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Image credit: Joe Camporeale-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Parece imposible definir si habrá temporada de Grandes Ligas en el 2020 por el momento. Si la hay, probablemente será tan corta como para recortar algunos de los agradables giros de fortuna y las pruebas de profundidad que definen la mayoría de las temporadas de béisbol. Podríamos no tener una temporada, pero si la tenemos, podríamos no tener una con un “chico Dodger” sorprendentemente dominante. Pero si se juega la temporada, y si esa temporada produce un chico Dodger, parece sólido suponer que será Zach McKinstry.

El chico Dodger se ha convertido en un acontecimiento anual tan atractivo que, si realmente no lo obtenemos en 2020, se sentirá bastante raro. Desde que Joc Pederson y Justin Turner comenzaron la tendencia hace más de media década, ha habido un impresionante desfile de bateadores de los Dodgers que, ya sea floreciendo tarde o comenzando de nuevo después de venir de otra organización, se han elevado mucho más allá de las expectativas de cualquiera para ellos, ayudando al equipo a mantener su carrera de siete títulos divisionales consecutivos.

Después de Turner y Pederson, salió Andrew Toles, y luego Chris Taylor y Austin Barnes, y luego Max Muncy. El año pasado, tuvimos a Matt Beaty. La necesidad del equipo por estos chicos varía de un año a otro, de tal manera que algunos se convierten en estrellas y otros simplemente se instalan como héroes populares. Pero en todos los casos, estos jugadores, que fueron adquiridos por prácticamente nada y sobre los que el resto de la Liga pensó poco, han prosperado bajo el sistema de desarrollo ofensivo de los Dodgers, al igual que peloteros de alto perfil como Corey Seager, Cody Bellinger, Will Smith y Gavin Lux.

McKinstry está cortado de la tela de un Taylor o un Muncy en términos de habilidades, pero como Smith, Lux, Dustin May, Tony Gonsolin, Devin Smeltzer y Luke Raley, fue miembro del Draft de los Dodgers en 2016. Es un jugador zurdo de cuadro, con la habilidad de jugar en cualquier lugar en la arcilla, pero se estira por el lado izquierdo, atléticamente. No es pequeño, pero no tiene la complexión de un bateador de poder. En la Universidad Central de Michigan, no conectó un cuadrangular durante dos temporadas. Corre bien, pero no roba bases ni se perfila como un defensor-plus en el campo. Es fácil ver cómo salió hasta la ronda 33, pero un poco más difícil ver por qué los Dodgers le pagaron $100,000 dólares (lo máximo que podían dar sin que no contara para su fondo de bonificaciones) para sellar el contrato.

Pero ahora ha encontrado el poder que faltaba en su perfil. Los ajustes a su swing han sacado a relucir el poder latente en su bate, permitiendo que su sensación natural al contacto sólido se desarrolle. No es una historia original en estos tiempos, pero es importante, y no podemos ignorarla simplemente por el ruido de los números en las ligas menores o las estadísticas acumuladas con la bola adulterada. Tenemos que empezar a adaptar nuestras expectativas al ritmo y las tendencias del desarrollo de los jugadores, y esta es una buena oportunidad para hacerlo.

Después de llegar brevemente en 2017 y 2018, McKinstry pasó la mayor parte de 2019 en la Liga de Texas, donde no ha llegado ni la pelota adulterada ni la inflación ofensiva general que esta ha engendrado, pero incluso allá, puso una línea de .279/.352/.455, buena para un 147 DRC+. Cuando recibió la llamada—tardía—a Triple-A Oklahoma City, bateó aún más. En total, conectó 24 dobles, seis triples y 19 cuadrangulares en 479 apariciones al plato. Consiguió una buena proporción de bases por bolas, continuó haciendo contacto a un ritmo sólido, y se desempeñó bien a la defensiva. Durante la abortada temporada de la Liga del Cactus, parecía estar en todo el campo cuando se le ponía, jugando una defensa especialmente impresionante.

Es difícil descifrar mucho de las proyecciones de PECOTA para McKinstry, porque encaja muy estrechamente en nuestras listas de profundidad de los Dodgers. Proyectado para sólo 35 apariciones al plato, no nos deja una línea para desempacar con un detalle especialmente útil. Sin embargo, vale la pena notar que su proyección media de DRC+ es de 97, y alcanzar su proyección del 70% significaría un 106. Si apareciera y proporcionara ese tipo de producción, además de un guante utilitario en el cuadro, los Dodgers se beneficiarían mucho, incluso en una temporada en la que no creen que necesiten mucho de ese tipo de ayudas.

En el Anuario 2017, le dimos a Taylor un lugar en la sección de Lineouts de los Dodgers, y un cumplido medio irónico.

La adquisición de Chris Taylor debe ser considerada un éxito rotundo en base a cuan Zach Lee no es.

Muncy básicamente recibió el mismo trato en 2018.

Max Muncy se comió al picheo de Triple-A, pero es hasta ahí donde llega su bate.

Beaty ni siquiera apareció en el Anuario de 2019. McKinstry consiguió un Lineout para esta temporada, pero su mención fue más auténticamente optimista.

Un maestro a la defensiva, Zach McKinstry orquestó una actuación virtuosa a la ofensiva durante 26 juegos en Triple-A, ganándose una ovación de pie—y un puesto en la plantilla de 40 jugadores.

Tal vez estamos mejorando un poco en esto. Por otra parte, los Dodgers han exigido que todos se den cuenta: son buenos en el desarrollo de los jugadores. McKinstry parece el siguiente en una larga y creciente línea de jugadores que los mantendrá a la cabeza de la clase en la División Oeste de la Liga Nacional durante años, a menos que jueguen 66 partidos, nunca lo llamen a filas, y la variación lleve a los Rockies a la Serie Mundial.

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