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Image credit: © Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

El pasado mes de mayo, Jeff Passan escribió en ESPN algo que es un secreto a voces en la industria: los equipos de Grandes Ligas firman contratos con jugadores internacionales de 13 años de edad, y muchos de los talentos clave ya están fichados a los 14 años. Esta práctica va contra las propias reglas de las Grandes Ligas, las cuales previenen fichar a jugadores menores de 16 años.

De alguna manera, a pesar de que estos acuerdos son secretos abiertos cada año, nunca les pasa nada a los equipos que los hacen. Las Grandes Ligas han adoptado generalmente una postura de “no ver el mal, no oír el mal” en los fichajes de jóvenes. Escucharás varias racionalizaciones sobre el por qué: que todo el mundo lo hace, que las reglas en su contra no pueden ser aplicadas, que los acuerdos no pueden ser descubiertos fácilmente, o que la única manera de regularlo y arreglarlo es a través de un draft internacional.

Sin embargo, incluso cuando tenían que hacer un hallazgo objetivo de que un equipo llegaba a un acuerdo con un jugador antes de tiempo, evitaban las consecuencias. Volvamos al escándalo de los Braves/John Coppolella de 2017. Tal vez recuerdes que como parte de ese escándalo, la Oficina del Comisionado encontró que los Braves tenían un acuerdo con Robert Puason, un prospecto inelegible para firmar hasta el 2 de julio de 2019. Fue revelado porque los Braves fueron penalizados por “empaquetar” a otros jugadores del agente de Puason para eludir las reglas de bonificación; básicamente, estaban eludiendo las reglas de bonificación para pagar a Puason extra por debajo de la mesa.

Puason tenía sólo 14 años cuando su contrato con los Braves se hizo público, y obviamente era aún más joven cuando las cosas se pusieron feas. (De hecho, Passan utilizó la firma de Puason como ejemplo de un acuerdo que se acordó a los 13 años.) El sólo contar con el acuerdo era ilegal, y exactamente el tipo de cosas por las que los Braves deberían haber sido duramente castigados.

Pero no hubo ninguna penalización para Atlanta por llegar a un acuerdo con Puason tan pronto como les fue posible. El equipo sí fue duramente castigado por la parte del acuerdo del paquete, bajo el pretexto de que era una manipulación ilegal de las reglas internacionales del fondo común de bonificaciones de las Grandes Ligas. Ese es un tema en el que el Béisbol ha tomado una línea dura, incluyendo el castigo a los Boston Red Sox por un esquema de empaque similar en 2016.

Con los Bravos fuera de escena, Puason volvió a estar en el mercado. Poco después de que los Braves fueran prohibidos en firmarlo, se corrió la voz en toda la industria del béisbol de que los Oakland Athletics habían llegado a un nuevo acuerdo con Puason por alrededor de o un poco más de $5 millones de dólares, una bonificación ligeramente más alta de la que se esperaba que obtuviera originalmente con Atlanta. Fue reportado públicamente por múltiples medios de comunicación en cuestión de meses, bajo los típicos eufemismos de “se espera que firme” y “el favorito de la industria para firmar”, y de hecho Puason firmó con Oakland en julio por $5.1 millones.

Estoy usando aquí a Puason como ejemplo, ya que todo fue tan inusualmente público, pero este no es un problema de Robert Puason, un problema de los Atlanta Braves, o un problema de los Oakland Athletics. Este es un problema de las Grandes Ligas del Béisbol, que ocurre docenas de veces al año (de manera conservadora) con una amplia gama de chicos de diferentes países.

Nadie va a intervenir. La propia liga lo ha autorizado de facto por su propia inacción. El sindicato de jugadores profesionales, dispuesto desde hace mucho tiempo a traicionar a quienes no son miembros y que está encargado de proteger de manera colectiva, está luchando otras batallas. Casi todos los equipos se involucran en este tipo de conducta en el mercado internacional de agencia libres.

Todo esto está mal. El hecho de que sea un error interpretado por un amplio sector de la liga no lo hace menos malo. Es moralmente incorrecto apretarle las tuercas a los niños de 13 y 14 años con el propósito de ganar más dinero en el deporte. En pocas palabras, si un sistema se construye sobre la explotación de los niños pobres de otros países, es tan lejos en la línea moral que no creo que cualquier persona razonable pueda estar en desacuerdo. Si excusas al sistema que provoca esa explotación porque “en realidad es una combinación de identificación de talentos y mantenerse al día con los rivales”, entonces yo diría que tus prioridades están seriamente fuera de lugar.

Sin embargo, centramos la discusión de un draft internacional en torno a los equipos, la eficiencia del proceso, al equilibrio competitivo y la equidad de la competencia. Centramos la discusión sobre las bonificaciones en si las entidades corporativas más ricas pagan demasiado porque los jugadores están demasiado verdes y/o demasiado jóvenes para evaluarlos adecuadamente. Centramos la discusión en si la MLB hace cumplir sus propias reglas alrededor de los detalles técnicos de cómo lo harían, y al hacerlo les permitimos ni siquiera intentarlo.

Sabemos de hecho que las Grandes Ligas de Béisbol sabían que los Braves habían llegado a un acuerdo con Puason, claramente, al menos 21 meses antes. Podrían haber elegido enviar un mensaje contundente a los 30 clubes para que dejen de contratar a chicos tan jóvenes. Una penalización que altere seriamente las finanzas de la franquicia sólo tendría que ocurrir una vez. Actuaría como un elemento disuasorio para todos en el deporte durante muchos años.

Eligieron preocuparse por la manipulación del dinero en su lugar.

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