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Image credit: Jeff Curry-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Baseball Prospectus está dedicado a entregar lo último en análisis e investigación beisbolística. Sin embargo, esta semana vamos a dar un paso hacia atrás y mirar algunas estadísticas que en un momento parecieron ser el futuro, o al menos pasar a formar una pequeña parte de él. El propósito de este ejercicio es el celebrar los pasillos y callejones de nuestro pasatiempo favorito dentro de nuestro pasatiempo favorito, al tiempo que damos un paseo por el cementerio estadístico del béisbol.

Bill James nació en Kansas City y apoyaba al equipo de la ciudad, pero su espíritu pertenecía a un poco más al oeste, en Omaha, Nebraska. Fue ahí donde un muy humilde primera base con cuerpo de electricista luchó en Triple-A. Se llamaba Ken Phelps.

Phelps no podía hacer mucho. No podía batear bien a los diestros, no podía correr las bases aunque estuviesen a seis metros de distancia, no podía fildear, y tenía un swing como un cuarentón levantando un sofá a un camión de mudanzas. No es que importara; los Royals eran buenos a principios de los 80s, y particularmente fuertes en las dos únicas posiciones en las que Phelps podía jugar, con Willy Aikens y Hal McRae sirviendo como dos de los mejores bateadores del equipo. Al final de su temporada de 27 años, Phelps obtuvo 36 apariciones al plato en Grandes Ligas y alcanzó base en seis de ellas. No había razón para pensar que habría una 37ª aparición.

Pero para James, Phelps era un símbolo perfecto para todo lo que creía como analista. El tipo era la pesadilla de cualquier visor. Sus defectos, tan aparentes como ese bigote infinito, y aún así James sabía que pertenecía en un equipo de béisbol. Eventualmente, en su Abstracto de Béisbol de 1987, crearía el equipo de estrellas de Ken Phelps, una colección de no-prospectos en cada posición que merecían, como Phelps, obtener trabajos en las Ligas Mayores. Pero ya había sentado las bases para la difícil situación de todos los Phelps dos años antes, cuando introdujo lo que describió como el avance más importante de los muchos que creó: la ELM.

Hoy en día tendemos a pensar en la Equivalencia de las Ligas Mayores como una simple herramienta de traducción, un ajuste muy parecido a un efecto de parque o el tipo de gimnasia mental que realizamos para comparar jugadores de distintas épocas. Es más probable que lo encuentres hoy en día cuando un jugador de Japón o Corea cruza el océano, y los analistas se ponen sus anillos decodificadores para estimar qué tipo de bateador de Grandes Ligas será. Pero para James, y para la época, es importante darse cuenta de que el ELM fue un paso mucho más importante, y más político. Para James, la afirmación desafió cuatro mitos muy arraigados:

  1. Esas estadísticas de ligas menores no tienen sentido para extrapolar el rendimiento de Ligas Mayores porque los jugadores han creado una mística en torno a “probarse” a nivel de las Grandes Ligas, principalmente para proteger sus empleos.
  2. Que los medios de comunicación son igualmente cómplices en la creación de esta ilusión, ya que el poder del mito siempre ha servido como la herramienta principal de venta del deporte en sí y de las secciones deportivas.
  3. Que el béisbol es grande por su conservadurismo, y que las nuevas ideas y los nuevos jugadores desafían no sólo a los que están en el poder, sino también la base incuestionable de que el juego, y la forma en que se desarrolla, ya es perfecto.
  4. Que hay tantas ilusiones en la línea de la estadística de las ligas menores que desenredarla sería dificilísimo, y por lo tanto imposible.

En el sentido de que el mayor logro de Bill James no fue tanto una métrica, sino el avance del béisbol al abandonar sus principios dogmáticos, se podría argumentar que la ELM fue realmente un triunfo. La ilusión del veterano “especial” de las Grandes Ligas está ahora totalmente disipada, socavada primero por James, luego por Billy Beane, luego por Oliver Drake; hoy sólo Tony Clark mantiene la creencia. Mientras tanto, la cuarta y más intimidante de esas advertencias ha sido deshecha por las torres gemelas de la intrépida investigación y el poder de cómputo. El propio James en 1985 consideró el ajuste a la Liga, dada la atmósfera de nivel de Coors Field en la Liga del Pacífico, y a medida que nuestra comprensión de los ajustes se amplió, se realizaron esfuerzos para contextualizar la edad, la repetición de niveles y los perfiles de habilidades.

