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Traducido por José M. Hernández Lagunes

Los entrenamientos primaverales están a tan sólo dos semanas de comenzar, y uno de los temas más candentes, al parecer, será el flirteo con la idea de limitar (o prohibir) los reacomodos defensivos. El tema ya ha sido objeto de amplio debate y profunda tertulia durante el último año. Hemos conocido (de manera concreta) que los lanzadores son típicamente menos efectivos al atacar la zona de strike cuando lanzan con el equipo reacomodado—aunque también conocimos acerca de notables excepciones a la regla. Hemos presenciado largas y meticulosas disertaciones sobre el valor del reajuste en la mentalidad de los bateadores quienes enfrentan dichos reacomodos y las maneras de vencerlos, incluyendo debates sobre si se debe tocar para avanzar a primera base más a menudo o si deben aprender a batear sobre los jugadores defensivos.

Todas estas son cuestiones interesantes, y el hecho de serlo debería ser suficiente para disuadir a quienes apoyen una prohibición de los reacomodos, pero quisiera hacer una pausa para aclarar un punto factual de datos usado frecuentemente que no nos ofrece ninguna información de valor sobre los reacomodos, pero que a veces se presenta como válido.

Me refiero al promedio de bateo global de bolas en juego (BABIP por sus siglas en inglés), un número muy frecuentado en esta conversación y utilizado en el último artículo ligado arriba—la disección de Travis Sawchik sobre la situación actual de los reacomodos para Five Thrity Eight a mediados de enero. El BABIP global para las Grandes Ligas, como frecuentemente señalan los detractores de los reacomodos, apenas ha cambiado en la última década, en la cual esta estrategia ha pasado de ser un reducto especializado en casos extremos a ser una actividad omnipresente.

Temporada BABIP Temporada BABIP
2001 .296 2010 .297
2002 .293 2011 .295
2003 .294 2012 .297
2004 .297 2013 .297
2005 .295 2014 .299
2006 .301 2015 .299
2007 .303 2016 .300
2008 .300 2017 .300
2009 .299 2018 .296

La dúplica es obvia. La mayoría de las apariciones al plato todavía no cuentan con un factor de reacomodo defensivo, así que la táctica no debería ser un factor depresivo para el BABIP total de la liga. El BABIP global fue .285 con un reacomodo completo o parcial durante 2018, un retroceso de nueve puntos comparado con 2015, a pesar de que los reacomodos vieron un gran incremento durante ese periodo.

Incluso ese efecto parece pequeño y, como mi fiel colega Russell Carleton afirma, se desvanece parcialmente con un incremento de bases por bolas (y tal vez también cuadrangulares) que los lanzadores permiten cuando trabajan frente a una defensa reacomodada. El problema yace en que cuándo comparamos el BABIP de la liga con los reacomodos bajo la misma figura es como comparar manzanas con naranjas. Los bateadores quienes ven reacomodos tienden a ser aquellos con más poder, así que su BABIP esperado en un mundo sin reacomodos sería superior al punto referencial al que son comparados actualmente.

Resulta más importante, aunque menos obvio, señalar que la liga actualmente prefiere el contacto sobre el poder de manera cada vez más grande. Esto no necesariamente significa que los bateadores ignoren oportunidades de conectar sencillos, y de manera egoísta siempre quieran conseguir cuadrangulares. Se trata más sobre la evolución del acto de lanzar, y la forma en que los lanzadores buscan mejorar y desplegar dichas mejoras lo que ha provocado un ajuste en la estrategia ofensiva. Esto es especialmente cierto durante la última década, cuando PITCHf/x y otras herramientas han acelerado dicha evolución en los lanzamientos, y las tasas de ponches han explotado alrededor de la liga, pero esta es una historia que puede ser encontrada durante muchas décadas en la historia del béisbol.

Temporada BABIP Temporada BABIP
1933 .286 1978 .280
1938 .290 1983 .285
1943 .273 1988 .282
1948 .280 1993 .294
1953 .280 1998 .300
1958 .277 2003 .294
1963 .273 2008 .300
1968 .269 2013 .297
1973 .281 2018 .296

Los bateadores están tornados más fuertes y rápidos, y aunque los defensores también son más atléticos ahora, la física y la geometría del diamante hacen que el convertir pelotas bateadas en outs sea igualmente difícil que antes, igual que las mismas fuerzas hacen que poner la pelota en juego sea difícil para los bateadores. Sin los reacomodos, es probable que el BABIP global siga aumentando, pero esto no necesariamente significa un juego de mayor contacto o más veloz; simplemente incrementaría el premio que los bateadores reciben al cambiar las abanicadas por contacto con mayor velocidad de su bat para obtener una mayor oportunidad de conectar la pelota al campo contrario.

Si el comisionado Rob Manfred y sus secuaces quieren generar más ofensiva de manera artificial, o un juego predicado en bolas en juego y corredores en las bases, tienen varias opciones. Reducir la zona de strike aliviaría los efectos que provocan los lanzadores con su mejorada habilidad para atacar la zona, y tal vez permitiría que los bateadores pudieran realizar más contacto al permitirles enfocarse en una zona más pequeña. Mover el montículo un poco más lejos del plato cambiaría el asunto de la física y beneficiaría una evolución a favor de los lanzadores. Alejar las bardas de manera significativa (aunque esto resulte logísticamente imposible debido a la configuración de muchos estadios) quitaría incentivos al poder. Acortar las distancias entre las bases permitiría que los roletazos se convirtieran en hits.

Pero históricamente, todos los deportes norteamericanos se rehusan a ajustar sus dimensiones fundamentales. En la NBA, el aro todavía se encuentra a 10 pies (3.04 m) del piso. En la NFL, el primer down todavía requiere 10 yardas (9.1 m) y el campo todavía tiene 100 yardas (91.4 m) de largo. Cuando estas dimensiones se mantienen constantes a pesar del rápido crecimiento en tamaño y talento por parte de casi todos los participantes, eso dicta la forma y la dirección de la evolución. Si el béisbol quiere menos ponches o más carreras (o ambas), necesita alterar el campo de juego de manera radical.

Cambiar las reglas para dictar el comportamiento de un equipo puede detener el desarrollo, pero no puede cambiar las reglas matemáticas detrás del progreso. Sólo hará que el juego sea menos interesante de lo que se ha convertido últimamente, desde el punto de vista estratégico.

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