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Image credit: Jim Rassol-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

I

Las nubes no podían ser menos ominosas mientras se deslizaban por el brillante cielo azul de West Palm Beach. Debajo de ellas, una mesa plegable y un podio enfrentado a filas de sillas de plástico en la hierba cuidada, un arreglo digno de una improvisada boda en el patio trasero. Ahí, Jim Crane, Alex Bregman, José Altuve y Dusty Baker realizaron declaraciones preparadas sobre el mayor escándalo que ha sufrido el juego en una generación. Luego se realizaron preguntas y las cosas se desmoronaron.

Hemos visto el mismo numerito infinidad de veces: el reporte del sitio TMZ, la negación, la negación de la negación, la desafortunada, grotesca y apurada disculpa, la investigación interna, el leve castigo, la segunda disculpa mecanizada (y donde ahora nos unimos a los Astros, ya en marcha), la percusión en los medios, las repercusiones de la repercusión, la narrativa redentora. Es rarito ver un proceso tan imperfecto perfeccionado a tan alto nivel. Vemos como las celebridades caídas en la desgracia pasan a la clandestinidad por un tiempo y luego reaparecen, sin verse afectados, a pesar de las vidas que han arruinado. O, si pueden, abrazan su persecución como su identidad y la venden a un público distinto. Y observamos en frustración, porque no hay un proceso sistemático para diferenciar la buena de la mala fe. Parece que nunca pagan el precio, porque ni siquiera sabemos cómo hacerlos pagar.

II

Es por esto que concebimos el infierno.

III

Los antiguos atenienses eran un grupo sorprendentemente cínico. Crearon el modelo de organización cívica moderna y la primera democracia de la que se tienen datos. Y en lugar de dedicar su filosofía al potencial de los poderes económicos y sociales al alcance de un grupo de personas que han descubierto cómo cooperar para el beneficio mutuo, el MVP del equipo, Sócrates, pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por la justicia. Desde el principio fue obvio que algunas personas no estaban recibiendo lo que se merecían, lo cual nos llega con Alcibíades, el primer populista de la historia, exitoso a pesar de su ineptitud intrínseca.

Adelantemos la historia y lleguemos a los primeros cristianos, una secta minoritaria perseguida bajo el yugo del Imperio Romano. Ellos también ven cómo sus miembros son ejecutados sin motivo, mientras que los ricos y poderosos hacen cosas terribles sin enfrentar consecuencia alguna. Cuando los propios jueces están por encima del juicio, no hay tal cosa como un juicio, y de repente aparece el nihilismo. El siguiente paso es obvio: apelar a un juez aún más elevado, uno que no pueda ser corrompido, que no pueda ser engañado, y cuyo castigo no pueda ser comprado incluso con toda la influencia y el dinero del mundo.

IV

El béisbol es una actividad amoral. No es inmoral, excepto cuando se jugaba los domingos en durante el siglo XIX, pero absolutamente despreocupado por el concepto de la ética. No es que los atletas sean intrínsecamente malos; es que el acto de jugar al béisbol, la inmersión en su sistema muy rígido, les obliga a dejar de actuar de forma totalmente humana. Tienen que comportarse de la forma en que las reglas les dicen que lo hagan.

El problema es que tenemos a estos cuatro hombres nombrados como jueces, y es su trabajo decidir lo que está bien o mal. Necesitamos umpires, obviamente, porque no se puede tener un deporte competitivo donde el receptor canta bolas y strikes. Pero su presencia crea un problema completamente nuevo. Una vez que tienes puestos diseñados para evitar que la gente haga trampas, se convierte en su obligación evitar que la gente haga trampas, y le quita esa obligación al jugador. Su única obligación moral es ganar—un jardinero que no haya atrapado una línea a su jardín sería humillado si perdiera el juego al reclamar la decisión favorable del umpire. Así es como obtenemos la frase “sólo es trampa si te atrapan”, porque hacer trampa no significa hacer trampa en el sentido moral tradicional. No equivale a inmoralidad, sólo a una descalificación potencial.

V

“Contamos con un estupendo club y espero poder platicar con ustedes acerca del futuro”.—Jim Crane

 “Como equipo, estamos completamente enfocados en prepararnos para la temporada 2020”.—Alex Bregman

 “Nuestro equipo está concentrado en enfocarnos a jugar con intensidad y en traer un campeonato a Houston en 2020”.—José Altuve

La página web Grammarly, la cual ayuda a los angloparlantes a escribir con propiedad, cuenta con una guía para escribir una petición de disculpa. Lo reduce a seis sencillos pasos:

  • Di que estás arrepentido.
  • Acepta el error.
  • Describe lo acontecido.
  • Ofrece un plan.
  • Admite el error.
  • Pide perdón.

Esto es algo bastante ordinario, un esquema que cualquier niño de 10 años podría duplicar, excepto por el hecho de que la mayoría de los adultos siempre se equivocan al intentarlo. Usan la voz pasiva, tratando de protegerse afirmando que “se cometieron errores”, o el condicional, “siento mucho si alguien se sintió afectado”, como si existiera la posibilidad de que no hubiera sucedido. Existe también el favorito tribal, que apareció varias veces durante la conferencia de prensa: agradecer a la ciudad de Houston, no por su perdón, sino por su apoyo, insinuando que es el equipo, agobiado por el peso de pedir disculpas, el que merece nuestra compasión y empatía.

