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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Pepe Latorre

La información fluye con más libertad que nunca en el béisbol organizado. No ha habido en las dos generaciones anteriores cambios tan profundos como los que se han producido en el juego en el último lustro. Esto significa que muchos de los grandes jugadores de los últimos tiempos, incluso algunos de los retirados en la presente década, son expertos y maestros de un béisbol muy diferente al que se juega hoy en día, incluso en las ligas menores.

En ese ambiente no se anula el valor de la experiencia, pero se debe intentar que jugadores y entrenadores no se conviertan en prisioneros de esa experiencia—que permanezcan abiertos y receptivos a nuevos conceptos, incluso si estos contradicen los métodos que aprendieron y les llevaron al éxito en el pasado.

Omar Vizquel, con tres apariciones en el Juego de Estrellas y ganador de 11 Guantes de Oro, encaja a la perfección en este nuevo mundo. Está en su segunda temporada como mánager de Ligas Menores, en un equipo afiliado a los White Sox. No está forzando a los novatos a su cargo a hacer las cosas que a él le valieron para convertirse en un gran jugador (como apostar por el contacto y la defensa a la hora de seleccionar jugadores).

“Cuando estaba despuntando me dijeron que bateara roletazos”, me dijo Vizquel. “No se trataba solo de no pegar batazos elevados. Querían que pusiera la bola en el suelo y usara mi velocidad para llegar a la base”.

Vizquel, que siempre fue un jugador pequeño y poco musculoso, cree que cualquier opción de desarrollar bateo de poder se perdió por la instrucción que recibió primero en las Menores y más tarde en las Mayores. Él es, a día de hoy, más abierto que los entrenadores que se encargaron de su formación. Comprende que ahora el desarrollo de un pelotero es un proceso colaborativo.

“Estamos en comunicación constante con la gerencia. Como mánager, es mi obligación coordinar eso”, asegura Vizquel. “Tenemos muchos instructores y coordinadores de temas específicos que vienen de vez en cuando. Ellos tienen sus juguetitos. Le dejamos que los utilicen para tomar medidas y datos sobre los jugadores.”

Esos juguetes de los que habla Vizquel son obviamente cámaras de alta velocidad, mangas con sensores y tecnología portátil destinada a producir estrellas de Grandes Ligas en masa. Vizquel entiende la importancia de esto, pero él y sus colaboradores más cercanos siguen haciendo hincapié en la importancia del trabajo técnico diario y tratando de ayudar a los peloteros jóvenes a mantener los hábitos mentales necesarios para madurar y convertirse en el mejor jugador posible.

Vizquel ve diariamente desde el banquillo un juego que está en constante evolución, aunque en muchos casos esos cambios no son bienvenidos por los aficionados. Habló conmigo en un acto de colaboración entre la MLB y Kingsford en el que participaba como representante y en el que Kingsford le recomendaba a la gente tomarse las cosas con calma y organizar barbacoas. Resulta curiosa esta filosofía si tenemos en cuenta la preocupación cada vez mayor por el ritmo excesivamente pausado de los partidos. Vizquel, que se ha dejado caer por el diamante cada día desde que firmara su primer contrato profesional en 1984, no ve mucho fundamento en esas quejas.

“No creo que haya problemas con la duración de los partidos o el ritmo del juego”, dijo. “Trabajando como entrenador en las Ligas Menores no he visto a un ampayer que defendiera el reloj de picheo. Quizás notas cuando alguien está lanzando muy lentamente, pero el juego todavía fluye. Siempre lo hará. Cada uno se toma el tiempo que necesita para estar listo”.

El punto de vista de Vizquel (como el de Pollyanna) [nota del traductor: Pollyanna es la protagonista de unas historias infantiles que destaca por su optimismo] es refrescante y está lleno de honestidad. Se puede encontrar a gente que haya pasado más años consecutivos trabajando en el béisbol organizado, pero no es sencillo. Cuando Brad Ausmus fue destituido como entrenador de los Tigers, Vizquel no fue el elegido para sustituirle. A pesar de esto no tuvo problema alguno en irse a las Menores. De esta manera queda demostrado su entusiasmo por el juego. Solo así se entiende que no se quede atrás pese a la rápida transformación que está sufriendo el béisbol.

Vizquel bateo segundo en el orden durante buena parte de su carrera, encajado en una alineación histórica de Cleveland en la que probablemente debería haber bateado octavo o noveno. Admite que con toda probabilidad el Vizquel entrenador no hubiera hecho batear al Vizquel campocorto tan arriba como lo hicieron sus mánagers. “Depende de que tipo de alineación tengas”, comenta entre risas. “Ahora es muy habitual que el mejor bateador ocupe la primera o la segunda posición porque tiene más oportunidades de batear de esta manera. Así que si me tuviera a mí como bateador, con algunos agujeros en el orden y yo en mi mejor momento con un promedio de .280, quizás me pondría en la parte alta. Pero si tuviera un grupo capaz de pegar 20 o 25 cuadrangulares me pondría octavo o noveno”.

Como oriundo de Venezuela, Vizquel también ha visto crecer y evolucionar el flujo de peloteros que llegan desde su país a las Grandes Ligas. Considera que ha sido algo mayoritariamente positivo.

“Cuando yo llegué la gente te miraba y pensaba en (Luis) Aparicio y (David) Concepción. Te empujaban (hacía ciertas posiciones)”, señala Vizquel. “Pero ahora, con las academias y las escuelas que se han creado puedes encontrar jugadores en cualquier posición. En esas escuelas y academias se ha moldeado la manera en que se juega al béisbol en Venezuela”.

El futuro del juego allá (y los posibles jugadores que vayan a las Mayores) es muy incierto ahora mismo por la situación económica y política. Pero el optimismo de Vizquel vuelve a dejarse ver. Ofrece consejo a jugadores jóvenes venezolanos que están intentando llegar al profesionalismo. Recomienda que se centren en los sistemas de apoyo que aún existen.

“Vayan a las academias. Vayan a las escuelas, busquen apoyo en la gente. Ojeadores, familia o quien sea que crea en ustedes y les apoye”, aconseja Vizquel. “Y estén centrados”.

La fortaleza de Vizquel y su negativa a ser intimidado permitieron que dejara su marca en el juego. A menudo la gente tan perseverante y que lucha tanto por adaptarse se acaba convirtiendo en aprendices de por vida. Esa es la situación que Vizquel está sorteando con la misma brillantez con la que lidiaba con los batazos rodados duros y al centro. Todavía va al estadio todos los días. Bebe en las gradas, huele algunas de las delicatesen beisboleras (dice que las arepas son la mejor comida beisbolera venezolana) y se divierte con fanáticos, jugadores, y el juego mismo.

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