Y sin embargo, la ELM ha desaparecido en gran medida de la conciencia pública. En el momento de su apogeo a principios de este siglo, estos tipos de proyecciones fueron contrarrestadas por los visores tradicionales, que argumentaban que el éxito en ligas menores no era indicación de un brillante futuro de las Ligas Mayores, como creían los actuarios. El argumento volvió a Phelps, o al menos a los bateadores de Cuádruple-A que encajaban en el generoso molde de Ken Phelps. Algunos bateadores, afirmaban, podían darse un festín con el picheo de Triple-A, pero carecían de las herramientas para enfrentarse a la élite. Lo mismo ocurría con los lanzadores, en particular los que carecían de velocidad de primera o tenían lanzamientos de out en los que apoyarse; los errores que quedaban impunes en las ligas menores hacían que los enviaran de vuelta después de la proverbial “taza de café”.

Como evidencia, los visores podrían señalar los famosos bustos de la historia reciente, los Bob Hamelins y Jeremy Giambis y Ben Grieves, los jóvenes con habilidades de hombres viejos. Treinta y cinco años más tarde, la etiqueta Cuádruple-A sobrevive, aunque quizás un poco más débil que en el pasado.

Muchas de las estadísticas que aparecen en esta serie de artículos no han sido fracasos, sino vínculos evolutivos, y la ELM no es una excepción. A diferencia de esas otras estadísticas, el cambio no fue creado por una metodología superior, sino por un cambio de prioridades. Una ELM para un jugador de una liga menor no está realmente destinado a ser predictivo; es simplemente una traducción de un año de trabajo. La estadística no está realmente muerta, sólo está cocida dentro de un trabajo de mucho mayor alcance: el sistema de proyección.

Los sistemas de proyección modernos trabajan para combinar el puro poder cuantificable de la computadora con el poder no-cuantificable del visor. El primero mejora el poder de las ELM absorbiendo cientos de miles de temporadas de ligas menores, construyendo un modelo de regresión que promedia la forma en que los jugadores se desarrollan a medida que progresan a través del avance y la maduración física. El segundo construye un nivel de intuición en el modelo, confirmando cuáles son los patrones que vale la pena buscar. Algunas habilidades se traducen más automáticamente que otras; el poder en el juego puede aparecer aparentemente de la noche a la mañana, mientras que la defensa en el jardín a menudo aparece en cualquier parche de hierba del país.

La facilidad de traducción de ciertas habilidades es quizás más evidente en jugadores que vienen desde el extranjero. El poder en la Liga Nipona puede disiparse en los Estados Unidos o llegar intacta (ver los Matsuis, K. y H.) Mientras tanto, como hemos visto con lanzadores como Miles Mikolas, el control de élite es una apuesta bastante segura sin importar quién esté en el plato. No es que las métricas independientes de los lanzadores sean más importantes o más valiosas, sólo más fiables.

Y es esto, adecuadamente, lo que nos lleva al círculo completo: gracias al DRC+, las proyecciones de PECOTA han aprendido por experiencia que con los bateadores, el dominio de la disciplina al plato es la habilidad más fiable que puede tener un potencial jugador de Grandes Ligas. En otras palabras: Ken Phelps.

En realidad, no es que la ELM haya experimentado ningún cambio innovador en los últimos 30 años—es que nosotros hemos cambiado. Muchos de esos principios que James defendió, una generación de analistas y fans los han interiorizado. James escribió en una era de narrativas, un mundo en tiempo pasado de páginas y recapitulaciones deportivas. El béisbol de fantasía era apenas una distracción para nerds. Ahora, todos estamos entrenados para mirar hacia adelante. Todos estamos construyendo equivalencias en nuestras cabezas, todos los días. La idea nunca fue de conseguirlo perfecto. Era que nosotros, en el exterior, pudiéramos hacerlo.

Gracias a Jonathan Judge por su ayuda en este artículo.

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