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Image credit: Brad Mills-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Si miras a las temporadas recientes y piensas “vaya, parece que hay muchos peloteros que apenas llegan y ya dominan a los lanzadores desde su primera temporada”, pues no estás solo. La velocidad en la que ellos van de “ligamenorista” a “estrella” parece incrementarse, cambiando a las Grandes Ligas a una época de talento joven y dinámico.

Este fenómeno ya ha sido explorado en cierta medida por nuestro colega Zach Crizer, pero yo quiero abordar el tema desde otro ángulo. Crizer midió la calidad de las primeras 200 y 400 apariciones al plato de cada jugador. Yo quiero mirar el volumen de jugadores* quienes podríamos ver como debuts con “éxito”, poniendo el éxito a un nivel relativamente bajo: 1 WARP. De hecho, 1 WARP no es un estándar alto para el desempeño de una temporada completa, pero al poner el nivel ahí nos asegura poder capturar temporadas parciales también.

*Este conjunto de datos sólo ve bateadores y excluye lanzadores.

 Mirando hasta 1950 y comparando la cantidad de temporadas de debut que exceden 1 WARP del número total de debuts nos permite ver el porcentaje de debuts “exitosos”.

También podemos ver los números brutos de tanto los jugadores debutados (línea azul) y los debuts “exitosos” (línea roja):

Si bien hay cierta volatilidad en la primera gráfica, parece haber una reciente tendencia al alza en los últimos años, con 2015 representando un pico, ya que el 21% de los novatos que hacen su debut cruzan el umbral de 1 WARP. A partir de alrededor de 2005, vemos un aumento en el porcentaje de temporadas de debut en WARP de más de 1 año en el rango de dos dígitos, donde ha residido desde entonces, excepto en 2011-12.

Esto puede ocurrir de diferentes maneras, y la respuesta más probable es que los equipos hagan un mejor trabajo de entender cuando alguien está listo para las Grandes Ligas, con mejores regimientos de entrenamiento, una mayor preparación y el uso de nuevas tecnologías por parte de los propios jugadores. También podría apuntar a equipos que mantienen a los jugadores en las ligas menores más tiempo del que deberían, lo que hemos visto repetidamente con la manipulación del servicio, permitiendo que un prospecto preparado para subir se mantenga en las ligas menores más tiempo para luego estar más que listo para el éxito inmediato al llegar a las Mayores.

Sin embargo, fuera del 2015, los porcentajes no hablan realmente del por qué parece que el béisbol está rebosante de jóvenes talentos de una manera que no hemos visto antes. Vemos porcentajes en la mitad de la adolescencia desde 1950, aunque con un poco menos de consistencia que en la actualidad. La línea de tendencia es un poco más clara en nuestro segundo gráfico.

No sólo estamos viendo a los jugadores debutar y ganar 1 o más WARP más consistentemente de lo que hemos hecho desde 1950, sino que el número de bateadores que están haciendo su debut está aumentando de una manera significativa. Esto es lógico en una era de expansión de los bullpens y de los relevistas anónimos que lanzan a más de 95 mph (152.8 kph) y la cantidad de recambios que vemos en los lanzadores número 12 y 13 en el relevo. Pero recuerda que este conjunto de datos es sólo para bateadores. El éxito cada vez mayor de novatos obteniendo un rendimiento útil y por encima del nivel de reemplazo es parte de la razón por la que los gerentes generales han sido reacios a gastar dinero en la agencia libre de clase media—o que estos jugadores tengan suficiente tiempo de juego para acumular más de 1 WARP en estos días es un síntoma de la falta de voluntad de los gerentes generales para pagar a los agentes libres de clase media que de otra manera ocuparían estos puestos de la plantilla.

Hasta ahora, nuestro análisis se ha centrado en que el béisbol se ve inundado de jugadores que, en el peor de los casos, son de utilidad en sus primeras temporadas, pero un componente crucial de la sensación que obtenemos cuando vemos a jugadores dinámicos pero inexpertos no es sólo que están haciendo su debut, sino que son, pues, tan jóvenes. Para ello, dividí el mismo conjunto de datos en bloques de 25 años (20 años para el bloque final), para ver si y cómo están cambiando con el tiempo las edades en las que se estrenan estos exitosos debutantes. En esta gráfica, la línea azul muestra el número de debuts “exitosos” entre las edades de 18 y 30 años entre 1950-1974. La línea roja cubre el período 1975-1999 y la línea verde el período 2000-2019:

Mientras que los extremos de esta tabla muestran diferencias mínimas, la década del 2000 se caracterizó por la explosión en el número de debutantes en casi todas las edades, especialmente si se tiene en cuenta que hay cinco temporadas menos de datos dentro de ese bloque (es justo mencionar que los primeros años tienen menos equipos debido a la expansión como una forma de equilibrar esto). Tampoco es sólo la mitad de la curva, ya que se puede esperar que las edades de 23 a 25 años experimenten la mayor parte de la oleada, pero también podemos ver el aumento en las edades de 20 a 22 años, lo que explica los recientes debuts de Fernando Tatís, Jr., Ronald Acuña, Jr., Bo Bichette y Keston Hiura, entre otros. Pero, lo que es más importante, no son sólo las superestrellas con las que estamos viendo esto, sino también tipos como Austin Nola, Harold Ramírez y Matt Beaty. Puede que no sean los nombres más llamativos, pero están desempeñando funciones válidas e importantes en sus equipos, funciones que de otro modo no les serían confiadas en épocas pasadas.

No es extraño ver esta tendencia, dado el aumento en el número de jugadores que debutan, pero sí da crédito a la noción anecdótica de que estamos en medio de una avalancha de novatos que son productivos de inmediato, y que están siendo más jóvenes de lo que han sido en la memoria reciente. En investigaciones posteriores me enfocaré no sólo el volumen de jugadores que están experimentando debuts “exitosos”, sino también el grado de éxito en esas temporadas, estableciendo no sólo una línea de base, sino también analizando su calidad.

 Con mi agradecimiento a Lucas Apostoleris por su ayuda en la investigación.

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