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Image credit: USA Today Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Cuando los Braves desarmaron por voluntad propia a su joven, balanceada y buena plantilla tras un final difícil de la temporada 2014, lo hicieron básicamente por avaricia. Sabían que tendrían un alza en sus ingresos al comienzo de 2017 al abrir su nuevo estadio, así que deshuesaron un núcleo impresionante y lo vendieron por partes. Su devoción, como franquicia, por estafar grandes cantidades de dinero para construir nuevos estadios a costa de otros a las comunidades donde operan recibe muchas críticas (merecidas), pero el cinismo de su reconstrucción no recibe el suficiente.

Y esas no son las únicas cosas que la organización ha hecho mal, hasta la horrible partida de John Coppolella el pasado otoño. Su enfoque hacia la reconstrucción, en sí, fue desacertado. Coppolella heredó y perpetuó un enfoque miope en lanzadores jóvenes. Hizo de esto el núcleo de la filosofía del equipo. Sí añadieron a Dansby Swanson en el intercambio que despidió a Shelby Miller, y obtuvieron a Ronald Acuña y Ozzie Albies, e incluso ficharon al prospecto Kevin Maitan en 2016 (antes de ser forzados a regresarlo después de la investigación que los culpó por cómo actuaron al reclutar agentes libres amateurs), pero Coppolella casi nada más se fijaba en lanzadores. Usó una buena parte de sus primeras selecciones del draft en lanzadores durante su gestión; ese fue un enfoque anticuado para construir a un contendiente—para muchos, demasiado anticuado—al punto de ser retrógrada.

Sin duda, Coppolella imaginó a unos Braves liderados por un establo de lanzadores jóvenes al estilo de Steve Avery, Tom Glavine, Greg Maddux y John Smoltz, quienes ayudaron al equipo a ser la crema de la Liga Nacional durante los años 90. De hecho, este equipo si cuenta con cuatro abridores de 27 años de edad o menos listos para formar su rotación en la postemporada: Mike Foltynewicz, Sean Newcomb, Kevin Gausman y Julio Teherán. Foltynewicz (adquirido por Evan Gattis) y Newcomb (adquirido por Andrelton Simmons) son auténticos éxitos de la era Coppolella, ya que son piezas clave de intercambios que enviaron a jugadores de campo bajo control, pero es notable que ambos florecieron esta temporada, mientras que Gattis y Simmons han ofrecido cerca de 14.8 WARP desde que salieron del equipo. Teherán ya era prospecto cuando Coppolella era nada más asistente del gerente general, y sus mejores temporadas ya están en el retrovisor (aunque ha mejorado notablemente esta campaña, tras un difícil 2017).

Sin embargo, Gausman simboliza de mejor manera la visión que Alex Anthopoulos tiene para el futuro de los Braves. Anthopoulos mandó a cuatro prospectos de los Braves (dos de ellos, lanzadores) y dinero ubicado para bonos de jugadores internacionales a los Orioles antes de la fecha límite para obtener a Gausman hasta el 2020. Tal y como Foltynewicz y Newcomb, Gausman ha prosperado bajo la tutela del entrenador de lanzadores Chuck Hernández, y con la ayuda del equipo de análisis estadístico de los Braves. Gausman se había colocado del lado de la primera base sobre el montículo al comienzo de la temporada; los Braves lo regresaron al lado de la tercera base. Bajaron el ángulo de su brazo de lanzar, levemente pero de manera significativa. También le instruyeron que dejara su cambio de velocidad recto y le han aumentado el uso de su splitter mucho más de lo que los Orioles le permitieron.

En seis aperturas con los Braves, Gausman ya vale 1.0 WARP. Su cFIP y DRA- (en pequeñas muestras) son mejores que cualquier otro número que haya obtenido en dichas categorías durante su estancia en Baltimore. Anthopoulos buscó a un lanzador con historial de éxito y durabilidad, y con repertorio natural bueno, lo adquirió agresivamente, y permitió que su personal lo tomara a partir de ahí.

