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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Carlos Pérez 

Este artículo forma parte del lanzamiento de la nueva estadística ofensiva de Baseball Prospectus, Deserved Runs Created (Carreras Creadas Merecidas), de la cual usted puede conocer mucho más aquí.

Ya sabrá que DRC+, nuestra nueva estadística de índice ofensivo, representa un paso adelante para detallar las maneras en las que un bateador contribuyó a anotar carreras. Aquellos que han observado a los líderes de esta clasificación esperan ver la gravedad de la lógica general, y trazos de nuevas conclusiones, cómo esta: en cuestión de apariciones al plato, Mark McGwire es uno de los bateadores más dominantes con el bate en las manos, y quizá el segundo mejor que la mayoría de los aficionados vivos hayamos visto.

Hacer que el cerebro acepte esta reformulación de la historia nunca es un proceso instantáneo, y algunos nunca lo aceptarán. Eso está bien. Sin embargo, pasar unos momentos en el espacio más allá de las nociones preconcebidas puede ser revelador.

La carrera de jonrones de 1998, el momento imposiblemente glorioso en el sol de McGwire, ha sido recordado, reprimido, complicado y anulado en la conciencia del béisbol durante dos semanas. Sobresale como la imponente imagen mental del musculoso toletero pelirrojo, pero también conspira con otros pedazos de la historia para mantener su habilidad al plato lejos de ser completamente reconocida.

Esta estadística que se centra en lo merecido nos pide considerar a McGwire en todas las maneras que contribuyó además de con cuadrangulares, en las maneras en las que maximizó sus habilidades donde otros toleteros se quedaron cortos. Nos pide ponerlo en una nueva conversación, incluso si suena raro al principio.

***

Tenemos los 5 mejores jugadors según la clasificación de DRC+ de todos los tiempos, si es que no la ha visto. El mínimo no importa, pero lo fijaremos en 4,000 apariciones al plato, lo cual saca a Mike Trout del grupo.

  1. Ted Williams, 180 DRC+
  2. Barry Bonds, 175 DRC+
  3. Lou Gehrig, 168 DRC+
  4. Mark McGwire, 164 DRC+
  5. Babe Ruth, 161 DRC+

No podemos culpar a nadie de tener problemas con esto, y tampoco pedimos que esto se tome como una clasificación rápida: BP proporciona desviaciones estándar para reflejar la incertidumbre que ocultan a veces los dígitos en una pantalla.

Los dígitos existen, sin embargo, como productos de un gran trabajo de investigación sobre qué contribuciones son más probables de generar carreras. La reputación de McGwire falla a la hora de igualar su ratio extraordinario de contribuciones, y aquí parece haber dos razones para ello.

La primera es el uso admitido de esteroides. Parece muy probable que le ayudaron a mantenerlo en el campo durante sus treinta, pero hasta qué punto eso asistió a mejorar su rendimiento sobre sus contemporáneos no está claro y es un pensamiento explotado en la imaginación popular por razones que ahora enumeraremos.

El otro es el lugar raro que ocupa McGwire en los debates del MVP y el Salón de la Fama. Su carrera nunca se la llevado bien en esos lugares, y DRC+ no hará mucho para cambiar eso. Sus estadísticas de ratio son más grandes que los números puros disminuidos por lesiones, y nunca proporcionó valor defensivo o al correr las bases. El hecho de que estos aspectos ocupan muchos debates sobre la grandeza del béisbol dejan fuera a McGwire: su maestría al bate no se escapa porque sea difícil de ver, sino porque sobresale como un esguince de pulgar.

En los análisis de McGwire se suele hablar del adjetivo “unidimensional” con consistencia cómica. Aplicado en el sentido de batear/correr/fildear, por supuesto, está completamente justificado. Demasiadas veces, sin embargo, escapa sus límites y se convierte en una caricaturización errónea de su bate. Observe el tipo de comentarios en este artículo de CBS Sports sobre su currículum para el Salón de la Fama:

No era un fildeador especialmente hábil (rango, etc) durante la mayor parte de su carrera a pesar de tener buenas manos. Así que su caso estadístico gira solo alrededor de los jonrones.

Aún así, su habilidad como toletero también le dio una tonelada de bases por bolas y su porcentaje de alcanzar base de .394 es el 81º en la historia de la MLB.

¿Ve el efecto bola de nieve? Solo era un bateador, y su único mérito eran los cuadrangulares, así que él es solo sus cuadrangulares, más o menos.

DRC+ difiere mucho con esta opinión.

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Dan Moore, del blog de los Cardinals Viva El Birdos, escribió sobre McGwire:

Si McGwire solo tuviera una habilidad, la manejó mejor que casi cualquier otro jugador que la tuviera.

Entre muchas evaluaciones excelentes y detalladas de la carrera de McGwire, la línea de Moore llega al corazón de lo que DRC+ muestra.

¿La habilidad en cuestión? Un poder certificable de 80 grados de valoración.

