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Traducido por Marco Gamez

La ascensión de la actual dinastía Cubs – el momento en que cambiaron y se convirtieron en algo así como el monstruo de la Liga Nacional – llegó cuando Joe Maddon decidió que ya no podía soportar la inconsistencia de Starlin Castro en el campo corto, y mudó a Addison Russell a esa posición en agosto de 2015. Desde ese momento hasta el triunfo de los Cubs en el Juego 7 de la Serie Mundial de 2016, fueron la mejor máquina de prevención de carreras en las mayores. Lideraron la liga en eficiencia defensiva ajustada al parque (PADE  por sus siglas en inglés)  en agosto y en septiembre de esa campaña, y establecieron un récord en la misma categoría durante 2016, superando a los Mariners del 2001 por un cómodo margen.

Sin embargo, como esos Mariners del 2001 nos lo demostraron, la defensa brillante de un equipo es difícil de mantener. Los Cubs cayeron, y en 2017 los Dodgers lideraron las mayores en PADE, con los Astros pisándoles los talones. A diferencia de Chicago, esos dos equipos usaron bastante el shift para ayudar a convertir esas pelotas bateadas en outs, pero los resultados fueron los mismos: una gran defensa a nivel de equipo los llevó a la Serie Mundial. Esta temporada, si les resulta importante saberlo, los A’s son el carro guía del PADE, y los Rays son los siguientes en fila. Los grandes equipos jóvenes que sorprenden a la gente tienden a ser grandes equipos defensivos; esto no es una coincidencia.

Convertir pelotas bateadas en outs es una gran parte de la ecuación defensiva de un equipo, pero no olvidemos que hay otro componente importante: los aportes del receptor. Es algo en lo que los Cubs de 2015-2016 también se destacaron, con Miguel Montero y David Ross detrás del plato. Los Dodgers de 2017 también fueron dominantes en este aspecto, con Yasmani Grandal y Austin Barnes formando quizás el mejor tándem en convertir envíos malos en strikes desde que una versión más joven de Ross se asoció con Brian McCann en Atlanta. Sin embargo, ni los Rays ni los A’s de esta temporada tienen un receptor con gran defensiva. Hay un equipo que sí tiene buena defensa para esas pelotas bateadas y cuenta con un gran trabajo de sus receptores esta temporada, y la defensa es la única razón por la que todavía está en la pelea por avanzar hacia la postemporada de la Liga Nacional. Escribí sobre los Diamondbacks y los progresos que hacían en términos de la defensiva de sus receptores la temporada pasada; y lo han llevado a otro nivel en 2018. De hecho, Arizona lidera ahora la MLB en defensa total del receptor (con manejo de los envíos, lanzamientos a las bases y bloqueo, todo incluido), mejorando desde la casilla 25 donde estuvo hace dos temporadas y desde la octava donde estuvo el año pasado.

Dividiendo la carga de trabajo de forma bastante pareja entre Jeff Mathis, John Ryan Murphy, y Alex Avila los Diamondbacks han evitado más o menos entre 22-26 carreras gracias a un buen trabajo con la mascota esta temporada, incluso añadiendo a Ávila con una excelente actuación en eso de que envíos malos le parezcan strikes a los árbitros, él no había estado por encima del promedio en ese rubro desde 2013. El trío también es el mejor en el béisbol en mantener lanzamientos descontrolados en frente de ellos. Solo pueden ser calificados de buenos para frenar el juego terrestre, y Ávila no ha brindado el aporte ofensivo que el equipo esperaba que proporcionara, pero lo que sea que estén haciendo con su cuerpo de receptores tras bastidores, se ha convertido en oro.

La oficina del equipo también ha invertido en defensa en el resto del campo, y ha valido la pena. Solo los A’s exhiben un mejor promedio que los Diamondbacks en convertir los roletazos en outs, y dado que ningún cuerpo de lanzadores (en trabajo conjunto con sus receptores, no lo olvidemos) induce más roletazos que el de Arizona, eso es tremendamente valioso: alrededor de 130 outs extras, se han logrado debido a la defensiva del cuadro interior que es promedio. También gracias, en gran parte, al campocorto Nick Ahmed, que está bateando lo suficiente como para justificar ser incluido en la alineación casi todos los días, y él solo necesitaba hacer eso para ser una estrella.

 

De acuerdo con la estadística que mide cómo la defensiva evita las carreras, Fielding Runs Above Average, solo Leonys Martin y DJ LeMahieu han proporcionado más valor de fildeo que Ahmed (+16.6 carreras) esta temporada, y ninguno de esos muchachos es campo corto. Ahmed ha sido incluso mejor, en relación con el resto de los campo cortos de la liga, que  Matt Chapman en comparación con otros defensores de tercera base. El efecto es transformador, especialmente cuando incluye poder por encima del promedio para la posición.

Mantener a Ahmed, incluso después de adquirir a Ketel Marte en el intercambio por Jean Segura y con Chris Owings aún en busca de una posición defensiva, fue una gran decisión de Mike Hazen y su equipo. También dieron a su defensa en los jardines (que aún no es buena, pero tampoco se le puede exigir mucho debido el tamaño del terreno que deben custodiar durante los partidos en casa) un impulso necesario al fichar a Jarrod Dyson, y Dyson logró +4.5 FRAA en acción limitada, ayudando a tapar el agujero dejado por la más reciente lesión de A.J. Pollock. La serie de cuatro juegos en Chase Field este fin de semana fue tan alocada como entretenida: ni los Diamondbacks ni los visitantes Braves se cubrieron en gloria. Sin embargo, los cuatro juegos fueron tensos y con relativamente baja producción de carreras, y esa será la clave de Arizona para un viaje de regreso a octubre. Si logran clasificar a los playoffs, hay que darle crédito a su oficina, cuerpo técnico y jugadores por un enfoque más exitoso y holístico en cuanto a defensa colectiva se refiere, por encima de lo que cualquier otro equipo haya ejecutado en 2018.

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