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Traducido por Martin Alonso

Filadelfia Phillies acuerdan con el manager Gabe Kapler por un contrato de tres años. [10/30]

El gerente general de los Phillies, Matt Klentak, ya lleva dos años con el equipo, pero es aún una caja negra para muchos fuera de Filadelfia. Caramba, es una caja negra para muchos dentro de Filadelfia. El punto en el que tomo riendas sobre la reconstrucción de los Phillies no fue uno que le dio mucho espacio u oportunidades para colocar su sello en la organización. Ha fallado en demostrar una capacidad de maniobrar al estilo de Jerry Dipoto o un pistolero al estilo de A.J. Preller, lo cual combinado con su falta de experiencia y conexiones dentro del juego (con excepción a Andy MacPhail, claramente), ha creado preguntas sobre quién exactamente está liderando el equipo, y la filosofía de éste.

Sea por esta razón o (más fácilmente demostrable) una larga lista de otras, la temporada 2017 no mostró el progreso deseado hacia la meta de volver a contender en la NL Este. Este fichaje demuestra todo lo contrario. También explica por qué esta vacancia se creó en primer lugar. (Recuerde, Pete Mackanin fue despedido menos de cinco meses de firmar una extensión con el equipo para manejarlo, pues, más tiempo de lo que hizo.) Con este cambio, los Phillies cambian su imagen y se reposicionan.

Kapler es tan new-age como cualquier otro manager. Tiene muy poca experiencia como entrenador, pero un extensivo conocimiento sobre nutrición y cómo llevar una vida sana; una buena conexión con la comunidad analítica; y experiencia en el desarrollo de jugadores. Está contratación es la última prueba de que los equipos progresivos no quieren líderes independientes y carismáticos sino facilitadores. Eso no quiere decir que el liderazgo o carisma son rasgos no deseados o sin valor, pero son secundarios – hasta incluso terceros.

Kapler será un comunicador proactivo, pero (por necesidad) delegará muchos deberes críticos asignados al manager. Su rol dentro de la instrucción será probablemente limitado. Su entrenador de banca quizás tenga mucho input sobre las decisiones tácticas dentro de los partidos y, al punto que Kapler tome esas decisiones él mismo, las hará con la información y perspicacia de la gerencia. Últimamente, se está hablando mucho sobre esta última conexión: los buenos managers no son títeres o voceros de la gerencia. Son, en cambio, líderes de mente abierta, capaces de recibir y procesar nuevas ideas; una capacidad para comunicar mensajes de manera clara; y una agudeza para entender relaciones que le permitan delegar responsabilidades sin parecer alejado o desinteresado.

No hay razón para pensar que Kapler es incapaz de hacer todo esto. Claro, su anterior rol con los Dodgers como director de la cantera requería las mismas habilidades, aplicadas en un contexto y nivel diferente. Los managers no son dominados ni marginalizados por la gerencia. Son miembros de ésta. Mientras más pronto se den cuenta de esto (y mientras más pronto los equipos se den cuenta de esto y comiencen a poblar estas posiciones con personas que entiendan esta dinámica y tengan las habilidades necesarias para cumplir esta visión), más pronto podremos abandonar estos tontos debates sobre la lucha de poder entre el Gerente General y el entrenador principal.

Klentak y Kapler serán, presuntamente, un dúo colaborador, pero Klentak también tuvo otra razón para tomar esta decisión. Hace unos 10 días, parecía que este rol sería tomado por el soldado más longevo de la organización, Dusty Wathan, y Wathan hubiera sido una buena elección – al menos en el vacío. Tiene bastante experiencia como entrenador y manager, no es prohibitivamente viejo o fuera de moda, y trae consigo bastante credibilidad con los jóvenes jugadores dentro del plantel de los Phillies. Si esos jugadores fueran los únicos (o inclusos los primeros) a los que Klentak tendría que responder, Wathan hubiera conseguido el puesto.

En la jugada hacia Kapler, es posible ver el futuro, y ver un poco de la maquinaria de la liga misma. El cambio de actitud hacia Mackanin hizo de ellos uno de seis equipos en despedir a sus managers: Boston, Detroit, Nueva York, Nueva York, Filadelfia, y Washington. La identidad de esos seis equipos puede que sea una coincidencia, pero no es un accidente. Nótese que lo Twins, después de mucha deliberación, decidieron retener a Paul Molitor este invierno. Nótese que Clint Hurdle recibió una extensión de contrato en Pittsburgh, a pesar de haber perdido una segunda (y decepcionante) temporada consecutiva.

