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Image credit: © Bob DeChiara-USA TODAY Sports

Traducido por Marco Gámez

Una de las tramas secundarias más atractivas que terminó borrada por la Gran Normalidad que fue el Juego 162 de la temporada de MLB fue la estructura de los juegos de eliminatoria directa. El formato de comodín de dos equipos, y los cuatro equipos que lo tenían a su alcance, requerían de una intrincada serie de procedimientos para establecer quién sería el elegido tras lanzar una moneda al aire en lugar de ser expulsado inmediatamente de la postemporada. Sobre la base de la serie particular o enfrentamientos entre ellos durante la temporada regular, se asignó la ubicación de los equipos en varios escenarios, ya sea siendo sede ante un equipo específico en el caso de un empate entre cuatro equipos, o aprovechando una posible llave de perdedores en una situación de empate entre tres equipos.

Suena ridículo, y lo es, pero eso no lo diferencia de los playoffs tradicionales. En la Liga Nacional este año, sin caos, tuvimos un equipo como Cardinals con 90 victorias en el juego por el Comodín contra los Dodgers con 106 victorias, que se podía quedar sin la oportunidad de jugar contra los Giants con 107 victorias. Mientras tanto, los Braves con 88 victorias evitaron el Comodín y enfrentan a los Brewers con 95 victorias en la ruta hacia la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. Las divisiones siempre han distorsionado la justicia de la postemporada en los deportes (la Conferencia Este de la NBA ha estado, a lo largo de una generación, permitiendo clasificar a equipos sub-.500) así como también lo ha hecho la más subestimada de las peores decisiones de la colección de ideas obtenidas por Bud Selig mediante la técnica de grupos focales, el calendario desequilibrado.

Aceptamos el concepto de divisiones porque…en realidad no sé por qué, aparte de la filosofía estadounidense de que hacemos que nuestros hijos vivan con las mismas cosas que nosotros. Sí, está bien, hay que tomar en cuenta los viajes, pero dado que la División Oeste de la Liga Americana incluye a Seattle y a Dallas-Fort Worth, separadas por una distancia mayor que la de viajar desde Tampa a través de todas las ciudades del Este de la Liga Americana, es difícil defender el concepto bajo ese principio. Pero las divisiones no van a desaparecer, porque se ha invertido demasiado en las rivalidades que pretendemos que surjan de ellas. Entonces, la situación del comodín insinúa accidentalmente un compromiso viable: el mejor clasificado elige.

Es simple: mantén las divisiones, para que no tengas que quitar y volver a redactar de forma incómoda esos banderines. Continúa dando a los White Sox 64 juegos al año contra equipos sub-.400 si es necesario. Pero cuando llegue el momento de los playoffs, toma la tabla de clasificación de la temporada regular, recorre la lista y da a cada equipo una opción:¿Contra quién te gustaría jugar en esta ronda?

La maldad de los playoffs, como concepto, es que aumentan el drama al disminuir la equidad. Un sistema justo sería permitir que los equipos jueguen sus 162 juegos y usarlo para determinar cuál es el mejor equipo. Mariners de 2001, ahora son el mejor equipo de la historia, ya que seis meses significan más que siete juegos. Nadie quiere esto, porque es aburrido; es incluso aburrido la forma en que la Organización Coreana de Beisbol (KBO, por sus siglas en inglés) lo hace con su sistema de clasificación, tipo escalera, proporcionando cinco lugares en los playoffs pero, en la práctica, es imposible lograrlo para los cabezas de serie inferiores.

El equilibrio entre “justo” y “divertido” es complicado, y MLB está traicioneramente cerca de sucumbir, como ya lo han hecho los otros deportes profesionales estadounidenses, ya que el drama paga mejor en ingresos televisivos. Es un reto como recompensar el éxito de la temporada regular, porque la ventaja de jugar en casa en el beisbol es insignificante y no es fácil aplicar medidas artificiales para contrarrestar esto.

Se han propuesto soluciones, sobre todo ampliando cada ronda y, por consiguiente, la cantidad de comerciales que se pueden transmitir en ellas. Pero incluso esto va en contra de la concepción de drama para el fanático promedio, que no es que una serie ganada 4-1 se convierta en una ganada 5-2. Es la ilusión de que es un juego único, que es un momento único, pensar que realmente es el destino, que es justo a pesar de que sabemos que, absolutamente, no lo es. Por mucho que la gente quiera drama, también quiere una historia.

Eso es lo que hace que la elección del mejor clasificado sea tan atractiva: es el unicornio de los sistemas, algo que hace que el juego sea más justo (al aumentar la ventaja proporcionada por el rendimiento de la temporada regular) y más divertido (al añadir el drama de los equipos que son elegidos como oponentes intencionales). Antes de que se calmaran las aguas tras el último día de la temporada de béisbol, Boston hizo saber que en un escenario de desempate, querían a Nueva York en lugar de Toronto. Luego, jugaron y demostraron exactamente por qué. La fuerza de las historias, la energía que se dirigiría tanto hacia los departamentos de analítica de los equipos y como hacia los programas de radio deportivos que reciben llamadas del público, serían tremendas.

Esto es lo que realmente está en juego aquí: no la justicia, sino el drama. El béisbol, como todos los deportes profesionales, ha hervido un siglo de redacción deportiva en la simplificación de un solo argumento: el poder de la falta de respeto. La fuente del yo interior del que odia perpetuamente, por supuesto, puede variar: a veces son los medios de comunicación nacionales, a veces es un bateador exitoso o un desaire imaginario, a veces son matemáticas de quinto grado. Pero siempre se reduce a los mismos cuatro acordes.

La elección del mejor clasificado tal vez no nos daría, algo nuevo para que los atletas tengan un motivo personal contra un rival, pero sí un tema más atractivo para el análisis. El concepto del partido de ajedrez es en sí mismo otro cliché en el manual del periodismo deportivo, pero es la metáfora elegida por una razón: el ajedrez es el deporte perfecto para el análisis, con su información completa e innumerables posibilidades y variantes. Podríamos tener eso, al menos durante un par de horas antes de que comience la próxima serie, y no nos costaría casi nada. Ni siquiera costará dinero, Rob Manfred. Tú puedes hacerlo.

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