Y luego está el truco final, detallado a través de las citas anteriores: el sentimiento de “sólo queremos enfocarnos en el futuro”. Pintado como un plan, una promesa de que las cosas irán mejor en el futuro, lo que actúa como un acto de poder, un descarte. Decir “estamos totalmente enfocados en el 2020” sigue lógicamente que no hay nada más que decir sobre el 2017, que el acto de reflexión está completado, que el caso está cerrado. Es absurdo a primera vista, dado que cada nuevo día, alguna revelación o conferencia de prensa añade una nueva capa de contexto a este infernal agujero negro de escándalo. Pero sobre todo, no es una decisión que deba tomar Alex Bregman. Los Astros no deciden que es momento de seguir adelante. No puedes forzar a alguien a aceptar una disculpa.

Tampoco puedes forzar a alguien a sentir profundamente por lo que se disculpa. Lo único que puedes hacer es forzarlos a poner unas sillas plegables y a montar un podio.

VI

Todo lo escrito anteriormente es cierto para y por el béisbol. El béisbol tiene un juez, contratado por sus dueños. El Comisionado del Béisbol tiene dos funciones primordiales:

  • Hacer lo que sus jefes, los dueños, quieran.
  • Hacer lo que sus jefes, los dueños, quieran de verdad, incluso si no lo dicen.

Rob Manfred es muy bueno en uno de los puntos anteriores. Pero ha mostrado muy poca intención a interesarse en cualquier asunto relacionado con la salud del juego a largo plazo, y su gestión del escándalo del robo de señales es un ejemplo perfecto de esa perspectiva de corto plazo. Su solución al enterarse del asunto en 2017 fue mantenerlo en secreto, ya que una historia así sería perjudicial para el juego, e intentar intimidar a los equipos para que lo arreglaran ellos mismos. Pero si Manfred no tenía ningún incentivo, los equipos tampoco. Después de todo, para todos los involucrados, sólo sería trampa si los atrapaban.

Obviamente, los iban a atrapar—era imposible que no los atraparan. Actuar como si fuera algo menos que inevitable demuestra la ceguera absoluta del liderazgo de Manfred, y su mirada miope a la siguiente declaración trimestral de ganancias.

Hoy en día, el Béisbol es un juego de pelota que se juega sin umpire.

VII

Las reglas tácitas y no escritas del béisbol están diseñadas para llenar un vacío donde las leyes y las autoridades no alcanzan. Las guillotinas se están ya afilando. Rodarán cabezas.

VIII

No sabemos cómo es la contrición. No hay una fórmula para diferenciar la buena fe de la mala fe. En vez, nuestra sociedad está construida sobre una base legal bajo la cual los crímenes y castigos están ligados al perdón: cuando alguien ha pagado en su totalidad por su crimen, se ha ganado una segunda oportunidad. Esto no funciona, porque sabemos que en el sistema legal, el castigo ya no se correlaciona con el crimen y que el criminal con su estatus. Tampoco funciona porque no todo el perdón se basa en el crimen. Los corazones rotos y los esquemas de golpes a un bote de basura no influyen en la sentencia. Así que cuando el discurso monótono de Alex Bregman asalta nuestros sentidos, no sabemos realmente lo que queremos que nos diga. Lo que sí sabemos es que nunca jamás será lo que dijo.

Y como no sabemos cómo es el camino correcto, siempre habrá hombres como Joe Maddon, que sólo quieren que desaparezca para que “la sanación pueda comenzar”. Como si así fuese como funciona la sanación, olvidar en lugar de perdonar. Lo único que importa es que la máquina siga funcionando, y siga escupiendo dinero, sin importar para qué funcione.

Lo que siempre falta en la disculpa es el plan. No es “las cosas serán diferentes a partir de ahora”, sino “estos son los pasos a seguir para que las cosas sean diferentes a partir de ahora. Así es como sabes que puedes confiar en nosotros”. Nunca lo escuchamos porque requiere la pérdida de autonomía, pero también requiere un nivel de transparencia que rara vez obtenemos de alguien, y mucho menos de las empresas, y mucho menos de las empresas que tienen que triunfar a través del secreto. Despedir a Jeff Luhnow no es suficiente, contratar a Dusty Baker no es suficiente, porque las raíces de este mal no están en las personas, sino en los sistemas. Sistemas que incentivan la victoria sobre la deportividad, hacer trampa sobre la posibilidad de que te hagan trampa. Los Astros no crearon el béisbol moderno. El béisbol moderno creó a los Astros. La única solución es retirar las cubiertas de todo, desde las cuentas por cobrar hasta los recursos humanos, para permitirnos a todos la supervisión.

Nunca habrá nadie, ni un umpire, ni un comisionado, que nos dé eso. Al menos no en este mundo.

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