Hubo equipos que optaron por mantener su curso este invierno, y equipos que decidieron que este sería el mejor momento para cambiar las cosas, y los equipos en ambos bandos comparten una cosa: mucho dinero para gastar, y un ojo en el mercado de agentes libres del 2018. No quiero sugerir que los equipos han cambiaron de manager para tener uno que resulte más atractivo para los agentes libres en la lucha que seguirá después de la próxima temporada, pero sería ingenua pensar que no hay un poco de veracidad causal ahí.

Los Phillies van a tener bastante flexibilidad económica dentro de un año, y su ventana está a punto de abrirse. Algo similar (aunque no idéntico) se puede decir de cada uno de los otros cinco equipos que crearon un vacío en la posición del manager esta temporada. A medida que esos roles se van ocupando con gente como Kapler, Mickey Callaway, y Alex Cora, se hace claro que los equipos no sólo están contratando en base a la capacidad de un candidato para comunicar de manera productiva y trabajar cooperativamente, pero en base a su potencial como reclutadores (indirectamente) para talento de alto valor cuando esté llegue al mercado. Podría no funcionar, o podría funcionar con personas específicas, pero no hay duda de que este otoño se están tomando decisiones más informadas, desde el rol del manager hasta puestos de entrenadores menores.

Washington Nationals acuerdan con el manager Dave Martinez por un contrato de tres años. [10/30]

Despedir a Dusty Baker fue una decisión bizarra por parte del gerente general Mike Rizzo. Tiene sentido si ciertos miembros del núcleo de los Nationals creían de manera certera que Baker era “un poco de la vieja escuela,” como reportó Jon Heyman, porque es un núcleo lleno de estrellas con calibre de campeonato, y tienes que estar a su servicio todo el tiempo. Tiene sentido si Rizzo sentía la temperatura subir dentro de las oficinas de los dueños del equipo y necesitaba una forma de culpar a alguien más por las constantes fallas que impiden a los Nationals avanzar en la postemporada. En ninguno de los casos, sin embargo, el despido de Baker hace sentido sea correcto o no, y no tenemos mucha evidencia de esto de cualquier modo.

No obstante, una vez que la decisión de botar a Baker fue tomada, contratar a Martinez fue una decisión natural y obvia. Cumple con la máxima de que cuando despides a un manager de los jugadores, contratas a un disciplinario más exigente en su lugar: Martinez ha sido, por años, el teniente de Joe Maddon y, cuando era necesario, su verdugo. Viene con un buen currículum de grandes ligas, habiendo ganado bastante y trabajado muy de cerca con Maddon en Tampa Bay y Chicago. También es una persona muy carismática, no necesariamente cálido o gracioso, pero extremadamente honesto y lleno de dignidad. Baker tenía muchas de estas cualidades, pero no podía decir lo que Martinez puede: que, recientemente, ha llegado a la cima con un equipo progresivo.

Con Bryce Harper y Daniel Murphy a punto de quedar como agentes libres después de la próxima temporada, la fachada de los Nationals podría cambiar en poco tiempo. Si y cuando eso suceda, la creencia de Martinez en su autoridad y competencia le jugarán a su favor. Es bilingüe, y a pesar de parecer un cascarrabias, es inteligente y tiene ganas de ayudar. Nuevamente, se le está dando mucha importancia al flujo de información que viene de la gerencia y cómo esta se comunica de manera efectiva en los camerinos. Información importante también fluye en la otra dirección, sin embargo, y como un punto de enfoque para que esa información se concentre y devuelva, Martinez es una buena opción. Ese es el rol que jugaba dentro del equipo de Maddon.

Solo les queda contratar al papá de Kris Bryant como su entrenador de bateo para mostrarle a Harper que los Nationals están haciendo todo lo posible para demostrar que su prioridad es ganar y retener sus servicios. Reunir a Murphy con el entrenador de bateo Kevin Long (quien se une al equipo de entrenadores de Martinez) solo puede ayudar. Lentamente, parece que la MLB se está volviendo una liga para los jugadores, en la misma medida que la NBA lo ha sido por años y la NFL comienza a serlo. A pesar de que Martinez es una apelación hacia la autoridad y modestia (tiene una personalidad similar a la de Mike Matheny, y será evaluado por algunas decisiones de liderazgo) en lugar de los deseos y confort de los jugadores, le abrirá muchas puertas a los Nationals en el futuro. Mientras tanto, como es deber de todos los managers, sólo debe mantener las puertas de comunicación entre la gerencia y el campo lo más abiertas posibles.

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