto riesgo de tener que pararlo por completo de nuevo en julio o agosto si un brote emerge dentro del béisbol.

Empezar pronto es una proposición de alto riesgo y poca ganancia: en el mejor caso, la MLB consigue encajar una temporada casi completa; en el peor, solo jugaremos una docena de partidos antes de la cancelación. Empezar más tarde (quizá a finales del verano) reduce el riesgo, pero (sobre todo si la temporada se desarrolla en Arizona) pueden seguir jugando en otoño y quizá conseguir jugar casi todo el espectro de partidos, solo que con retraso.

Por supuesto, nadie (ni el Comisionado) sabe lo suficiente sobre el coronavirus para decir con certeza qué acción es correcta. Pero el pensamiento de que la MLB actúe muy agresivamente y dé lugar en un riesgo innecesario de jugarse la vida del personal de apoyo y las familias de los jugadores, pesa mucho. Mejor tener una temporada segura más tarde que una temporada peligrosa pronto.

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