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Image credit: Joe Nicholson-USA TODAY Sports

Traducido por Carlos Pérez

La pelota no estaba alterada. Salió volando del parque más a menudo desde 2016 y ha habido un puñado de estudios que muestran que la composición y forma de la pelota cambió, pero el hecho de que MLB anunciara que alteraría la construcción de la pelota para 2021 para que hiciera menos ‘boing boing’ no significa que estuviera alterada. “Alterada” viene con la implicación de que hay una reunión secreta donde un grupo de personas deciden conscientemente que el juego necesitaba más jonrones. Creo que MLB quiere hacernos creer que los cambios en el comportamiento de la pelota fueron simples consecuencias imprevistas de otras acciones no relacionadas. Honestamente no tengo idea sobre si eso es cierto pero, de cualquier manera, le están sacando todo el jugo a la pelota. Incluso aunque nunca estuviera alterada en primer lugar.

Supongo que los cambios de la pelota tendrán el efecto pensado obvio, principalmente porque la última vez que cursé una clase de física en el instituto, y si intentara hablar de la física de la pelota, solo terminaría dando vergüenza. Desde 2013, la ratio de jonrones por cada bola elevada en toda la liga ha subido del 10,5% al 14,8% en 2020. En 2019, fue del 15,3%. En ese mismo espacio de tiempo, las anotaciones por partido subieron de 4,17 carreras por juego (por equipo) a 4,65. Las pelotas que saltan la verja hacen eso. Eso probablemente se vaya. Si esperabas ver un juego que tuviera más pelotas atrapadas en la tierra, vas a amar la MLB en 2021.

No existe una forma platónica del béisbol. He hecho esto durante el tiempo suficiente para recordar los primeros años de los 2010, cuando la principal queja sobre el juego era que la anotación era muy baja. De alguna manera, la gente recibió sin previo aviso lo que demandaba, y el juego todavía está “roto”. Aún así, sus quejas son reales. Los datos muestran que los ponches continuaron subiendo (casi siempre lo han hecho en el curso de la historia del juego): el equipo promedio pasó de poncharse el 19,9% de las veces en 2013 al 23,4% de las veces en 2020. Si miramos los datos en profundidad, no es difícil entender por qué. Es interesante ver que, aunque los bateadores no abanican más (la ratio de swing fue del 45,9% tanto en 2013 como en 2020), están abanicando están abanicando y fallando más (la ratio de contacto pasó del 79,4% al 75,3%). Los elevados están al alza también (34,3% de pelotas bateadas respecto al 35,7%). Los jugadores son más propensos a sacrificar un contacto potencial para buscar el poder. Si la pelota les asiste cuando lo hacen, eso tiene todo el sentido. Si retiramos la pelota ‘boing boing’, entonces al menos eliminaremos el incentivo a hacerlo.

El resultado debería ser un juego ligeramente más orientado hacia el contacto y la acción, aunque probablemente uno que se parezca más al juego de 2013 que el de 1986. Y creo que es importante fijarnos esa expectativa, porque me preocupa que los aficionados tengan una idea completamente idealizada de lo que este cambio supondrá.

La afirmación que más se hace sobre lo que está “mal” del béisbol es que hay “muy poca acción”. Podemos diseccionar el juego (las acciones reales que suceden en el campo) para ver qué sucede antes y después del contacto del bate con la pelota. Prestamos mucha más atención a lo que sucede después del contacto con la pelota, incluso aunque lo que sucede antes del contacto es igual de importante. Se necesita mucha concentración para seguir la historia de la batalla entre el lanzador y el bateador sobre las bolas y los strikes que técnicamente no hacen nada. Es la razón por la que los ponches y los pasaportes son aburridos. El bateador y el lanzador hicieron todo lo divertido, pero nada de lo interesante. Los aficionados (dicen que) quieren ver más corrido de bases y defensa, o al menos las situaciones del juego donde esos fundamentos son importantes. Tristemente, el juego se ha alejado lentamente de esa manera de pensar con el tiempo. Es un juego de poder ahora.

