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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Marco Gamez

“Tank” (o Hundirse) es la nueva palabra de cuatro letras en el béisbol. Claro, la gente habla de ello, pero deberían sentirse un poco avergonzados de sí mismos por hacerlo. Después de todo, no queremos acusar a los equipos de perder a propósito cuando están simplemente reconstruyéndose. Pero ese rendirse -o tal vez solo las acusaciones de perder a propósito- se ha vuelto furor en el béisbol y no es tan difícil de entender por qué. El talento joven, con control de costos (es decir, la etapa previa a la agencia libre) produce resultados para los equipos a la mitad de precio de los agentes libres reales. Los recursos para obtener estos jugadores jóvenes con control de costos están destinados a los equipos que terminan con los peores registros en el nivel de las Grandes Ligas.

Si no vas a ganar, valdría la pena perder. Y si vas a perder, valdría la pena perder por mucho para obtener algún beneficio. Y si vas a perder por mucho, valdría la pena perder con material barato. No hay gloria en una temporada de .500. No hay nada en una temporada de .500. Y no es que estemos acusando a ningún equipo específico de haber perdido sin luchar en los últimos años, pero… tal vez no sea una mala idea.

Es una ironía astuta que la idea de las mejores selecciones del draft y otras formas para la adquisición de jugadores esté dirigida para equipos de bajo rendimiento lo cual tiene como objetivo fomentar la paridad dentro de una liga. Quizás en una liga como la NFL o la NBA, donde los recién seleccionados están en las alineaciones iniciales de sus equipos tras menos de seis meses de haber sido elegidos, esta norma tiene sentido. El problema es en el béisbol donde un equipo podría reclutar a un pez gordo de la escuela secundaria, pero no lo verá en un montículo de las Grandes Ligas sino hasta más o menos cuatro años después. Si el objetivo es inyectar talento de inmediato en un equipo en el sótano de la tabla de posiciones, esto no funciona en el béisbol. En parte se debe a esta realidad el por qué las reconstrucciones de béisbol tienden a venir con gerentes generales que hablan de “ciclos de éxito” de cinco años. Es decir, que va a pasar un tiempo antes de que se vean los progresos.

Además de eso, si bien las reglas que crearon jugadores “controlados por costos” originalmente estaban destinadas para que los propietarios controlaran la nómina, rápidamente se convirtió en la forma preferida para que los equipos que realmente eran malos mejoraran. “Construir alrededor de un núcleo de jóvenes talentosos en su camino hacia arriba” es probablemente la estrategia más antigua del libro, y si puedes encontrar buenos jóvenes, también puedes mantenerlos por seis años a precios relativamente bajos. Cuando crecí en Cleveland a fines de la década de 1980, esto se observó cuando los Indians cambiaron a peloteros favoritos de la franquicia como Joe Carter y Julio Franco, a pesar de que el cambio de Carter trajo a Sandy Alomar y a Carlos Baerga, y luego ficharan a jóvenes jugadores sin nombre como Manny Ramirez y Jim Thome con contratos especulativos a largo plazo. Esos Indians destacaron a mediados o finales de la década de 1990, pero en 1991, terminaron con récord de 57-105. Digamos que a pesar de que todo salió bien, no fue divertido vivirlo como fanático.

En el pasado, los gerentes generales no eran estúpidos. Probablemente echaban un vistazo a su roster en enero y al ver que tenían un equipo sub-.500 incluso ya en ese momento, se planteaban la disyuntiva de tomar la decisión de fichar un par de cuestionables contratos de agentes libres, o ver si era mejor deshacerse de un par de jugadores que aun podían proporcionar rendimiento decente. Pudieron haber tomado esa decisión por algún sentido de responsabilidad social o, tal vez, porque sufrían del tan humano tema del Sesgo Optimista, que es creer que uno está en menos riesgo que los demás. El béisbol (y los deportes en general) adoran la premisa de que “todo puede pasar” y todo lo que realmente necesitas es un lugar en los playoffs. Tal vez a través de una serie de mejoras imprevistas y rebotes afortunados, el equipo termina con un rendimiento superior al esperado por seis o siete victorias. Si has creado un equipo de .500 en papel, eso puede llevarte a los playoffs. Si has despojado de todo a un equipo de 60 victorias, no importa si la fortuna te sonríe.

Se ha hablado mucho de cómo el gerente general de la “nueva escuela” es un MBA capacitado en Wall Street, que simplemente dirige un equipo de béisbol. Puede ser que ahora tengamos el poder de cómputo para cuantificar realmente la probabilidad de tener ese tipo de fortuna. O, tal vez, el cambio vino en el hecho de que la persona en la silla estaba entrenada para mirar ese tipo de cálculos a través de una lente de desapasionamiento. Tal vez la razón por la que el perder sin luchar es tan frecuente ahora es que es tecnológicamente posible.