Él podía convertir un trozo de madera en un cañón Howitzer en un parpadeo. Otros jugadores con poder explosivo similar fallaron a la hora de producir como McGwire. Como en 1992, por ejemplo. Un joven Juan Gonzalez superó a McGwire en la corona de jonrones de la MLB, 43 a 42, ilustrando simultáneamente las maneras en las que el poder no actúa necesariamente como un empuje que abra las puertas de otras buenas consecuencias.

Estos valores, disponibles cada temporada, muestran la forma de las contribuciones de un jugador, comparadas con el jugador de posición promedio. McGwire y Gonzalez son predeciblemente similares en algunos sentidos: menos sencillos que el promedio, menos triples que el promedio, no muchas llegadas por errores a la vista. McGwire, sin embargo, ayuda a su equipo en apariciones al plato donde no consigue batear nada: sus bases por bolas por encima del promedio balancean mucho sus ponches. Su disciplina también se muestra en la columna llamada Carreras por BIP SP, lo que muestra cómo McGwire evitó que muchas de las bolas bateadas se convirtieran en outs.

No es solo que McGwire fuera “lanzado con menos frecuencia”, como muchos han dicho sobre sus habilidades en base. Su tiempo en Oakland lo pasó desarrollando un modo de ataque que acentuó sus habilidades y minimizó sus defectos.

Sus habilidades detalladas de disciplina al plato que usamos para admirar a Joey Votto no existen para la carrera de McGwire, pero los datos disponibles de Retrosheet en Baseball-Reference le da un sentido a su evolución.

Habiendo fijado un récord de cuadrangulares como novato (que Aaron Judge rompería en 2017), McGwire inspiró mucho miedo en los lanzadores -normalmente llevando una de las ratios más bajas de strikes vistos en la liga- pero tenía que jugar con las mejores maneras de explotarlo. Desde 1988 a 1991, sus números de slugging (relativamente) disminuidos muestran una selección de pitcheo imperfecta, y por unos años, su BABIP lo reflejó. DRC+ le da un beneficio significativo de la duda por los bajos extremos en ese frente, especialmente en 1991, lo que contribuye a su lugar aquí.

Sin embargo, en ese tiempo, permaneció fuerte en las áreas del juego sobre las que un bateador exhibe su mayor control: caminó mucho, casi tanto como se ponchó. Eventualmente, DRC+ miró presciente, incluso aunque sea un modelo que computa la contribución pasada más probable de un jugador.

En todos esos años, McGwire parece haber probado algunas estrategias, como batear mucho al primer lanzamiento. Eventualmente, sus análisis de strikeouts -más y más de la variedad de mirar- comenzaron a indicar que era consciente de la situación: inspiraba a los lanzadores a ser cuidadosos. Dados sus talentos extremos y sus limitaciones físicas, era mejor cazando lanzamientos que podía impulsar, y dejar ofrecimientos dudosos al juicio del ‘ampaya’. Eso no es tan fácil como suena. Pregunte a Joey Gallo o a otro toletero. Pero McGwire lo hizo de manera muy bella.

Unos años pasaron, y ahí estaba con su habilidad innata y su enfoque aprendido, lista para capitalizar el estilo de juego de manera espectacular.

***

En 1998, McGwire registró una temporada de bateo histórica, llegando a 209 DRC+ que se sitúa 12º entre todas las temporadas completas. Repitiendo nuestro cuadro de valores de antes, podemos comparar su exhibición de poder a otros que cautivaron el béisbol, y ver qué tan bien manejó su mayor arma.

Mejor que casi todos.

Encontramos a McGwire mejorando la producción del Sammy Sosa de 1998 y del Roger Maris de 1961. Perdió el premio al MVP en 1998 principalmente porque los Cubs tenían un equipo mejor que los Cardinals, pero su poder fue acompañado por la también habilidad impresionante de alcanzar base -¡.470 OBP!- y hacer que su contacto cuente.

Fue la coronación de un período de cinco años de 1995-1999 en el que McGwire (189 DRC+) fue el mejor bateador en béisbol -en un ambiente ofensivo explosivo donde muchos jugaron con asistencia química- por 20 puntos de DRC+ sobre el segundo clasificado, Barry Bonds. Esa es la misma ventaja, por ejemplo, que Trout le saca a Anthony Rizzo, el octavo mejor bateador durante las últimas cinco temporadas.

La salud forzó a McGwire a abandonar el juego poco tiempo después de aquello, y Bonds le superó en cada frente, una verdad que quizás podría haber sido apreciada como la alegría que definió una era, pero en realidad se ve con consternación. Eso no es culpa de nadie, pero es la pérdida de todos. Una piedra en el camino de un talento ofensivo que ha solido ser olvidado o infravalorado, comentado y reducido.

Lo que Mark McGwire merece tiene poco que ver con los argumentos que se han comentado, y menos incluso con una nueva y prometedora métrica ofensiva que no tiene idea sobre las tareas que le asignan.

Tiene mucho que ver con la manera en la que él jugó al béisbol, perseguir sus talentos hasta el extremo, y encontrar nuevo territorio por el que asombrarse. Eso resuena sobre la historia tan fértil del juego, y sobre las estrellas de hoy, incluso si el nombre de “McGwire” no lo hace.

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