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Image credit: USA Today Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Mike Hazen no es ni remotamente culpable de que el contrato de Zack Greinke pese tanto sobre los Diamondbacks. No es culpa de nadie en la actual gerencia de Arizona, ya que el contrato de seis años y $206.5 millones de dólares (aunque el valor real es menor debido a postergaciones) se firmó durante el régimen anterior. Pero es más importante destacar que el contrato de Greinke, el cual tiene mermado al equipo, no es culpa de esa terrible dupla de Dave Stewart y Tony La Russa al frente de Arizona tampoco, por tres razones:

  1. El contrato se cerró, según la mayoría de las fuentes, de manera extraordinariamente apresurada, en gran parte por órdenes de los dueños.
  2. Ken Kendrick, el dueño del equipo, está poniendo un límite artificial a lo que su oficina central puede gastar, forzando al club a competir con una nómina no competitiva. Esto resulta particularmente exasperante dado que Kendrick dio su entusiasta bendición al contrato de Greinke, el cual sólo tendría sentido si abriera su cartera a partir de entonces.
  3. Greinke no fue el de siempre en 2016, pero hasta eso se exageró. En 2017, fue nuevamente contendiente al Cy Young, y una parte muy importante por la cual Arizona fue el equipo de casa en el Juego de Comodín y jugó una serie de postemporada (aunque apenas lo pareció) contra los Dodgers en octubre.

No, la culpa de las dificultades en las que se encuentra el equipo no deberían caer en ningún otro lado que no sean a los pies de Kendrick y del presidente del equipo, Derrick Hall. De todas formas, es una situación que demanda ser navegada. En este momento, PECOTA proyecta a los Diamondbacks como el mejor equipo de los contendientes de segunda línea en la Liga Nacional. No se encuentran cerca de rebasar a los poderosos Dodgers en la división oeste de la Liga, pero proyectan 86 victorias, un poquito mejor que los Cardinals, Giants y Brewers, y todavía mejor que los Mets y Rockies.

Eso es más que suficiente para decidir que deben “ir a por todas”. En la MLB de hoy, no resulta popular excederse persiguiendo algo menos que un título divisional, pero los Diamondbacks deben tragarse su orgullo y hacer un serio esfuerzo para quitarse esa competencia. Aun si no pueden alcanzar a los Dodgers, podrían llegar a septiembre de manera cómoda—y tener otra oportunidad para alinear a su rotación y cargarse de refuerzos relevistas para la inevitable batalla a muerte de la serie divisional.

Al contrato pro-equipo de Paul Goldschmidt sólo le quedan dos años a un costo total de $25.5 millones de dólares. Goldschmidt es un talento insustituible, pero también es lo suficientemente bueno como para construir un equipo de campeonato alrededor de él, y con la rotación actual, los Diamondbacks casi lo han logrado. Es probable que Goldschmidt vuelva a fichar con el equipo después de 2019, y aunque lo haga, no será una ganga que abra otras opciones dentro de la plantilla. Robbie Ray tampoco lanzará por migajas para entonces.

Dada la flaqueza del sistema de ligas menores del equipo (y por eso, sí debes culpar a Stewart y a La Russa), es poco probable que los Diamondbacks puedan completar el elenco que Goldschmidt necesita para mantenerlos competitivos en 2020 y 2021, aun cuando Greinke y Ray se mantengan al frente de la rotación. Por lo tanto, el equipo debe aprovechar al máximo estas dos siguientes temporadas, lo cual significa arreglar las debilidades más flagrantes en la plantilla de 2018. Las contrataciones para la oficina central fueron buenas y esto se comprobó durante este invierno. Consiguieron a Alex Ávila por dos años y trabajaron arduamente para arreglar el bullpen a pesar de contar con recursos limitados.

Sólo queda una horrible mancha negra en su tabla de profundidad: el jardín izquierdo.

Yasmani Tomás es, en términos beisbolísticos, una carga carísima que costará a los Diamondbacks (si no se toman cartas en el asunto para remediar la situación) un triunfo en el campo esta temporada (PECOTA le proyecta un -1.0 WARP, dado su tiempo de juego en el jardín izquierdo). Dado el terrible contrato que fichó, uno con incentivos al final del mismo, se le deben $46 millones de dólares en la tres siguientes temporadas, incluyendo $13.5 millones este año. La proyección es que la nómina de los Diamondbacks sea de alrededor de $121 millones, y si Tomás se queda en el equipo, ese dinero es peor que dinero muerto.

Lo que los Diamondbacks necesitan es una manera de salir de tanta carga monetaria. No necesitan escapar del contrato entero; eso es un sueño guajiro. Si pudiesen simplemente cortar a la mitad sus obligaciones hacia él, podrían fichar fácilmente a jardineros respetables para llenar el rol de tropa (o de plano ser jugador titular). La oportunidad debió haber pasado, pero debido al extraño y miserable mercado para los jugadores durante este invierno, no es así. Jon Jay y Jarrod Dyson están disponibles. También lo están Jayson Werth y Melky Cabrera. Si la gerencia se muestra agresiva y Kendrick fuese un poquito menos avaro, podrían llevarse a Carlos Gómez o a Carlos González. Es probable que cualquiera de esos peloteros otorgue más o menos un triunfo, comparados con el típico jugador de reemplazo, pero el beneficio para los Diamondbacks sería el doble.

Mover a Tomás será un trabajo difícil y doloroso. Sólo los White Sox y Tigers destacan como posibles candidatos para llevárselo. Ambas son organizaciones bien-ponderadas con nóminas menores a lo normal, al prepararse para competir en 2019 o (especialmente en el caso de Detroit) después. Ambos equipos podrían utilizar a Tomás en el puesto de bateador designado, y ambos cuentan con jardines más pequeños y menos peligrosos que el de Arizona. Los White Sox tienen la ventaja particular de contar con varios peloteros cubanos y con Rick Rentería—uno de los pocos managers auténticamente bilingües, y uno quien ha extraído lo mejor de peloteros con trayectorias irregulares. Los Tigers necesitan un bateador designado una vez que el contrato de Víctor Martínez expire al finalizar la temporada.

Ninguno de los dos equipos dará algo por Tomás, desde luego. De hecho, los Diamondbacks tendrán que debilitar aún más sus ligas menores al enviar algún prospecto atractivo al equipo en cuestión, o ningún intercambio no se completaría. Pero si están dispuestos a hacer esto, podrían arrancarles un marginal brazo relevista, y si entonces gastan con inteligencia en uno de los jardineros desempleados, podrán lograr un beneficio importante.

Es posible que este movimiento sea tan innecesario como improbable. El ser proyectado como líder de los comodines sugiere que los Diamondbacks puedan elegir el mantener su pólvora seca y revaluar en julio, manteniendo por mientras algo de flexibilidad. Sin embargo, con la agencia libre de Goldschmidt y la curva de edad de Greinke en pendiente, no tiene sentido tomar ese riesgo. Arizona debe hacer todo lo posible para atar ese boleto al juego de Comodines tan pronto como sea posible, y después enfocarse en las cosas pequeñas en las que deben mejorar y prepararse de la mejor manera con la esperanza de derribar a los Tres Grandes del viejo circuito.

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