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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Carlos Pérez

En mayo, me di cuenta que a los bateadores emergentes, hasta ese punto en la temporada, les estaban yendo bastante bien. La semana pasada lo desarrollé más, y escribí que los bateadores emergentes han mejorado bastante esta temporada, en comparación a otros jugadores, que en cualquier otro momento de la era divisional (desde 1969). En ese tiempo, los bateadores emergentes tenían un OPS de .721. Los jugadores de posición, cuando no bateaban como emergentes, tenían un OPS de .770. Esa brecha de 49 puntos es la más baja que he visto nunca.

Eso me hizo pensar. Como ya he escrito, en nuestro Anual y en cualquier otro lugar del sitio, los cuerpos de pitcheo de 12, 13 y 14 hombres han reducido los puestos para jugadores de campo en los banquillos. Cada equipo tiene un receptor suplente, un infielder multiusos, y un jardinero extra. Pero no hay espacio para los especialistas de bateo emergentes del pasado: aquellos como Lenny Harris (883 apariciones como emergente desde 1989 a 2005), Manny Mota (593 de 1962 a 1982), y Smoky Burgess (589 desde 1949 a 1967). Pensé que a los bateadores emergentes, en total, les debería ir peor, no mejor.

Pero entonces pensé que quizá estaba viendo esto de manera equivocada. Los bateadores emergentes en el juego de hoy quizá sean el receptor titular de ayer o el tercera base titular de mañana. Están en más partidos. Están en mejores condiciones. Así que quizás es por esto por lo que, comparados con otros bateadores, no están tan mal como en el pasado.

Lo que pensé que seguía era la Penalización del Bateador Emergente. Este concepto, introducido por Tango, Lichtman y Dolphin en The Book, dice que los bateadores, en general, rinden peor cuando son llamados como emergentes. Las razones son muy obvias: un emergente entra en el partido frío, enfrentándose a un lanzador al que no ha visto en turnos previos, normalmente un relevo especialista.

En 2006, Andy Dolphin encontró una penalización de bateador emergente igual a 21 puntos de promedio de embasamiento ajustado (wOBA, por sus siglas en inglés) en 2000-2005. En 2013, Mitchel Lichtman analizó los años 1998 a 2012, durante el cual los bateadores emergentes se enfrentaron a lanzadores titulares que tenían un wOBA 19.5 puntos más bajo que en otras apariciones al plato. Los bateadores emergentes que se enfrentaban a relevos (excluyendo apariciones al plato en la novena entrada o posterior) tenían una penalización de wOBA de 12.8 puntos.

Asumí que la penalización está viva y coleando. Así que la probé, usando OPS como mi métrica de bateo. Voy a explicar mi metodología, así que, si eso no le interesa, sáltese los siguientes dos párrafos.

Usé el método delta para realizar este análisis. Para cada bateador con al menos cinco apariciones al plato como bateador emergente y cinco en otras situaciones, calculé su porcentaje de embasamiento, porcentaje de slugging, y OPS en sus apariciones como emergente y sus otras apariciones al plato. Computé la diferencia en el rendimiento entre las dos situaciones, y las ajusté según la situación en la que tuvo las menos apariciones al plato.

Por ejemplo, en 2018, Hunter Pence tenía un OPS de .575 en 44 apariciones al plato como emergente. Su OPS en sus 204 apariciones al plato restantes fue .593. Así que le di a sus 18 puntos de penalización un peso de 44. Para cada temporada, calculé el promedio ajustado de todos los bateadores.

Vamos a los números. Miré la era de los 30 equipos, de 1998 a 2018. Durante ese período, la Penalización del BE fue de 50 puntos de OPS. Varía de 12 puntos en 2009 a 80 puntos en 2011. Aquí está, gráficamente:

Si puede ver un patrón aquí, usted es mejor que yo.

Especialmente si su patrón anticipó lo que pasó este año (todos los datos son de 2019 hasta los partidos del domingo):

La penalización del BE, medida en OPS, es negativa. Los bateadores están bateando mejor cuando emergen que en otras apariciones al plato, por 16 puntos de OPS.

Pablo Sandoval tiene un OPS de 1.074 en 45 apariciones como emergente, .766 en otras apariciones. José Osuna tiene un OPS de 1.200 como emergente (26 apariciones al plato), .736 de otra manera (64 apariciones). Rosell Herrera, OPS de .994 cuando emerge (25 apariciones), .504 cuando no.

Sí, claro que estoy escogiendo esos ejemplos, pero son solo algunos casos de un patrón más grande. Un patrón más largo que admitiré que no entiendo.

Específicamente, no entiendo cómo la penalización del bateador emergente se ha dado la vuelta. Pero tengo una idea de mi artículo la semana pasada. Nuestro usuario Newsense escribió:

Mi primer pensamiento fue que la pelota alterada y la ratio de HR están aumentando la S de OPS más para los emergentes que para cualquier otro.

¡Tiene sentido! Quizá la Penalización del BE está causada por jonrones bateados por bateadores ocasionales que se enfrentan a relevos no tan buenos. Es fácil quitarle el diferencial de OPS al OBP y SLG. Quizá esto muestre la causa de la diferencia.

Bueno, quizá no. La penalización del BE, expresado en porcentaje de slugging, es negativa por tres puntos. Nunca ha sido tan baja antes en la era de los 30 Equipos. Pero la Penalización del BE expresada en porcentaje de embasamiento también es la más baja de siempre, 13 puntos negativos. Los bateadores emergentes están llegando a base y bateando para poder mejor que en los turnos en los que no son emergentes. Eso es nuevo.

Y, como he dicho, no tengo una explicación. Por supuesto, no ajusté estos números para la calidad de los lanzamientos vistos, apariciones en casa y fuera, y la ventaja de pelotón o especialista. Pero salvo que algo haya cambiado dramáticamente en esas tendencias, no explicarían el cambio.

La desviación estándar de la penalización del BE, durante 21 temporadas, es de 23 puntos, así que una penalización no-negativa de 2019 está dentro del intervalo de confianza del 95% (aunque el valor de -16 no está). Por supuesto, es julio. Todavía tenemos dos meses de la temporada por jugar. Las cosas podrían volver a la normalidad. La penalización del BE podría volver.

Pero esta ausencia, para mí, es quizás el aspecto más sorprendente de la temporada.

Gracias a Mitchel Licthman por sugerencias del diseño del estudio.

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