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Image credit: Jerome Miron-USA TODAY Sports

Traducido por Marco Gámez

En medio de una avalancha de acusaciones y declaraciones sobre los lanzadores que usan, no usan o se niegan a negar el uso de diferentes sustancias pegajosas, la estadística de las revoluciones vive un momento importante. Vemos un volumen abrumador de tuits y de comentarios que rastrean las tasas de giro de los lanzadores de un juego iniciado a otro, lo que inevitablemente se convierte en la base de las desagradables acusaciones de trampa por parte de casi todos los fanáticos.

Es cierto que las sustancias pegajosas influyen en las revoluciones en un grado impactante. Es cierto que pueden producirse cambios repentinos en la revolución de la pelota al iniciar o detener el uso de sustancias químicas como el pegamento de araña. Pero como cualquier otra estadística, la revolución de la pelota no es el producto de un solo factor. Cualquier cosa, desde la temperatura hasta los efectos del estadio, puede significar un cambio en docenas de RPM, así que analiza los picos y caídas sospechosos con mucha cautela.

Por supuesto, algunos cambios en el giro son tan grandes, tan inexplicables por medios normales, que no hay razón para culpar al clima o a los errores de medición. El pico inicial de revolución de Bauer, al final de la temporada 2019, encaja en este grupo. Como señaló el propio Bauer, realmente no hay una explicación para eso más que la aplicación de más o mejores sustancias pegajosas.

Y tan repentinamente como apareció el giro mejorado de Bauer, de igual manera recientemente comenzó a disminuir, lo que sugiere que tal vez abandonó las sustancias que estaba usando. Podemos confiar más en los cambios de Bauer, en parte porque son muy obvios, pero también porque, claramente, nos dijo que lo haría. Nunca encontrarás un caso resuelto más fácilmente.

Algunos cientos de RPM se explican con claridad; en unas pocas docenas hay dudas. ¿Pero dónde trazamos el límite? En este punto, nadie puede decirlo con certeza. Pero hay varios factores importantes en los que pensar al examinar las revoluciones y la forma en que cambian con el tiempo. Tomados en conjunto, hacen que acusar a alguien basándose en la variación de las revoluciones por minuto de una apertura a otra sea mucho más riesgoso, al menos sin evidencia adicional.

Primero, es importante desacoplar la revolución del a pelota de la velocidad del lanzamiento. Generalmente, cuanto más fuerte lanza un lanzador, más rápido gira la bola. Cada lanzador tiene una relación característica de giro (RPM) por milla por hora (kph); esta cantidad se llama “unidades Bauer” (sí, en honor a ese Bauer.) La velocidad tiende a variar bastante de una apertura a otra, entre una o dos millas por hora (1.6 o 3.2 kph) para la mayoría de los lanzadores y mucho más para algunos. (Shohei Ohtani tuvo una apertura reciente en la que su bola rápida se retrasó unas cinco marcas con respecto al promedio de la temporada). Una caída o un aumento en la velocidad de la bola rápida significa un cambio en las RPM, por lo que, a menos que tengas en cuenta eso, habrá mucha más distorsión en la velocidad de giro de una apertura a otra. Una de las primeras cosas que hay que comprobar al ver un cambio en la velocidad de giro es si la velocidad del lanzador está cambiando en una dirección que lo explique.

En segundo lugar, la temperatura también influye en las revoluciones de la pelota. El clima más cálido provoca un aire más delgado (menos denso), por lo que la pelota tiene más facilidad para moverse (y, presumiblemente, girar) a través de él. Esto también se traduce en transpiración y en que, probablemente, los lanzadores tengan más dificultades para agarrar la pelota, o en la dilución inducida por el sudor de cualquier sustancia pegajosa que estén usando. Independientemente de su mecánica, la diferencia entre una tarde fresca de primavera a 60º Fahrenheit (16º centígrados) y un día caluroso de verano a 90ºF (32ºC) equivale a aproximadamente 150 RPM perdidas, para el lanzador promedio.

En tercer lugar, la mecánica (obviamente) influye en la velocidad de giro. Aunque no tenemos acceso a los datos biomecánicos que recopilan los sistemas de Hawkeye o que los equipos de video de alta velocidad a veces filman, los indicadores de cambio mecánico se pueden encontrar en las mediciones del punto de soltar la pelota. Si un lanzador normalmente lanza desde determinada altura de su brazo y comienza a lanzar desde otro punto, es posible que su forma de lanzar haya cambiado.

Por último, existen efectos de estadio sustanciales y errores de medición en la cuantificación de la revolución de la pelota. Aunque Hawkeye parece notablemente preciso en promedio, las mediciones individuales pueden estar equivocadas y los números atípicos pueden alejar las tasas de giro promedio diarias de los números de toda la temporada. Y si un solo lanzamiento está mal identificado (por ejemplo, un lanzamiento de cuatro costuras se confunde con un slider), la revolución promedio total en ese tipo de lanzamientos puede verse afectada. Esto tiende a equilibrarse en múltiples aperturas, pero ciertamente hace que sea mucho más difícil decir lo que está sucediendo en una actuación determinada.

Todos estos factores significan que no siempre podemos decir que debido a que la velocidad de giro de un lanzador es baja, alta o igual, debe haberse detenido, comenzado o seguido usando sustancias pegajosas. Nos atormenta aún más el hecho de que no sabemos qué sustancias se están untando los lanzadores en los dedos y en qué cantidades. Esta es probablemente la pieza que hace más falta en todo el misterio: ¿pasar del pegamento de araña al alquitrán de pino reduce las RPM de los lanzadores en 400 o 200? ¿Qué ocurre al pasar de usar un montón de pegamento de araña a solo un poquito? ¿Un tramposo como Bauer ganaría algo tratando de reducir su uso gradualmente, o es mejor dejarlo de golpe?

Hay tantas incógnitas e incógnitas desconocidas en el análisis de este tema, que sacar conclusiones definitivas basadas únicamente en la velocidad de giro es peligroso. Si tan solo hubiera algún tipo de organismo rector en el deporte que pudiera llevar a cabo una investigación rigurosa de este fenómeno en toda la liga, contratando científicos y estadísticos para determinar cuánto efecto proporcionan las sustancias pegajosas y examinando todos los equipos que alentaron u obligaron a sus lanzadores a utilizar compuestos mejorados. ¡Si solo!

A falta de esa medida completa, se puede esperar que se sigan sacando conclusiones tenues, que se coloquen emojis de cejas levantadas combinados con tablas de tasas de giro sin procesar. Como lo hizo MLB con especulaciones de años sobre cambios en el béisbol, la liga está creando un vacío de información, y eso se traducirá en una tonelada de datos genéricos poco confiables, acusaciones indemostrables y videos de muchachos tocándose los guantes de manera sospechosa. Si eso es todo lo que tenemos, es mejor que nada, pero mejor aún sería cuantificar un problema con el que el juego se ha enfrentado durante décadas, un problema que puede haber alcanzado un nuevo nivel esta temporada.

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