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Image credit: © Jayne Kamin-Oncea-USA TODAY Sports

Traducido por Marco Gámez

La prohibición de usar sustancias pegajosas ha tenido efectos sísmicos en el pitcheo de Grandes Ligas, aumentó los índices de jonrones y disminuyó los ponches, ya que los bateadores pueden manejar mejor los lanzamientos que se mueven menos. La gran mayoría de los lanzadores de la liga vieron caer las revoluciones por minuto de sus envíos y casi todos los equipos se vieron afectados, lo que provocó un gran cambio en todo el juego.

Pero ahora que las aguas han retomado su nivel, está claro que algunos lanzadores han perdido más revoluciones que otros. (Un puñado de lanzadores hasta han ganado revoluciones). Aquellos que perdieron la mayor cantidad de revoluciones parecen mostrar signos de disminución de la efectividad junto con la caída de las revoluciones, lo que demuestra lo mucho que distorsiona al juego la cantidad de sustancias pegajosas usadas.

Para un análisis simple, dividí la temporada en dos grandes períodos: antes y después del 15 de mayo. (La razón por la que elegí el 15 de mayo como fecha límite, en lugar de la fecha cuando comenzó la prohibición o cuando MLB envió su memorando anunciándola, es que el 15 de mayo es cuando muchos lanzadores parecen haber comenzado a tener disminuciones de RPM, lo que sugiere que fue cuando supieron que venía la reglamentación y cambiaron su comportamiento). Calculé las estadísticas de cada lanzador antes y después de esta fecha de corte, correlacionando su cambio en RPM con lo que sucedió con su desempeño.

La faceta más simple y confiable del desempeño de un lanzador para comparar su pérdida de RPM es la tasa de ponches, y aquí hubo una correlación bastante significativa entre el cambio en las RPM de la bola rápida (eje x) y el cambio en la tasa de ponches (eje y).

La pendiente de esta línea es significativa: en términos generales, una caída de 100 RPM en el giro de la bola rápida equivale a una caída de tres puntos porcentuales en la tasa de ponches. Pero la correlación es solo moderada en fuerza (r = .35), en parte porque incluso una estadística de estabilización rápida como la tasa de ponches tiene mucha aleatoriedad y, en parte, porque los lanzadores pueden adaptarse a una pérdida de movimiento de otras maneras.

Debido a esto, una disminución en las revoluciones no necesariamente equivale a una pérdida de efectividad. Pero en general, los lanzadores que han perdido la mayor cantidad de revoluciones por minuto también han recibido el mayor impacto en el rendimiento. Entre los lanzadores que han perdido RPM, dos tercios también han disminuido en la tasa de ponches; entre los lanzadores que han perdido al menos 100 RPM, las tres cuartas partes han descendido en la tasa de ponches. En comparación, en el grupo mucho más pequeño de lanzadores que ganaron RPM, solo el 30% también ha visto disminuir sus ponches.

Otras estadísticas se correlacionaron mucho menos con los descensos en las RPM. Aunque inicialmente se justificó a las sustancias pegajosas porque evitaban golpear a los bateadores, no hubo correlación entre la pérdida de RPM y el cambio en la tasa de bateadores golpeados por un lanzamiento (HBP, por sus siglas en inglés). Las tasas de bases por bolas, tampoco mostraron una conexión apreciable, ni tampoco la tasa de jonrones o la tasa de batazos elevados.

Una correlación más curiosa con las revoluciones es otra de las principales estadísticas del proceso de lanzar: la velocidad de la bola rápida. Los lanzadores que perdieron las revoluciones también parecen haber perdido velocidad.

La correlación aquí es más débil (r = .26) pero permanece como estadísticamente significativa (p <.01). Hay un par de razones por las que podría existir esta conexión. Una es que con la percepción de aumento en comando que producen las sustancias pegajosas, es posible que los lanzadores no se sientan cómodos lanzando con tanta fuerza. (Digo “percepción” porque no tenemos evidencia de que las sustancias realmente mejoraban el comando o el control de una manera mensurable. Pero eso no significa que los lanzadores no sentían que las sustancias lo hacían).

Otra es que puede haber una conexión biomecánica entre las sustancias pegajosas y el aumento de velocidad de la bola rápida. Sin el beneficio de los pegamentos, es posible que los lanzadores deban dedicar un esfuerzo muscular adicional para agarrar la pelota, y eso podría reducir su capacidad para acelerarla cuando sale de la mano. No está claro si eso es lo que ocurre en este caso, pero un cambio en la velocidad de la bola rápida de incluso media milla por hora (0.80 kph) es una pérdida bastante significativa.

Eso sí, algunos de los ejemplos más importantes de pérdida de revoluciones no han sufrido demasiado. La efectividad de Madison Bumgarner en realidad mejoró en julio y agosto, a pesar de su avanzada edad y de que su rápida de cuatro costuras bajó alrededor de 200 RPM de giro y casi dos pulgadas (5 cm) de movimiento (también un dígito de velocidad). Bumgarner ha pasado un tanto inadvertido como usuario de sustancias pegajosas, pero mostró un aumento drástico en revoluciones y movimiento de 2018 a 2019, y un descenso que corresponde a cuando comenzó la prohibición. Su tasa de ponches cayó por un precipicio: después de conseguir nueve ponches en el  juego del 11 de mayo, justo antes de perder sus revoluciones, desde entonces no ha logrado más de seis ponches.

Casos como el de Bumgarner no son únicos. Hay una cantidad increíble de contaminación y variabilidad en las estadísticas de pitcheo que hace que sea difícil o imposible sacar conclusiones definitivas para un solo jugador. Sin embargo, años de estudio de las estadísticas de pitcheo sugieren que los cambios en la tasa de ponches, tarde o temprano, alcanzarán a tipos como Bumgarner y se manifestarán también como cifras topes en su relación de carreras limpias permitidas, en su efectividad (ERA, por sus siglas en inglés).

Y el patrón de toda la liga es muy claro. Aquellos que perdieron las revoluciones también perdieron efectividad. Aquellos que se quedaron igual y los pocos que las ganaron lo están haciendo mejor al comparar períodos. Los muchos lanzadores “limpios” a lo largo y ancho del beisbol deben estar suspirando profundamente de satisfacción mientras ven a sus menos honorables colegas recibir un golpe bien merecido.

Este análisis no puede aclarar nada sobre una de las preguntas más importantes de la prohibición: cuánto influye la prohibición de sustancias pegajosas en las tasas de lesiones. Tyler Glasnow culpó de su lesión en el brazo a tener que agarrar la pelota con más fuerza para compensar la pérdida de cualquier sustancia similar al pegamento que solía usar; al menos algunos especialistas en biomecánica han sugerido que su teoría puede ser correcta. Hasta ahora, al menos, de acuerdo con lo publicado por mis colegas Derek Rhoads y Rob Mains, no estamos viendo un incremento de problemas en el codo.

Pero eso no significa que esos valiosos ligamentos estén aun a salvo. Las lesiones en el brazo pueden tardar meses o años en desarrollarse, por lo que si la tasa de desgaste simplemente se aceleró en junio, es posible que no podamos detectarlo durante meses. Lo que estamos presenciando ahora son las consecuencias a corto plazo de un ajuste muy repentino en toda la filosofía de pitcheo de la liga. Tendremos que esperar y ver cómo se desarrolla el juego constante de adaptación que enfrentan los lanzadores y bateadores en los meses y años venideros.

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