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Image credit: Quinn Harris-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Es sorprendente recordar lo reciente y rápida que fue la ascensión de Michael Fulmer. El Novato del Año de la Liga Americana en 2016 fue, momentáneamente, el as y la cara de la reconstrucción de los Tigers. Si el equipo que se la pegó de una manera tan brutal después de alcanzar su cima en 2014 hubiera rebotado y vuelto a rendir a buen nivel como algunos imaginaban habría sido bajo el liderazgo de Fulmer (con su ERA de 3.45 y su WARP de 5.3 entre 2016 y 2017). Pero en junio de 2017 nos dimos cuenta de que las cosas no iban a ser así. Ese verano se traspasó a J.D. Martinez, Justin Wilson, Alex Avila, Justin Upton y Justin Verlander. El equipo se sumergió en un largo proceso de reconstrucción. Pero decidieron quedarse con Fulmer. Prefirieron su sinker y su cambio (además de una recta y una slider aceptables) a los distintos novatos de nivel élite que les ofrecieron a cambio.

Todo se fue al garete en 2018. El comando de Fulmer dejó de ser el mismo y su arsenal, un tanto particular, se resintió. A continuación (o quizás fue antes y por eso empezó a tener problemas con el comando) llegaron las lesiones. Las molestias en el antebrazo interrumpieron primero, y finalizaron después, su temporada. Durante los pasados entrenamientos primaverales estuvo un tiempo en el dique seco, problemas mecánicos, nos dijeron. Finalmente se hizo público lo menos deseable: necesitaba cirugía Tommy John y se iba a perder toda la temporada. El mal rendimiento y las lesiones hacen que cualquier oportunidad de conseguir piezas importantes a cambio de Fulmer haya pasado. Los Tigers, entre tanto, se las apañaron para ganar 47 juegos en 2019 y tendrán suerte si no pierden 100 en 2020.

Con estos antecedentes el GM de Detroit, Al Avila, haría gala de una cabezonería y una miopía notables (y poco envidiables) si no intenta traspasar a Matthew Boyd a toda costa. En las cinco semanas que nos separan del comienzo de la Grapefruit League Avila necesita hacer todo lo posible por encontrar el traspaso ideal para Boyd. Si no lo logra estará condenando a su equipo a una prolongación de lo que ya es una reconstrucción larga y penosa. Boyd, que cumplirá 29 años el mes que viene, tiene tres temporadas de control y a pesar de permitir 39 home runs (récord de la Liga Americana en 2019) acumuló un buen 3.9 de WARP. Es el as y la cara del equipo, y lo seguirá siendo hasta que Casey Mize se establezca en las Mayores. Pero lo cierto es que el único valor que tiene para los Tigers radica en su traspaso.

Se ha hablado mucho del ajuste de Boyd en su slider, ese lanzamiento y su recta son ahora una combinación devastadora. Necesita confiar más en su cambio, utilizarla más a menudo durante los primeros compases del partido para mantener a los bates diestros más a raya. También necesita mejorar el comando de su recta de cuatro costuras en la parte exterior ante distros. No obstante Boyd posee las habilidades necesarias para convertirse en un abridor de primer nivel. Su spin rate y su release extension son muy buenos. Los equipos lo ven como una pieza atractiva.

Los Tigers necesitan renovar su roster al completo. Mize es un gran nombre, Matt Manning, Tarik Skubal, Joey Wentz y Alex Faedo también prometen. Mientras que Spencer Turnbull ya parece listo para aportar en la MLB. La posibilidad de que todos estos lanzadores se acaben convirtiendo en grandes ligas de cierta solidez es la misma de que Fulmer vuelva a ser un crack (es decir, muy pocas). Pero importará poco si la organización no es capaz de reforzar el fildeo y la ofensiva. Avila necesita convertir a Boyd en jugadores de campo.

Hay cierto riesgo en apegarse a Boyd y dejar que su momento más dulce se desperdicie. Ha lanzado 645 entradas en cinco temporadas en Grandes Ligas. Tiene una efectividad de 4.92, un cFIP de 111 y un DRA de 118. Su reciente reinvención es tan real como notable. Lo ha convertido en un pelotero ilusionante, pero existe la posibilidad de una regresión. Si no mejora su comando y no se decide a expandir su arsenal seguirá siendo muy vulnerable a los cuadrangulares. A día de hoy el béisbol cambia de tendencias a una velocidad asombrosa. Existe la posibilidad (remota, eso sí) de que los ajustes realizados por Boyd queden obsoletos ante la rapidez con la que muta el juego y se vea obligado a reinventarse de nuevo.

Son poco los traspasos que involucren a abridores con tres años de control, por lo que es difícil establecer lo que sería un intercambio justo. Lo que los Mariners consiguieron a cambio de James Paxton podría ser un buen punto de partida. A Paxton le quedaban dos años de control cuando dejó Seattle para recalar en los Yankees a cambio de un grupo cuyo principal activo era Justus Sheffield. Dylan Bundy es un ejemplo algo más reciente, pero su repertorio y su 2019 son bastante peores que los de Boyd. Esto hace difícil de imaginar a los Tigers traspasando a Boyd por un paquete de desconocidos, como hicieron en Baltimore al mandar a Bundy a Anaheim en diciembre.

Entre los principales contendientes hay al menos seis equipos (Cubs, Dodgers, Astros, Angels, Brewers, Twins y Athletics) que podrían buscar mejoras en la rotación. Los abridores remotamente ilusionantes que había en la agencia libre ya han firmado. Los últimos coletazos de un mercado que ha estado bastante movido le dan a los Tigers ciertas oportunidades. Si no las aprovechan la temporada puede ser otra pesadilla inútil. Hay cosas ilusionantes en el sistema de granjas, pero insuficientes.

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