Ha habido varias sugerencias para eliminar el problema del “hundimiento”. La mayoría de ellas se dividen en dos categorías. Una es la idea de eliminar el vínculo entre tener el peor registro y tener la mayor cantidad de dólares para gastar en la adquisición de jugadores. Quizás los equipos que terminen por debajo de un cierto umbral (¿75 victorias?) no deberían recibir dinero extra, y tal vez que el orden para seleccionar en el draft se pueda determinar por sorteo. Eso al menos eliminaría el incentivo para sumar más de 100 pérdidas.

La otra categoría es sugerir que la MLB revise toda su estructura económica. Quizás el tiempo requerido para alcanzar la agencia libre se puede acortar, para disuadir a los equipos de tratar de acumular prospectos. Quizás la agencia libre podría ser eliminada. Quizás la agencia libre deba ser universal. Tal vez podría haber un tope salarial o un piso de sueldo.

Tal vez estamos dándole muchas vueltas al asunto. Puedo pensar en una solución mucho más simple que no resuelve por completo el problema del hundimiento, pero que probablemente sea un buen intento de hallar la vía: Ampliar los playoffs. Reducir la temporada regular a, digamos, 156 partidos y llevar a ocho equipos por cada liga a los playoffs. Se emparejan en simples llaves de eliminación simple y se siembran del 1 al 8, por su registro de victorias y derrotas. La primera ronda de los playoffs es una serie al mejor de tres partidos, se disputaría íntegramente en el estadio del equipo cabeza de serie. Los ganadores de esas series pueden entrar en lo que ahora conocemos como al mejor de cinco en las LDS, y luego al mejor de siete en las LCS.

Así se hubiese jugado la postemporada en 2017 bajo este sistema:

Emparejamiento Liga Americana Liga Nacional
Sembrado 1 vs. Sembrado 8 Cleveland (102-60) vs. Kansas City (80-82) Los Angeles (104-58) vs. Miami (77-85)
Sembrado 2 vs. Sembrado 7 Houston (101-61) vs. Tampa Bay (80-82) Washington (97-65) vs. St. Louis (83-79)
Sembrado 3 vs. Sembrado 6 Boston (93-69) vs. Los Angeles (80-82) Arizona (93-69) vs. Milwaukee (86-76)
Sembrado 4 vs. Sembrado  5 New York (91-71) vs. Minnesota (85-77) Chicago (92-70) vs. Colorado (87-75).

Seguramente alguno ya habrá pensado que no es justo permitir que un equipo que ganó 100 partidos esté sujeto a la aleatoriedad de una serie muy corta contra un equipo que ni siquiera superó los .500. Sí. Pero esto definitivamente abarata la idea de conseguir un lugar en los playoffs. Esa es la razón de todo.

Se necesita una gran cantidad de inversión inclusive para que un equipo llegue al nivel en el que pueda competir por un Comodín. Y bajo las reglas actuales, los equipos que lo consiguen tienen aproximadamente un 50 por ciento de posibilidades de pasar a la siguiente ronda. Muchos equipos probablemente se pregunten si tiene sentido invertir tantos recursos en una temporada y quizás terminar con una probabilidad de 50/50, como lanzar una moneda al aire, para avanzar a la siguiente ronda.

En este caso, presentamos una ecuación de riesgo-recompensa ligeramente diferente. Incluso si asumimos que tenemos una serie donde, entre la diferencia en talento y la ventaja de local, el equipo con mejor registro ganaría el 60 por ciento de todos los partidos, el equipo con peor registro aún tiene un 35 por ciento de probabilidades de ganar dos de tres. Eso es parte de la belleza del béisbol. En el baloncesto, que también tiene un emparejamiento de 16 equipos, los sembrados #7 y #8 solo han derrotado a sus oponentes mejores sembrados solo 10 veces en un período de 35 años. En el béisbol, en realidad tienes una oportunidad decente de avanzar. Y es mucho más fácil construir un equipo de 81 victorias que un equipo de 88 victorias. Simplemente habría un mayor incentivo para decir: “Oye, creo que tenemos una oportunidad, ¿por qué rendirse?”.

Una gran parte del incentivo del hundimiento es que los puestos de postemporada del béisbol son realmente difíciles de conseguir, y si no se puede enganchar uno, el resto de los incentivos están en la parte inferior. Cambiar el resto de los incentivos puede ser difícil, pero si podemos cambiar la parte en la que los cupos “son difíciles de conseguir”, tal vez sería una buena forma de incentivar la búsqueda. O al menos no incentivar no intentarlo.

Y como una ventaja adicional, ese fin de semana de series de tres partidos sería divertido. El béisbol tendría más partidos en el inicio de la postemporada y serían prácticamente de ganar o despedirse. La liga probablemente adoraría los niveles de sintonía por televisión. A los jugadores podría gustarles un calendario más corto en la temporada regular y poder decir: “Estuve en los playoffs”. Todo lo que habría que hacer es dejar que sean los fanáticos quienes finalmente digan si esto es una violación de la santidad del beisbol.

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