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Image credit: © Thomas Shea-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Cuando el domingo pasado Luis García se lesionó en la segunda entrada del juego entre Astros y Red Sox, fue Jake Odorizzi quien salió al rescate de Houston. Pero primero, como abridor que no sabía que iba a jugar, tuvo que calentar. Y lo hizo durante unos 15 minutos de un partido de playoffs, mientras el mundo esperaba que se reanudara el evento deportivo que habían sintonizado y que concluyera la preparación de Odorizzi. La reacción fue, como era de esperar, negativa.

El calentamiento de Odorizzi fue solo el último de una larga serie de retrasos que ha afectado a los últimos juegos de postemporada. Esos retrasos están contribuyendo a que el ritmo de algunos de los juegos sea el más lento en la historia de la MLB con aproximadamente 90 segundos por lanzamiento, incluso cuando las ofensivas están relativamente paralizadas. A pesar de todas las vueltas que se le han dado al ritmo de los partidos en la temporada regular, lo que está sucediendo este octubre puede ser igualmente perjudicial.

Lo que sucedió el sabado en Houston fue un caso extraordinario, no es frecuente que un abridor tenga que irse en la primera entrada de un juego. Pero la tendencia general va mucho más allá del ejemplo de Odorizzi y abarca no solo esta postemporada, sino también los playoffs de los últimos años. En términos de tiempo bruto de juego, después de los ajustes necesarios en función de las actuaciones ofensivas de los equipos, el ritmo se ha vuelto cada vez más lento al menos desde 2010. El siguiente gráfico muestra la tendencia reciente, así como la naturaleza atípica de 2021.

Debido a que se trata de minutos brutos por lanzamiento (sin excluir descansos entre entradas, anuncios u otras fuentes de demora) salen cifras más altas que en las estadísticas de ritmo más detalladas disponibles para la temporada regular aquí y en FanGraphs. Aún así, muestra un aumento importante en el ritmo desde 2015, alcanzando más de 90 segundos por lanzamiento este año, el más alto jamás registrado.

El aumento en la duración de los juegos resulta todavía más impactante si se tiene en cuenta que los partidos de la Serie Mundial tienden a ser los más largos y aún no hemos llegado a esa etapa del torneo. Cuanto más nos adentramos en la postemporada más duran los partidos. Y con la excepción de algunos choques recientes de la ALCS en los que han saltado chispas (y con equipos lentos como los Red Sox), cada ronda es más larga que la anterior. La diferencia entre la duración de los partidos en los playoffs de 2021 y años anteriores va a ser evidente.

El gráfico es engañoso porque la enorme desaceleración de esta temporada esconde una tendencia más a largo plazo. El ritmo aumentó en unos 10 minutos por juego entre 2010 y 2020, incluso antes de que este año se alargarán todavía más. El tiempo promedio entre lanzamientos es aproximadamente cuatro segundos más largos que hace cinco años.

Este aumento en el tiempo promedio también se hace notar en el hecho de que hemos tenido algunos de los juegos de nueve entradas más largos de la historia de la postemporada. Ha habido 56 partidos de nueve episodios que han durado más de cuatro horas, cinco de ellos han sido esta postemporada, con la Serie Mundial y la mayoría de los choques de las Series de Campeonato aún por disputarse. Muchos de estos han involucrado al mismo puñado de equipos, en particular a Houston, Boston y Nueva York. Mientras tanto, el juego más largo de la postemporada de 2015 sería el 44º más largo de los últimos seis años. En 2012 no hubo ningún partido de nueve entradas que se fuera a las 4 horas.

Los motivos detrás del bajón del ritmo son algo misteriosos. Un factor al que se culpa a menudo son las sustituciones de lanzadores, pero es una teoría fácil de desmontar. En promedio, el juego de postemporada de 2021 ha presentado solo un cambio de pitcheo adicional en comparación con hace seis años, lo que ciertamente añade algo de tiempo, pero no sirve para explicar los veinte minutos adicionales de esta temporada. De los juegos de cuatro horas de esta campaña, más de la mitad han tenido cinco o seis lanzadores por equipo, una cifra que no es anormal.

La ofensiva tampoco puede explicar el aumento del tiempo de juego. Las carreras a menudo disminuyen en octubre, por la calidad del lanzamiento y por las condiciones climáticas, y no son más altas que las registradas en 2015. El ajuste por el número de lanzamientos también debería neutralizar cualquier aumento en la paciencia o productividad de los bateadores.

Otro factor (más creíble) que probablemente está en juego es simplemente que hay más tiempo de inactividad entre lanzamientos. Algunas investigaciones que he hecho han vinculado un mayor tiempo entre lanzamientos consecutivos con el aumento en las velocidades de las bolas rápidas, y los lanzadores tienden a lanzar todavía más duro en octubre, en concreto un promedio de alrededor de 0.5 mph. Esto se debe sin duda a la adrenalina y la presión del momento, pero esa presión puede resultar en que los lanzadores tarden unos segundos más en calmar sus mentes antes de lanzar la pelota.

Al igual que con los debates sobre el ritmo de juego en la temporada regular este es un tema controvertido que en última instancia es una simple cuestión de gustos: ¿como fanático prefieres un juego de cocción lenta o mucha acción en un período de tiempo más corto? A muchos, sin duda, no les importa.

Pero dada la indignación que produjo el larguísimo calentamiento de Odorizzi y la proliferación de juegos de cuatro horas, sin mencionar la iniciativa de Rob Manfred para acelerar el juego, este puede ser un tema que la MLB se tome en serio en un futuro cercano. La desaceleración de la temporada regular puede haber contribuido a la disminución de la popularidad del béisbol entre algunos fanáticos más jóvenes, pero la lentitud en la postemporada corre el riesgo de distraer la atención de los eventos más importantes del juego.

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