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Image credit: USA Today Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

El final siempre iba a llegar. Tal vez esa no sea la frase inicial más alegre para un nuevo escritor aquí en Baseball Prospectus (yo), pero eso no lo hace menos cierto. He escrito más de 500 artículos sobre los Diamondbacks desde 2013. No es que no me gusten otros equipos, ni que tenga una afinidad secreta por los cactus espinosos, protectores solares perfumados y carritos de golf con placas personalizadas. La verdad es que los Diamondbacks son fascinantes cuando se observan con suficiente atención, como sospecho que es el caso de la mayoría de los equipos. Las organizaciones de las Grandes Ligas son como sus propios pequeños microclimas dentro de un ecosistema artificial—ambos únicos e intrínsecamente ligados a la misma jerarquía.

Pero el final siempre llegaría para la versión más conocida de los Diamondbacks. Se ha cerrado la ventana de competencia, la cual requirió tanto esfuerzo para abrirse. El equipo tal y como está construido actualmente no es un desastre, pero el núcleo en el que los aficionados (y probablemente los dueños) depositaron sus esperanzas y sueños ha sido completamente desmantelado. Ya no está Paul Goldschmidt. Se ha ido Patrick Corbin. Se fue A.J. Pollock. A muchos equipos les hubieran gustado tres tipos tan talentosos como ese trío, todos bajo control del equipo al mismo tiempo. Y sin embargo, los Diamondbacks no tienen mucho que mostrar en ese periodo—una oportunidad que ha pasado rápidamente.

Se podía ver el conflicto en el horizonte desde hace varios años. Había un núcleo que parecía destinado a tener un impacto, pero a medida de que ese núcleo mejoraba con el paso de los años, también aumentaban sus salarios. Los Diamondbacks históricamente han confiado en jugadores bajo control de salario para liderar la plantilla, pero esos salarios sólo pueden ser controlados por un corto tiempo. Durante las últimas temporadas, el núcleo maduró y el equipo tuvo 13 jugadores elegibles para arbitraje en 2018 (la mayor cantidad para un club de Grandes Ligas) y 11 este invierno (el segundo lugar en la Gran Carpa). Hubo algunos a quienes no se les ofreció contrato a lo largo del camino, pero el núcleo joven y barato se volvió menos joven y menos barato al mismo tiempo, mientras que se esperaba que el equipo hiciera daño en la Liga Nacional.

Supuestamente, los Diamondbacks podrían gastar más dinero del que gastan, pero han elegido otro camino. Y con las limitaciones—quizás artificiales y autoimpuestas—bajo las cuales funciona el equipo, no pudieron mantener al grupo unido. El contrato de Goldschmidt no podía ser una ganga para siempre. Corbin y Pollock estaban destinados a probar las aguas de la agencia libre en algún momento. Mientras tanto, peloteros como Robbie Ray, David Peralta y Jake Lamb se están volviendo más caros antes de buscar otros lares. Lo “caro” depende de cada quien, por supuesto, pero como varios equipos te dirán, los contratos de esos jugadores siguen siendo muy accesibles.

Podrías decir: “El equipo contrató a Zack Greinke por mucho dinero”. Tendrías razón, porque lo hicieron. También gastaron valiosas fichas para adquirir a Shelby Miller. Antes de eso, despilfarraron con los agentes libres cubanos Yasmany Tomás y Yoan López. Cuando se junta todo, estos movimientos han dejado a los Diamondbacks alrededor de 12.0 WARP en total, con Greinke valiendo él sólo 13.7 WARP, mientras los otros se combinaron para producir a nivel inferior a su reemplazo. Sólo les costó un montón de dinero, algunas sanciones de contrataciones internacionales que tal vez no se entendieron del todo, y algunos jóvenes talentos propios. El marco $/WAR(P) está casi muerto—bendito sea Dios—pero no se necesita masacrar a las matemáticas para entender que esos movimientos no tuvieron el efecto deseado.

Supongo que ahí está el problema: el equipo tenía un núcleo alrededor del cual construirse, y aunque los salarios siempre iban a aumentar, sus intentos de apoyar al núcleo joven y barato fallaron un poco. Greinke ha estado a la altura de las expectativas realistas, más o menos. Ahora tiene 35 años y sigue siendo uno de los mejores lanzadores de la Liga Nacional, pero Miller y Tomás registraron números por debajo del nivel de reemplazo y López, después de abandonar a su equipo en más de una ocasión, está emergiendo ahora como pelotero de Ligas Mayores. Miller fue recientemente no-renovado, es probable que Tomás se dirija a Triple-A Reno de nuevo, y López parece tener un lugar asegurado para tener impacto como un relevista, en lugar de como abridor, lo cual Dave Stewart pronosticó.

Un equipo con recursos limitados (autoimpuestos o no) como los Diamondbacks no puede fallar en el mercado libre de la manera en que lo hizo. El daño hecho desde una perspectiva de costos y, lo que es más importante, desde una perspectiva de costo/oportunidad, tardará años en arreglarse. Ya es bastante difícil adquirir y producir internamente el tipo de talento necesario para mantener una racha de éxito. La incapacidad de apoyar adecuadamente ese talento puede borrar todo en un abrir y cerrar de ojos. Una cosa es adquirir a J.D. Martínez a bajo precio en la fecha límite para intercambios en julio, y otra es haber gastado tantos recursos en intentos fallidos de mejorar que realmente no se puede hacer un intento para retenerlo como agente libre.

¿Qué pasa cuando “tiras tu tiro” y fallas? Sugerir que los Diamondbacks no intentaron ganar es falso. Lo intentaron, lo intentaron muy mal bajo un marco equivocado. El gerente general Mike Hazen tiene ahora la tarea de barrer las piezas y poner al día a la organización. Con ese fin, las cosas parecen estar moviéndose en una dirección positiva, particularmente con el draft de 2019 (los Diamondbacks tienen ocho de las primeras 94 selecciones), lo cual es una tremenda oportunidad. Tendrá que seguir trabajando en torno a los más de $30 millones de dólares adeudados a Greinke hasta el 2021 y los $32 millones totales adeudados a Tomás hasta 2020, lo que seguramente afectará la flexibilidad de la organización.

Mientras tanto, los aficionados se preguntan si realmente quieren sentarse otra reconstrucción o como sea que se le quiera llamar a lo que está pasando en Arizona. Y eso es justo, incluso si las proyecciones pintan un equipo de alrededor de .500, porque el equipo contrató, adquirió y desarrolló un núcleo que era capaz de ganar dentro del contexto fiscal de la organización. Utilizaron el capital que les quedaba para reforzar sus esfuerzos y no tuvieron éxito, lo que tuvo repercusiones duraderas. Puede que no sean terribles en 2019, pero va a pasar un tiempo antes de que alguien realmente piense que son “buenos” de nuevo.

Mentiría si dijera que la afirmación anterior no tiene nada que ver con lo emocionado que estoy de estar aquí en Baseball Prospectus. La oportunidad de unirme a un lugar que fue instrumental en el desarrollo de mi afición al béisbol y escribir al lado de algunas de las mentes más brillantes de la industria es, francamente, un sueño hecho realidad. Poder volver a escribir sobre el béisbol en general es el tipo de desafío que he estado deseando. Si los Diamondbacks me han enseñado algo es que realmente tienes que tirar tu tiro—sólo asegúrate de no fallarlo.

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