Hace unos años, debatí sobre una cuestión teórica. ¿Qué tan lejos en el tiempo tendría que viajar en el tiempo un grupo de jugadores promedio de hoy en día (en una máquina del tiempo) para convertirse en el mejor equipo de la liga? No hay manera correcta de responder, porque depende de lo que se les permita “llevarse” consigo (¿medicina moderna? ¿conocimiento?), pero intentar resolver la pregunta es interesante. Podemos ver que, en los 1990s, hubo un incremento del tamaño físico (según el IMC) de los jugadores de la MLB. Tenemos que ver las cosas con ciertas reservas, porque los equipos de la MLB no son siempre… bueno… completamente honestos con la altura y el peso sobre sus jugadores, pero aún así, el jugador promedio en la MLB hoy estaría entre los jugadores más grandes de la liga hace unos años. Los jonrones subieron como resultado y los “escenarios de correr” como bases robadas o triples o asegurar bases extra han descendido. El juego ha pasado de ser un juego de correr a ser un juego de batear desde hace muchas décadas. Y los ponches han llegado con esta tendencia.

En las pasadas semanas, investigué sobre otro cambio que sucedió en ese tiempo, que es el surgimiento del relevista de una entrada. Les ha permitido a los equipos usar una estrategia de lanzamiento que puede ser descrita como “lanza primero, lanza fuerte, sin compasión”. La bola rápida promedio en 2020 pasó por el plato a 93,1 mph. Para dar un poco de contexto sobre cómo esto ha cambiado el juego, en 2002, el primer año en el que existen estos datos, entre los lanzadores que lanzaron al menos 30 entradas, hubo 31 lanzadores que tenían una velocidad promedio de la bola rápida en esa marca o superior. El lanzador promedio ahora lanza tan fuerte como el lanzador más fuerte de tu equipo hace 20 años. Incluso si esos números no son enteramente fiables, revelan una gran verdad. No sabemos si son los patrones de uso los que dan lugar a ese incremento (esos jugadores antiguos podrían haber lanzado más fuerte si el nuevo modelo de relevista estuviera más desarrollado) o si los lanzadores se están volviendo cada vez más fuertes, pero está claro que el juego se está jugando por atletas que son más grandes y fuertes que lo que había sobre un campo que mantiene las mismas dimensiones desde hace un siglo. Todavía mide 60 pies (y 6 pulgadas) desde el montículo al plato, y las bolas rápidas cada vez más rápidas significan que el tiempo de reacción para los bateadores está reduciéndose. No está claro que la rapidez de reacción crezca a la misma ratio que la fortaleza física para mantener igualada la balanza. Es, después de todo, fácil cuantificar y buscar características físicas de fuerza. Es más difícil conseguir información sobre la neuropsicología de alguien.

Lo que me preocupa es que la MLB y sus aficionados parezcan convencidos de que están a solo un cambio del reglamento de obtener el juego ideal que ellos desean, o al menos crear una variante nueva. Quizá ‘matar’ la pelota sí elimina algunos de los swings de ‘todo o nada’ y trae más algo de contacto, pero me temo que las fuerzas que dirigen la evolución del juego de poder están más allá del alcance de las reglas. El juego ha expandido su alcance geográfico, y ahora más que nunca los atletas crecen jugando al béisbol en todo el mundo, así que los equipos tienen cada vez más opciones. El cambio hacia jugadores más grandes y poderosos es una estrategia que probablemente tenga sentido en términos de producir carreras, incluso aunque haga el juego “más aburrido”. Tendrías mucho trabajo si quisieras prohibir a los equipos que hacen las cosas para conseguir su mayor beneficio.

Si esperas que los 1970s y 1980s regresen con una pelota muerta, creo que tenemos que ser claros para decir que ese barco zarpó hace mucho; está probablemente en Fiji ahora. Podría ser solo una cuestión de tiempo antes de que la dirección que se tome para traer de vuelta el béisbol según ese ideal mediante la alteración de la pelota sea fagocitado por la lenta marcha de las tendencias evolutivas que no cambiarán.

Y no habrá tantos jonrones.

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