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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Carlos Pérez

Ronald Acuña está en llamas y exhibiendo toda la magnitud de su potencial a sus 20 años y ayudando a los Braves a obtener el liderato de la Liga Nacional. Ha conectado cuatro jonrones en sus últimos ocho partidos, y tiene un OPS por encima de los 1.200 desde el parón del Juego de las Estrellas. Está desafiando las apuestas — aunque continúa con la tendencia reciente de jóvenes bateadores talentosos — está cumpliendo con las expectativas que comenzaron el pasado verano y que llegaron a su máxima expresión justo antes de su llamada a las Mayores a mediados de abril.

Por un minuto, sin embargo, la liga parecía tenerlo controlado. Acuña sufrió una lesión significativa (aunque, por suerte, no devastadora) a finales de mayo, y se perdió casi todo junio. Cuando regresó, conectó tres imparables (dos de ellos para extra bases) en su segundo partido de vuelta, pero en general el tiempo entre su reinserción en la alineación de los Braves y el parón del Juego de las Estrellas fue un esfuerzo monumental. Acuña bateó .212/.255/.404 en 55 apariciones al plato durante ese período, con 19 ponches y solo dos pasaportes. Como siempre pasa, incluso con los mejores novatos, Acuña llegó a un punto en el que sus armas no podían sostener su rendimiento por sí solas.

La pregunta era, entonces, qué pasó durante el parón del Juego de las Estrellas para que Acuña pasara de un novato con problemas en la curva de dificultad a uno de los toleteros más peligrosos de la liga. Para responder esa pregunta, considere este video, del 14 de mayo, de Acuña bateando un cuadrangular que ponía por delante a su equipo en SunTrust Park.

 

Use eso como punto de referencia, y entonces mire este video, de Acuña bateando un lanzamiento similar a un lugar similar para un cuadrangular que abría el marcador el lunes por la tarde.

 

Ha hecho un cambio significativo en su postura. Sus manos están más bajas y más separadas de su cuerpo. Sus piernas están ligeramente más dobladas. Una vez que empieza su movimiento, el camino de su bate se alinea con el vuelo del lanzamiento más pronto, y de una manera más balanceada, controlando mejor su parte inferior. Está viendo la pelota más tiempo y aún así ataca el lanzamiento con una gran velocidad de bateo y mucho efecto.

Ha habido una mejora significativa en su enfoque, también, alentada por la alteración de su swing y su confianza en él.

Miremos algunos mapas de calor. En primer lugar, aquí está la ratio de swing de Acuña, antes y después del parón del Juego de las Estrellas.

Luego, aquí está la ratio de abanicar y fallar de Acuña, antes y después del parón.

 

Y finalmente, el porcentaje de slugging antes y después del parón.

Acuña deja pasar los lanzamientos por abajo y afuera con más confianza. Lo mismo para los lanzamientos arriba y fuera de la zona de strike. Cuando abanica, cubre mucho mejor el plato. Es capaz de ser extremadamente agresivo en lanzamientos en su zona predilecta, y cuando los atrapa, no falla.

Mire en las áreas de arriba a la izquierda dentro de la zona de strike — números 1 y 4, si se imagina un teclado de celular sobre la zona. Sus ratios de swing en esas dos regiones no han cambiado mucho, e incluso antes del parón estaba haciendo contacto casi cada vez que abanicaba a esos lanzamientos. Antes del parón, sin embargo, solo estaba generando contacto débil e ineficiente con esos swings. Desde el parón, está golpeando y dirigiendo esos lanzamientos.

La diferencia radica en los ajustes físicos. Cuando sus manos estaban relativamente cerca de su cuerpo y detrás de su oreja, Acuña tenía que empezar su swing con un ligero movimiento hacia abajo con la mano. Para elevar un lanzamiento sobre el tercio interior, con ese patrón de movimiento, tenía que mantener las manos cerca de su cuerpo y tratar de impulsar la pelota por encima de la cabeza de un infielder. Con su nuevo ajuste, puede empujar las manos para atacar a esos ofrecimientos, y su camino en el campo es mucho más directo, en lugar de bajar las manos para luego subirlas.

El área en la que Acuña se ha convertido en mucho más agresivo es arriba y afuera – el número 3 en ese teclado imaginario. Eso no le ha recompensado con resultados todavía, pero es un indicador positivo. Está reconociendo ese lanzamiento como un strike al que le puede pegar, en lugar de uno inalcanzable. Acuña está bateando la bola al campo contrario el 23.1% del tiempo en la segunda parte de la temporada, comparado con el 17.5% de la primera, y aunque las muestras aquí son todavía pequeñas, eso habla mucho de la manera en la que ha cambiado su enfoque con los lanzamientos afuera: está más dispuesto a abanicar y menos dispuesto a rechazarlos.

Un novato con este talento natural, atletismo y velocidad al bate que puede dejar de buscar pelotas por debajo de la zona y pegar fuerte sobre ella está destinado a incordiar a los lanzadores durante un tiempo. Eventualmente, ellos harán el ajuste apropiado. Ahora mismo, Acuña tiene un agujero arriba y afuera, y la liga descubrirá eso y le obligará a cubrirlo. Hacerlo le convertirá, al menos hasta cierto punto, en menos capaz de golpear los lanzamientos abajo y adentro. En este punto temprano en la carrera de cualquier jugador hay un juego constante del gato y el ratón.

De momento, sin embargo, Acuña es el gato, y está engordando mucho mientras la liga lo pasa mal tratando de localizar y atacar las debilidades en su nueva postura y enfoque, más simple, más balanceada y más rápida. Novato o no, es raro ver un jugador con dones físicos tan impresionantes hacer un ajuste tan fino e inteligente.

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