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Image credit: Douglas DeFelice-USA TODAY Sports

Traducido por Marco Gámez

Cuando llegó el Día Inaugural y no hubo beisbol, la nueva realidad de una temporada de béisbol abreviada, o tal vez perdida, se concretó casi por completo. En medio de una crisis global, la MLB parece una pequeña consideración, pero de alguna manera, lo que le está sucediendo al beisbol refleja el impacto del coronavirus en el mundo en general. Independientemente de lo que ocurra de ahora en adelante, Covid-19 aumentará drásticamente la incertidumbre en el béisbol, con efectos potencialmente sísmicos sobre cómo los equipos buscarán ganar campeonatos en futuras temporadas.

Todavía no sabemos qué formato tendrá la temporada de béisbol 2020, ni siquiera si tendremos temporada. Jeff Passan informó, en un par de tuits aparentemente contradictorios, que la liga no se reanudaría hasta que el gobierno eliminara las prohibiciones de grandes reuniones, y también dijo que los jugadores estarían dispuestos a jugar frente a estadios vacíos. Ya sea que MLB encuentre alguna forma de eludir las restricciones del gobierno y organizar una temporada de manera segura o no, lo que está claro ahora es que no será la modalidad completa de 162 juegos que esperábamos hace unos meses.

Debido a las medidas de respuesta ineficaces adoptadas en varios estados donde se juega béisbol (te señalo, Florida), las probabilidades de que la pandemia se contendrá en el corto plazo son escasas, lo que significa que, en el mejor de los casos, podría haber una media  temporada de 100 juegos en sitios neutrales y sin ningún viaje Lo más probable es, casi con toda seguridad, la pérdida de la temporada 2020 por completo.

Pero si la temporada se cancela o simplemente se acorta, un efecto masivo que esto tendrá es claro: cada proyección y estrategia que las oficinas de los equipos han estado empleando está a punto de ser mucho menos segura. Los equipos organizan sus plantillas en torno a ventanas competitivas: períodos de unos pocos años en los que pueden competir y llegar a los playoffs de manera confiable. En el mejor de los casos, una temporada abreviada reducirá significativamente las ventanas competitivas de los mejores equipos; en el peor de los casos, derrumbará las estrategias de la plantilla casi por completo.

Como demostró Dan Szymborski, restar juegos a una temporada tiene el efecto de aleatorizar el resultado. Los dominantes Dodgers, señalados por ser uno de los mejores equipos que PECOTA haya proyectado, pierden casi un tercio de su probabilidad de ir a postemporada si la campaña se corta a la mitad. Del mismo modo, un equipo más débil que podría tener pocas posibilidades en un año normal puede colarse en la división cuando un mes más o menos de juegos es un tercio del total.

El aumento de la incertidumbre impulsado por Covid-19 va más allá del impacto en una sola temporada. Nuestros algoritmos de proyección (así como los más avanzados que han construido los equipos) no tienen forma de hacer frente a esa gran cantidad de datos perdidos. Los analistas podrían idear soluciones alternativas, pero no existe una solución perfecta para el problema de no ver jugar a los jugadores. Los datos perdidos habrían informado de todo tipo de decisiones estratégicas: ya sea para promover un prospecto o extender el contrato de un jugador joven, ya sea para prepararse para el declive de un lanzador o apostar fuerte en una plantilla prometedora. Sin esa información, todos quedarán adivinando.

Incluso una temporada abreviada implicaría una enorme duda sobre cómo les irá a cada bateador y lanzador en el futuro. Las seguidillas de triunfos o derrotas que podrían perder influencia durante los altibajos de 162 juegos se magnifican en períodos más cortos. Las lesiones que podrían haber sanado y revelar que un jugador está de vuelta con toda su fuerza los mantendrán sin respuesta durante este año, dejando a todos con la única opción de rascarse la cabeza y preguntarse.

Todos estos datos faltantes crean un vacío de información. Cuando los equipos tienen más dudas y menos certezas, la respuesta racional debe ser cubrir sus apuestas. Es probable que la agencia libre, que recibió un golpe en los últimos años antes de una pequeña recuperación la pasada temporada de descanso, se desinfle nuevamente el próximo año. De la misma manera que usted o yo dudaríamos en contratar a un empleado si no pudiéramos ver su currículum, los equipos y los propietarios serán cautelosos al comprar los servicios de jugadores de los que han visto menos juegos (o posiblemente ninguna acción).

En los últimos años, hemos visto una especie de crisis de paridad, al menos en la temporada regular, observando cómo dos o tres súper equipos en cada liga dominan sobre opositores que practican “el hundimiento”. (De todos modos, eso ocurre hasta que llega octubre, entonces el caos se apodera de la corona que le corresponde.). Es dudoso que los Dodgers y los Yankees apuesten mucho por continuar sus carreras competitivas cuando las recompensas de ser el mejor equipo de la liga son muy reducidas. Por el contrario, si un equipo que, aparentemente, se perfilaba para “hundirse” logra colarse hacia la postemporada en una campaña de 100 juegos, los pone a pensar si “el hundimiento” sería realmente la estrategia correcta para ellos en el futuro.

En todo caso, Covid-19 ciertamente va a cambiar el formato de esta temporada, pero es posible que también afecte los años futuros. El tiempo para desarrollar una vacuna es largo (entre 12 y 18 meses) y algunos estados y ciudades pueden mantener posteriormente prohibiciones particulares de congregar grupos muy grandes de personas durante bastante tiempo (el proceso de vacunación no será instantáneo). La incertidumbre en sí misma tiene la costumbre de ser contagiosa: tal vez el virus conduzca las negociaciones del CBA (Acuerdo Laboral Colectivo, por sus siglas en inglés) al caos o tal vez solo tenga efectos permanentes en la economía, pero de cualquier manera es probable que los propietarios sean, en adelante, más conservadores.

(Vale la pena señalar también que los epidemiólogos predicen la aparición inevitable de un patógeno como el SARS CoV-2, lo que sugiere que no será el último virus mortal en causar una pandemia).

Sin que nadie sepa cómo será el béisbol dentro de un año o dos o tres, la estrategia, sabermétricamente hablando, más conveniente es ser cauteloso. Es probable que eso se extienda a las nóminas de los equipos, pero puede ir mucho más allá de eso, en términos de estrategia. Al igual que el resto de nosotros debido a esta pandemia, los ejecutivos y dueños de equipos de béisbol tendrán que aprender a vivir sin tener idea de lo que viene después.

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