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Image credit: Charles LeClaire-USA TODAY Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Ya sabes qué jugadores llevan en sus bates la potencia más alta de la escala sonora. Simplemente lo sabes, es una de esas cosas que los aficionados al béisbol saben sin necesidad de saber que lo saben. Los pequeños scouts no entrenados en nuestros cerebros pueden detectar con seguridad esa habilidad extrema, hasta el punto de que la pregunta, “¿Quién bateará el cuadrangular más largo de la temporada?” no otorga una gran variedad de respuestas.

Giancarlo Stanton, Aaron Judge, Joey Gallo. Las amenazas de poder más potentes y prodigiosas típicamente son aparentes e inmediatas. El primera base de los Pirates Josh Bell puede estar desafiando esa noción. Sí, está despuntando en general, como Gallo, pero se trata del pop primitivo que hace volver la cabeza y amenaza el tráfico aéreo. Tras tres temporadas, Bell exige un lugar en la élite de los bateadores del deporte.

Existen algunas formas de respaldar esta aseveración de forma cuantitativa:

  • Ya cuenta con siete cuadrangulares bateados por encima de las 110 mph (177 kph)—empatado en el cuarto lugar entre ligamayoristas este año. Bien. Esto lo pone entre los líderes. Cabe también mencionar: durante las cuatro temporadas completas que Statcast ha recabado datos, sólo cuatro peloteros—Stanton, Gallo, Judge y Nelson Cruz—han conseguido 14 de esos en una temporada.
  • Sus cinco cuadrangulares de más de 450 pies (137m) le empatan en el octavo lugar en una temporada completa desde que Statcast comenzó a reportar datos. Stanton tiene el “récord” con 10, y sólo el poderoso triunvirato de Stanton, Gallo y Judge han superado los siete en una sola campaña.
  • Bell es tercero en velocidad de salida promedio, con 94.4 mph (151.92 kph). Pero lo que le hace más impresionante: se ubica ahí con 91 bolas bateadas más que el segundo lugar Cruz (quién estuvo lesionado) o Gallo (quién es Gallo).

Luego está el mucho más simple camino cualitativo, que se explica de manera más sorprendente por su total destrucción de un cuadrangular que aterrizó en el río junto al PNC Park.

Por muy injusto que sea, existen, en efecto, requisitos estéticos para ganarse esta reputación. Los cuadrangulares deben recorrer grandes distancias y también tener algún no-sé-qué. Piensa en clásicos recientes como el batazo de Judge en Seattle, o la subestimada “bola de golf en el green” de Gallo en Anaheim. El acuatizaje de Bell es un simbolismo, pero ¿quién puede negar lo llamativo que resulta? Además, está añadiendo puntos de estilo con una preciosa combinación de estética en su swing y bateo efectivo.

Independientemente de lo que te convenza, vale la pena preguntarse por qué y cómo Bell fue capaz de llevar a cabo esta transformación ya siendo jugador relativamente establecido de Grandes Ligas. Una teoría que tuve: Su bateo ambidiestro afectó de alguna manera su desarrollo, haciéndolo un poco más lento o más disparejo. Ben Clemens detalló recientemente los cambios significativos que Bell ha hecho en su postura—especialmente desde el lado izquierdo, donde se ha originado su mayor producción de poder—y esa teoría parecía encajar. Su swing de contacto lo llevó a las Ligas Mayores, pero aún tenía espacio mejorar, incluso a sus 26 años.

Platiqué con un visor quien ha seguido de cerca la carrera de Bell, y no es de extrañar que sea una pintura más compleja. Describió a Bell como un talento que pareció sin terminar hasta su debut en Pittsburgh—un bateador dotado de una suprema coordinación mano-ojo que a menudo no se centraba en contacto extra-base con intencionalidad. Los videos de Bell en los tiempos en que fue reclutado son básicamente “inacabados” en forma de video—si alguien puede ser todo hombros, es que él era todo hombros.

En fin, su habilidad para conectar la pelota acabó siendo su herramienta principal durante su estancia en las ligas menores, lo que lo distingue de jugadores del tipo de Gallo o Joc Pederson, me dijo el visor, quienes convirtieron los cuadrangulares en su pan de cada día muy jóvenes. Bell en cambio tuvo que alterar un enfoque arraigado para activar el poder que mostró durante las “tontas” sesiones de práctica de bateo. En esa evaluación, hay ecos de los jugadores de cuadro propensos al contacto y que añadieron poder por ahí de 2017. Sólo ahora el estribillo está siendo pronunciado alrededor de 6 pies 4 pulgadas (1.90 metros) y 240 libras de peso (108kg), cuyo torso se ha llenado considerablemente para ir con esos hombros anchos. Bell, en otras palabras, podría estar ejecutando una oleada de cuadrangulares modificada, estilo José Ramírez, desde una base mucho más sólida.

La consistencia, o la falta de ella, siempre fue un tema de conversación en los informes de  ligas menores de Bell. Sus manos estaban haciendo mucho trabajo. Su juego de piernas era dudoso. Su swing zurdo es siempre más sofisticado que el diestro. Lo que el visor ve ahora, especialmente en ese swing zurdo, es la simplificación—una señal de que Bell se está aclimatando al nivel de la competencia y a sus propias tendencias. Donde antes había movimiento, ahora hay un rayo aerodinámico, impulsado por la parte inferior de su cuerpo, hacia la pelota. Apenas durante esta reciente serie de batazos espectaculares, se ha dado cuenta de que Bell comienza a conducir lanzamientos “a propósito” y supera los 6 en su puntaje de scouteo que alguna vez fueron otorgados para su poder.

“Ya le puedes poner un 8 ahí”.

Esto se siente como una especie de evolución que rara vez tiene lugar en vivo, en alta definición, en las Grandes Ligas. Haciendo balance ahora, sirve como una explicación de los 18 cuadrangulares de Bell y de su ritmo para lograr más de 40. Eventualmente, sin embargo, puede ser necesario volver a repasar el proceso para un aficionado incrédulo quien no puede comprender la miserable temporada 2018 de 12 vuelcacercas entregada por un bat de primera clase como Josh Bell.

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