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Image credit: Darren Yamashita-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Los Oakland Athletics alcanzaron la postemporada en 2019, pero su rápida salida tras el Juego de Comodín a manos de los Tampa Bay Rays ya parece una memoria lejana. Durante las últimas 20 campañas, Oakland ha alcanzado la postemporada en 10 ocaciones pero no han podido llegar a la Serie Mundial en ese lapso. Sus dos últimas apariciones en postemporada terminaron como esta última—con una derrota en el Juego de Comodín, lo cual les impidió verdaderamente competir. La lista de peloteros quienes lideraron al club en esas 10 temporadas es bastante impresionante y es una colección de “quién es quien” de las últimas dos décadas en Oakland: Jason Giambi, Barry Zito, Tim Hudson, Eric Chávez, Josh Donaldson y Matt Chapman.

Pero hay un nombre que falta en la lista y, si no estuviste rascando en las tablas de clasificación regularmente esta temporada, es posible que te lo hayas perdido por completo. Ese nombre es Marcus Semien y lideró a los A’s en 2019 con un asombroso 7.5 WARP, cuarto entre todos los jugadores del béisbol, detrás de Cody Bellinger (8.0) y por delante de Nolan Arenado (7.1). Semien fue el jugador más productivo en el béisbol en su temporada de 28 años, por delante de Jorge Polanco (5.3) y de Trevor Story (4.9). Sólo cinco jugadores en 2019 saltaron al terreno de juego para su equipo 162 veces y, lo adivinaste, Semien fue uno de ellos. Su nombre no será el primero en ser considerado en las discusiones de la carrera del Jugador Más Valioso de la Liga Americana, pero se espera que esté bajo consideración.

Con los continuos cambios físicos y estratégicos en el béisbol durante las últimas temporadas, este tipo de despuntes vienen con un cierto “sentimiento”. Esto puede ser un poco injusto, pero los cambios de swing, el aumento de la velocidad, el entrenamiento en realidad virtual, las tasas de rotación desarrolladas en laboratorios y cosas por el estilo son, sin duda, mejoras de la “nueva ola”. Son muy reales y muy valiosas. Cuando se produce un despunte, este autor ha sido culpable de buscar la ventaja: ¿qué nuevo truco aprendió el jugador para convertirse en un monstruo? A menudo, hay una respuesta muy clara, como un jugador analizando datos para descubrir qué lanzamientos pueden lanzar más fácilmente o un lanzador usando la última tecnología para cambiar el giro de su bola rápida para obtener más abanicadas en la zona. La información está ahí, y nunca ha estado más fácilmente disponible. Los jugadores de béisbol siguen utilizando los datos a su favor y les está ayudando a despuntar para alcanzar mayores alturas que nunca antes.

La campaña 2019 de Marcus Semien no se ajusta a ese molde. Para empezar, no salió exactamente de la nada y consiguió 5.4 WARP en 2018. Esa cifra, sin embargo, fue de gran ayuda por su candente y debatida defensa en las paradas cortas: en 2018 publicó 16.2 Carreras en fildeo por arriba del promedio (FRAA por sus siglas en inglés), la cifra más alta en su carrera. El DRC+ de Semien en 2018 fue un poco llamativo 99, ya que sólo bateó un .255/.318/.388. La temporada 2019 le vio volar más alto, y de una manera diferente en conjunto, ya que el bat hizo el trabajo sucio. Puso una línea de .285/.369/.522 con 33 cuadrangulares, buena para un DRC+ de 135—el decimotercer DRC+ más alto entre jugadores con al menos 500 apariciones al plato en esta temporada. Mientras que su defensa retrocedió un paso hacia las normas de su carrera en 2019, sus cifras ofensivas superaron con creces las expectativas de todos.

Entonces, ¿cuál es el truco y cómo lo hizo? En estos tiempos, tendría que haber algo que desencadenara el arrebato ofensivo de Semien y lo elevara a candidato al MVP, ¿o no? ¿Algún vídeo a cámara lenta, algún sensor corporal, algún dato que lo llevó a estas nuevas alturas? El cambio más significativo que Semien admitió públicamente fue un nuevo bat, más corto y más ligero. Le dijo a The Athletic que le gustaba lo rápido que se sentía sus manos con el tolete más pequeño y que no le preocupaba renunciar a la masa, sino que se dio cuenta de que para él, siempre ha sido precisamente la forma en que contacta con la pelota lo que determina su poder más que su fuerza bruta.

Venga, muy bien, pero esto no convirtió a Marcus Semien en uno de los jugadores más productivos del béisbol por sí solo, especialmente si se tiene en cuenta que no se decidió por el famoso bat hasta principios de junio. No cambió su swing drásticamente. Tampoco cambió la velocidad de su swing drásticamente. No empezó a jalar la pelota ni dejó de jalarla. Ni siquiera cambió sus tasas de elevados o de roletazos de manera significativa desde la temporada anterior. Lo que hizo fue abanicar un poquito menos a lanzamientos fuera de la zona de strike e hizo contacto con un número menor de ellos también, mientras que hizo un poco más de contacto en los lanzamientos dentro de la zona. El efecto cumulativo fue menos mal contacto y mejores números en su tasa de bases por bolas (11.6%) y la tasa de ponches (13.7%). Un ojo más agudo (y tal vez un bat más pequeño y definitivamente una pelota adulterada) transformó a Semien de un pelotero a quien no debes cometer un error a un tipo a quien simplemente no querrías enfrentar en absoluto.

En 2018, Semien no era un bateador alocado ni mucho menos. Hizo buen trabajo contra sus rivales, al priorizar lanzamientos en la zona de strike, aunque la expandía de vez en vez.

Aunque esas tendencias no eran extremas, las arregló en 2019 para jalar del gatillo de manera muy selectiva. Las tasas de abanicada en los bordes de la zona tendieron a disminuir un poquito esta temporada.

Más buen contacto, menos mal contacto. Más caminatas, menos ponches. Más conteos buenos para hacer daño, menos conteos malos para ser puesto out sin gloria. La “revolución” de Semien no es en absoluto una revolución. No se rehizo a sí mismo en un laboratorio ni desbloqueó la llave de su swing viendo algún tipo de video infrarrojo de la KGB. No, sólo apretó su enfoque de la manera en que uno esperaría que lo hiciera un hombre que está en su quinta temporada completa y que ya ha visto muchos lanzamientos de Grandes Ligas. Después de todo, 2019 no fue su primer viaje y los jugadores profesionales de béisbol tienden a ser personas profundamente competitivas.

A pesar de todo lo que sucede hoy en día gracias a los avances tecnológicos, parece que algunos todavía ocurren a través del ósmosis, aparentemente. Para Semien, el momento era perfecto. Hizo un cambio tangible en la caja de bateo al determinar qué lanzamientos valían la pena y cuáles no. Mientras tanto, jugaba en un ambiente que premiaba tremendamente su discreción. El bat más pequeño puede haberle ayudado a decidir y a conseguir más lanzamientos en ciertas ubicaciones, pero ciertamente pareció mejorar su confianza. Marcus Semien es un candidato al MVP de la Liga Americana porque elevó su juego de una manera importante. El hecho de que lo hiciera sin un ajuste extremadamente visible para conectar la pelota a expensas del incremento de los totales de ponches parece hoy en día contrario a la intuición. Pero eso no lo hace menos impresionante.

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