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Image credit: USA Today Sports

Traducido por José M. Hernández Lagunes

Cada año durante la postemporada, “aparece” alguna nueva tendencia en el béisbol y la gente la proclama como el futuro del deporte. ¿Recuerdas a los Royals y su plano para el éxito? Este año, la palabra mágica fue “bullpenning”—la idea de que la mejor forma para que un equipo gane un partido es confiar en sus relevistas. Lo que comenzó como algo que involucraba “hacer lo que los Indians hacían con Andrew Miller” se ha desenvuelto en una “estrategia” en toda regla.

De cierta manera, esto es lo que el movimiento sabermétrico ha venido esperando. En lugar de usar un método rígido de un inning por lanzador desde el bullpen, si un buen relevista puede obtener cinco outs, ¿por qué no dejarlo, especialmente si el marcador está cerrado? Y si tienes varios buenos relevistas, ¿por qué permitir al abridor luchar en la sexta entrada si no tiene por qué hacerlo?

Ya que es época de Salón de la Fama, es momento también de que salgan a la luz aquellos quienes extrañan los tiempos del juego completo, a pesar de que ha transcurrido casi un siglo (1922) desde que apenas la mitad de los juegos eran completados por su abridor. El béisbol siempre ha contado con el bullpen como parte del juego, pero la línea de tendencia de las expectativas para un lanzador inicialista ha disminuido lentamente. Dicho esto, existe evidencia de que algo específico puede estar ocurriendo en el juego.

Aquí está una gráfica que abarca desde 1950 hasta 2017 del promedio de outs conseguidos por un lanzador inicialista mientras se mantuvo en el montículo, por año:

La línea de tendencia apunta hacia abajo desde hace tiempo, pero se nota una caída estrepitosa en los últimos dos años. Es más notorio cuando nos preguntamos—dentro del mismo lapso—cuál es el porcentaje de lanzadores inicialistas quienes completan el sexto inning.

En dos años, la taza de lanzadores quienes no completaron la quinta entrada cayó ¡casi 15 puntos porcentuales, o más del total de su erosión entre 1950 y 2015! No es el “bullpenning” extremo visto en postemporada, pero sin duda es una línea de tendencia. No creo que nunca veamos que los lanzadores inicialistas sólo duren tres entradas de forma regular, tan sólo por la razón de que un equipo debe cubrir alrededor de 1,450 entradas por temporada y sólo cuenta con cierto número de lanzadores en la plantilla, pero estamos presenciando una mayor dependencia de los lanzadores relevistas.

Aquí hay otra muestra de que los tiempos están cambiando. Este es el número promedio de outs obtenidos por el lanzador quien consiguió el salvamento.

Aquí observamos la ya conocida muerte del “bombero” en los 1980s, pero durante los últimos años, la línea de tendencia apunta nuevamente hacia arriba, aunque solo un poquito. De hecho, aquí está una gráfica que muestra la tendencia de cuantos outs individualmente consiguió cada relevista (por salida) en promedio, tomando en cuenta sólo aquellas apariciones que comenzaron en la sexta entrada o más tarde con su equipo empatando o manteniendo un liderato válido para el salvamento (tres o menos carreras).

Tampoco hay mucha diferencia ahí. Los relevistas hacen básicamente la misma cantidad de trabajo, al menos de manera individual, pero parece que hay muchos más lanzadores.

En esta gráfica se observa el número promedio de lanzadores relevistas utilizados por equipo, de 1950 a 2017. La línea de tendencia aquí apunta hacia arriba desde hace tiempo (y sube más en los últimos años). Entonces, la verdadera tendencia que hemos observado en los últimos años no es “bullpenning”. Es que los equipos cuentan con más lanzadores relevistas en quienes confían, o bien, más relevistas “tolerables” en lugar de usar a los inicialistas en la sexta entrada.

Pero llegará un momento donde el cálculo deba hacerse antes que la estrategia caiga de bruces dentro de los detalles matemáticos del béisbol. Se puede argumentar que durante el arco de la historia del deporte ha existido una carrera para encontrar maneras de distribuir la carga de lanzamientos entre más personas. Si los equipos continuarán sacando a sus abridores más y más temprano, significará más outs para el bullpen. Ellos pueden (y deben) haber resuelto el problema contando con más relevistas, pero debe existir un límite para ello, impuesto por el tamaño de la plantilla.

Eventualmente, la solución será que los lanzadores relevistas lancen por lapsos más largos. Dicho de otra forma, el “bullpenning” entró en el béisbol no de manera calculada, sino porque el juego lleva un perezoso camino hacia ahí.

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