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Image credit: USA Today Sports

Traducido por Marco Gamez

Eso fue antes de que fuera publicado, antes del sacrificio. Durante el fin de semana, Ohtani redujo su lista. La secuela mostró lo que sucede cuando el sentimiento local es utilizado como arma. John Updike nos dijo famosamente: “El verdadero neoyorquino cree, secretamente, que las personas que viven en cualquier otro lugar, en cierto sentido, deben estar bromeando”. La lista de Ohtani mostró cómo arremetemos cuando nuestros lugares son rechazados, cuando otras personas demuestran no ser tan serios. Defendemos el lugar por muchas razones: porque nos gusta la forma en que huele; la forma en que se siente y se saborea; qué tan vibrante es. Lo hacemos para justificar nuestra decisión de quedarnos allí; quizás para excusar nunca haber tenido que tomar una difícil elección. Nos preguntamos: “¿Quién querría vivir en otro sitio que no sea el nuestro?”

Lo gracioso de desear que a todos les guste nuestro lugar tanto como a nosotros es que realmente no queremos que estén en nuestro lugar. Entonces nuestro lugar sería diferente, cambiado por todos los lugares que se le mezclarían. Codiciamos su codicia. Pero ocasionalmente codiciamos trofeos también. Ansiamos como validación monumentos brillantes a los méritos de donde jugamos. ¡X cantidad de personas se mudó aquí el año pasado! ¡Tenemos el mayor número de graduados universitarios en el país! ¡Nuestra localidad es el segundo mejor lugar para vivir en la región de los Grandes Lagos! Todo se vuelve muy personal. Viviremos aquí para siempre. ¿Y de qué otra manera sabrían ustedes, pobres bolsas tristes, de nosotros?

Todos los agentes libres eligen donde jugar, pero las circunstancias inusuales de Shohei Ohtani hicieron que su elección se base principalmente en el lugar donde actuará. Y esa situación hizo que su rechazo fuera personal. Todos comprendemos que se pague por hacer un trabajo; respetamos a quien se esfuerza. No se trataba solamente de eso, o al menos, era muy poco referente al pago que cualquier otro caso ocurrido en tiempos recientes. Rechazar Nueva York era alejarse de una franquicia histórica, y seguir en espera, además madrugadas por debajo de la calle 14. Decirle “no, gracias” a Detroit significó un invierno más prolongado en la reconstrucción y un ojo golpeado para el llamado Músculo Americano.

Sin una base para calcular exactamente a cuántos dólares equivalen tantas horas de trabajo en Japón y a cuanto éstas equivalen a cuántos Tim Hortons, estas ciudades se les dejó pensando que lo que probablemente fue una afirmación positiva para otras ciudades fue un rechazo hacia ellas. Y vimos esa herida manifestándose en su forma más desagradable. A Ohtani lo llamaron cobarde y lo acusaron de ser irracional, de recibir malos consejos; de ni siquiera saber que el consejo fue malo. La tarea de los medios de Nueva York no es igual; alguien de quien Boston podría prescindir. No es uno de nuestros muchachos, es una frase cargada con muchas implicaciones tácitas, pero terriblemente desagradables.

Pero realmente solo está haciendo lo que hacen los que dejan su hogar.  Está buscando dónde encajar, si prefiere un contrato menor o una voluntad de jugar en conflicto. No sabemos exactamente cómo está juzgando esas últimas siete ciudades. Puede que no sea donde termine estableciendo su hogar definitivo; muchos jóvenes de 23 años se mudan. Tal vez todo depende de dónde cree que le será más fácil comenzar. Tal vez donde se sienta bien. Quizás será donde él cree que puede crecer.

En un juego en el que a menudo valoramos a raíz de nuestro hogar, él está buscando el suyo. Para otros 29 grupos de aficionados, no es que su lugar sea malo; simplemente para él no es ese lugar. No deberíamos envidiarle el deleite de su elección. Después de todo, conocemos ese sentimiento. El lugar es donde podemos relajarnos y encontrar buenos bocadillos, y donde mentalmente sabemos qué paso debemos dar para no tropezar y caer. Ese lugar es como nuestro hogar. Donde pertenecemos. Dado lo que él está dejando, es lo menos que podemos esperar.

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