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Image credit: USA Today Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes 

Hace algún tiempo, fui dueño de una camioneta Subaru. Era un buen coche, especialmente en la nieve. Una vez, un faro se fundió. Fui a una tienda de autopartes y compré un bulbo nuevo por $10 o $12. Lo llevé a casa, busqué cómo quitar el bulbo viejo y poner el nuevo. De ninguna manera soy habilidoso, así que me tomó un poco de tiempo y esfuerzo, así como unos raspones en los nudillos. Pero lo logré.

Un tiempo después, se le fundió el faro al coche de una amiga. Ella no manejaba un Subaru de transmisión manual. Su coche era, digamos, de una prestigiosa marca alemana. Los faros estaban sellados y no podía reemplazar el bulbo. Tuvo que llevar el coche con un mecánico y el remplazo del faro le costó algo así como $350. Resulta que en su elegante coche nuevo, es necesario quitar la defensa entra para cambiar el faro.

No quiero meterme con el dueño de los Pirates, Bob Nutting. Al menos no con él únicamente. Pero la frase que cito arriba representa una mala percepción muy generalizada en nuestro deporte: que los equipos pertenecientes a mercados pequeños como los Pirates no pueden competir con los equipos ricos de Nueva York, Los Ángeles y Chicago.

Comencemos aquí: de 1947 a 1964—ósea 18 años—hubieron 109 juegos de Serie Mundial. de esos 109 juegos, 45—o el 41%—fueron disputados entre dos equipos de Nueva York. Otros 52—o el 48%—fueron jugados por un equipo neoyorquino. Sólo hubieron 12 juegos de Serie Mundial en un lapso de 18 años que no tuvieron representantes de Nueva York. Y si le das crédito a Nueva York por los equipos transplantados a California—Giants y Dodgers—obtienes 56 juegos con dos equipos actuales o recientes, 47 con uno, y sólo seis juegos—la victoria de Cleveland sobre Boston en 1948—sin representación de la Ciudad Gótica. Mucho antes de la agencia libre, los equipos ricos de las grandes ciudades dominaban el juego completamente.

En contraste, en los 18 años desde 2000, han habido sólo siete juegos de Serie Mundial disputados por dos equipos neoyorquinos (en el año 2000) y 24 por uno. ¿Dominio de equipos de grandes mercados? No está ocurriendo; fíjate en los números si no me crees.

No estoy diciendo que los 30 equipos se encuentren en las mismas circunstancias. El área estadística de la zona metropolitana de Pittsburgh contaba con 2.3 millones de habitantes en 2016. Entre las franquicias de las Grandes Ligas, solamente Cincinnati, Kansas City, Cleveland y Milwaukee son más pequeñas. Así que los Pirates no pueden atraer afición desde una población ni cercanamente tan grande como Nueva York (20.2 millones), Los Ángeles (13.3 millones), Chicago (9.5 millones), Dallas (7.2 millones), o Houston (6.8 millones). (Dato curioso: Miami es octava, más grande que Boston o San Francisco.) Esto significa que no pueden cobrar tanto más por los boletos, sus derechos locales de transmisión son menos lucrativos, y no hay tanta gente quienes compran (ups, perdón, compraron) jerseys de Andrew McCutchen como los de Aaron Judge.

Entonces es correcto, una franquicia en una comunidad más pequeña no tiene los mismos recursos que una localizada en una más grande. Pero eso es sólo parte de la historia.

Pittsburgh recibe pagos por concepto de distribución de ingresos de los equipos en mercados más grandes. No pude encontrar datos exactos, pero la cifra asciende aproximadamente entre $20-$40 millones anuales. Además, cada uno de los 30 equipos recibirán cerca de $50 millones por concepto de la venta de BAMTech (parte de MLB Advanced Media) a Walt Disney Company. Este es un pago único, a diferencia de los pagos de distribución de ingresos recurrentes, pero $50 millones podrían significar como tres McCutchens, ¿no? ¿Quieres apostar que los Pirates no se comprometerán a gastar $50 millones en agentes libres este año?

Pues si, jugar en Pittsburgh genera una desventaja estructural. Pero la liga desarrolló mecanismos—como distribución de ingresos y taquillas, o MLBAM—para mitigar esta desventaja. Forbes estima los ingresos de los Pirates en $256 millones, un poquito más de la mitad que los de los Yankees. Seguro que es una desventaja, pero comparada con el tamaño de cada mercado, no lo es, ni de cerca. Algunos equipos con ingresos estimados inferiores a los de los Pirates son los Twins, Rockies y Diamondbacks, los cuales obtuvieron un Comodín el año pasado.

Pero de manera más importante, como ya lo mencioné, comprar un equipo de béisbol no es como otras inversiones. El actual grupo de inversionistas (liderado por Kevin McClatchy; Nutting ya se convirtió en el dueño principal) pagó $92 millones por los Pirates en 1996. Los dueños pudieron hacer otras cosas con ese dinero. Pudieron construir un hospital. O invertir en una canasta de fondos mutuos sin carga. O pudieron comprar acciones de Microsoft.

Pero no lo hicieron. Y compraron un equipo de Ligas Mayores. ¿Sabes por qué? La gente que compra un hospital generalmente no es entrevistada por la Associated Press. Los inversionistas en fondos mutuos no pueden pasearse por los vestidores del béisbol con amigos y familiares, y hacer que atletas famosos les digan “Señor”. (Como un aparte, el espectáculo de hacer que empleados bien pagados se dirijan a sus patrones de manera formal en vez de por su nombre de pila me parece una de las cosas más repulsivas de los deportes.) Si tus acciones de Microsoft son las que mejores dividendos otorgan en un año, no apareces en televisión recibiendo un trofeo.

Los equipos deportivos no son tan buenas inversiones. So lo fueran, veríamos a inversionistas profesionales en lugar de personas ricas, comprarlos. Son compras de vanidad. Sacrificas los económicos para obtener otro tipo de beneficios, y no hay nada malo en ello. Todos compramos cosas que no necesitamos porque nos otorga placer: una buena botella de vino, una subscripción a HBO, un coche elegante, un equipo de béisbol. Una franquicia deportiva exitosa de puede convertir en parte de la identidad de una ciudad, una adquisición agradable. Pero son como coches de lujo. Los compras en gran medida por las intangibilidades de poseerlos.

Durante años, los Tigers tuvieron la nómina más alta del deporte. El área estadística metropolitana de Detroit se encuentra en la mitad inferior de todas las franquicias. Y la ciudad de Detroit se declaró en bancarrota en 2013. No puedes jugar en un mercado más complicado. Pero el dueño de los Tigers Mike Ilitch (QEPD) siguió gastando dinero en su equipo. Sabía que era una compra vanidosa y la trató como tal.

Comprar un equipo de béisbol y negarse a gastar dinero para hacerlo competitivo es el equivalente a comprar un coche de lujo y quejarse porque el bulbo cuesta más de $11.99 para cambiar un faro. Sabes en lo que te estas metiendo. Si no quieres tener gastos de liquidez, pudiste gastar tu dinero de otra forma. Si no quieres gastar en jugadores estrella, lo que necesitas en una re-evaluación de tus motivaciones, no un “rediseño fundamental de la economía del béisbol”.

La próxima vez, cómprate un Subaru.

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