También a finales de julio, Anthopoulos mandó a Lucas Smith y Matt Wisler a los Reds a cambio de Adam Duvall para reforzar sus jardines. Wisler fue la pieza clave del intercambio que envió a Craig Kimbrel a San Diego en 2015. Sims fue un prospecto que se atoró en el camino. Duvall resultó ser un error al no batear nada en sus pocas oportunidades, pero es un buen recurso defensivo y todavía tiene tiempo de componer su camino en el plato. El punto es que Anthopoulos estuvo dispuesto a desprenderse de Sims y Wisler para obtener a Duvall.

También ha estado dispuesto a mandar a lanzadores prospecto (de la aparentemente infinita, aunque también infinitamente imperfecta, camada de ellos) directamente al fuego. Los Braves han contado con innings esta temporada por parte de Sims, Wisler, Max Fried, Mike Soroka, Touki Toussaint, Kolby Allard, Bryse Wilson y Kyle Wright. Soroka, Allard y Wilson apenas tienen 20 años. Toussaint y Wright tienen 22. Incluso sin considerar las implicaciones de tiempo de servicio de esta camada de asensos, es sorprendente ver a un equipo en medio de una lucha por el título de su división mandar a gente tan joven a la lomita. Wilson, Allard, Soroka y Gohara son cuatro de los cinco lanzadores más jóvenes en lanzar para equipos de la Liga Nacional esta temporada.

Cuando Gary Huckabay—fundador de esta publicación—transformó la máxima de economía de “no existe el almuerzo gratuito” en “no existen lanzadores prospecto”, no se refería que los equipos no debían invertir en lanzadores jóvenes. Es importante entender que el deporte ha sobrevalorado a los lanzadores prospecto, pero Huckabay también quería dar a entender la idea de que un equipo se dañaría a si mismo al mantener a un lanzador de calibre-Grandes Ligas en las ligas menores. Tan pronto como un lanzador demuestre que es capaz de dominar a los bateadores de las grandes ligas, lo inteligente (aunque muy riesgoso y por ende, escalofriante) es llamarlo al primer equipo y dejarle que lo haga. Los Braves son prueba fehaciente de dicha filosofía en este momento, de forma que pocos equipos lo han hecho.

No es ninguna coincidencia que Anthopoulos sea autor del cambio de Noah Syndergaard por R.A. Dickey, y quien sea él quien cambió a Daniel Norris y Matt Boyd por David Price, y el que mando a Jesús Tinoco, Miguel Castro y Jeff Hoffman a cambio de Troy Tulowitzki. También cambió a Henderson Álvarez, Justin Nicolino y Anthony DeSclafani como partes del mega-cambio que llevó a Josh Johnson, Mark Buehrle y José Reyes a Toronto. Siempre ha gustado de coleccionar a lanzadores prospecto (ademas de todos esos nombres, fue él quien seleccionó a Marcus Stroman y Aarón Sánchez en el draft), pero no duda al mandarlos a otro lado cuando ve a algún jugador ya establecido quien puede hacer a su equipo mejor rápidamente. Tampoco es coincidencia que Anthopoulos haya estado al mando de los Blue Jays cuando ascendieron al mexicano Roberto Osuna a la edad de 20 años, y convertirlo en un relevista dominante en un (eventual) equipo de postemporada.

He sido un crítico público de la mayor parte de las desiciones importantes de los Braves durante el último lustro, pero la más importante de esas desiciones fue la correcta. Anthopoulos es uno de los mejores ejecutivos del juego. Los Blue Jays se vieron muy mal al correrlo y los Braves muy bien al contratarlo. Él lleva el adagio de Huckabay como mantra hacia la postemporada, para una segunda organización, y a pesar de todas las razones para odiar la manera de hacer las cosas de los Braves, Anthopoulos (ademas, desde luego, de Acuña, Albies y Freddie Freeman) hace que sean un equipo divertido de ver.

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