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Image credit: © Brett Davis-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

El béisbol ha cambiado a lo largo de los años: la importancia del sermón diario ha sido absorbido por el drama de la postemporada. Esto ha provocado que le acabemos dedicando mucha atención a los equipos que se pasan septiembre en el desierto. En los viejos tiempos de los rosters ampliados estos equipos mediocres pasaban por una extraña fase rejuvenecimiento, una especie de segunda primavera en la se daba tiempo de juego a los novatos. Solo se hacía raro cuando, de repente, uno de esos equipos competía y se metía en la carrera por los playoffs. Pero las reglas han cambiado, otra vez, para favorecer la importante lucha por la postemporada, y esos equipos perdidos tienen aún menos por qué jugar a medida que el verano termina.

No hablamos tanto de la otra cara de la moneda. Es decir, los equipos que no tienen nada por lo que jugar porque ya aprobaron el examen. Hay un par de buenas razones para esto: por lo general, los buenos equipos siguen ganando y eso es suficiente para disfrutar de un flujo interminable de dopamina. El segundo motivo es que todo juego supone algo: una puesta a punto, una oportunidad para perfeccionar y, en ocasiones, una catástrofe.

Los New York Yankees tienen los playoffs casi asegurados, pero también tienen un balance de 12-25 desde el 8 de julio, el cuarto peor del béisbol en ese período. Se las han apañado para hacer que un septiembre sin sentido acabe siendo importante. Sus posibilidades de ganar su división (y por tanto descansar en la primera ronda) han caído de un 97,4% a un 92,3% en una semana. Mientras tanto, los Houston Astros jugaron su último partido importante el 1 de julio, cuando derrotaron 8-1 a los Angels y elevaron su probabilidad de hacerse con la División Oeste de la Liga Americana al 99%. Desde entonces han registrado un 22-17 en 37 juegos. No arrollan como los Dodgers ni hiperventilan como los Yankees. Solo te fijas en ellos cuando ganan a tu equipo favorito.

Este artículo no es para criticar a los Yankees ni para encumbrar a los Dodgers. Ya hay mucho escrito a este respecto. A cambio, la pregunta interesante es: ¿Qué hace un equipo como los Astros con un mes de béisbol sin sentido por delante?

En otros deportes la respuesta sería sencilla: levantar el pie del acelerador. En el fútbol americano los grandes equipos a menudo tratan la última semana de la temporada como un día de descanso. Los riesgos a que una lesión repentina descarrile la temporada superan con creces los posibles beneficios de mantener el ritmo. La temporada de la NBA, que dura la mitad que la MLB pero que en muchos sentidos es igual de agotadora, ve como los buenos equipos dan un descanso descarado a sus estrellas, especialmente porque el sistema de playoffs exige piernas frescas y no le da tanta importancia a la clasificación en la temporada regular. La postemporada de la MLB nunca había afectado tanto a la temporada regular. A pesar de la carga de juegos los equipos y los jugadores habían colocado el ritmo y el trabajo regular por encima del descanso y la pérdida del estado físico.

Pero las cosas están empezando a cambiar. Los managers cada vez están más paranoicos con dar las entradas inútiles a sus relevistas. No dudan en dar carnaza a los bates siempre que las reglas lo permitan. No es difícil imaginar a equipos inteligentes como los Astros empujando todo esto hacía su inevitable conclusión. Si las millas cuentan en entradas sin sentido, ¿por qué no lo harían en juegos sin sentido? A medida que los playoffs siguen aumentando hasta convertirse en su propia temporada completa, ¿no sería mejor que los equipos trataran a sus peloteros como hace la NBA y les dieran descanso en septiembre y los guardarán para un octubre que se alarga hasta noviembre?

Para responder a estas preguntas he tomado a todos los lanzadores de postemporada en la era moderna (1988-2022) con al menos 10 entradas lanzadas en temporada y postemporada. Luego creé un valor indexado de efectividad de postemporada (con un promedio de 100, es decir, lo que este por encima bueno y por debajo malo) basado en el desempeño de la temporada regular de esa temporada, y ejecuté un diagrama de dispersión que combinaba este valor con el número de entradas lanzadas en la temporada regular para determinar si había alguna correlación entre la gran carga de trabajo de la temporada regular y la disminución del rendimiento en la postemporada (psERA+ es ERA en la postemporada, SP es abridor y RP es relevista).

Empezamos con un par de valores atípicos que saltan a la vista. Ese abridor en la parte alta es el Justin Verlander de 2013, quien técnicamente venía de una mala temporada regular (2.8 WARP) antes de diezmar a sus oponentes en los playoffs (1 carrera permitida, 13 corredores en base y 31 ponches en tres aperturas). Esto no tiene nada que ver con mi teoría, es solo una oportunidad para celebrar a Justin Verlander. El segundo resultado atípico es un relevista cuyo valor se encuentra en la parte más inferior y más izquierda de la gráfica. Un dato extremo que le da a la línea de tendencia algún poder de correlación y que corresponde a los restos aún humeantes del Nick Anderson de 2020, que lanzó seis entradas en 2021 y que todavía se está rehabilitando de una lesión en el codo. Anderson fue, sin duda, expuesto a una sobrecarga de trabajo, pero él suyo era un tipo diferente de exceso de trabajo. Profundizaré en ese tema en mi próximo artículo.

En cualquier caso, la respuesta a la pregunta del millón de sí gastar mucha gasolina en la temporada regular pasa factura en la postemporada parece ser un rotundo no. Creo que siempre existirá la creencia de que los grandes jugadores tienen un desempeño inferior en la postemporada, y luego se buscará alguna razón para justificar esa creencia. Por ejemplo, la fatiga. Pero no es cierto. Los abridores utilizados en esta consulta registraron una efectividad de de 3.47 en temporada regular y una efectividad de 3.52 en postemporada, que es un valor indexado de 101. Nos encontramos con dos posturas enfrentadas. Por un lado la que cree que no es razonable esperar que a los jugadores les vaya tan bien en octubre como durante el resto del año ya que en temporada regular se enfrentan a equipos con más de 100 derrotas. Pero al mismo tiempo, los abridores salen mucho más rápidamente de los juegos y se les permite trabajar en condiciones óptimas. Es en el bullpen donde aparece el verdadero estrés de estar compitiendo al máximo nivel: su psERA+ es 115. Tiene sentido que los equipos quieran llenarse de relevistas en los playoffs; un formato de días y semanas pone mucha presión sobre ellos.

En conclusión, el resultado favorito de la investigación es la hipótesis nula. Esta vez, sin embargo, la realidad es motivo de celebración porque la alternativa habría sido un desastre. Los equipos que tanquean no solo tendrían una razón para dejar de esforzarse tanto por competir, sino que los grandes equipos también podrían refugiarse en una precaución excesiva que consistiría en una lista de lesionados tan cargada como fantasiosa y un mes de Triple A para los abonados. Se ha hecho mucho daño al béisbol como espectáculo al desacreditar uno de sus mitos: el clutch o bateo situacional. Es bueno que la idea de que los equipos deben mantener el ritmo a medida que se acerca el otoño pueda mantenerse viva un poco más. La postemporada es genial y todo eso, pero ya ha destruido gran parte de la temporada regular. No hagamos que septiembre sea más insignificante de lo que tiene que ser.

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