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Image credit: © Mark J. Rebilas-Imagn Images

Traducido por Fernando Battaglini

Sabes cuándo una relación ha cumplido su ciclo, pero a veces decides quedarte con esa persona. ¿Por qué? Tal vez te queden cinco meses de contrato de alquiler. Tal vez adoptaron una mascota juntos y no quieres lidiar con una posible disputa por su custodia. Tal vez reservaron juntos un viaje de verano por Europa y todavía quieres visitar Croacia.

En el pasado, Phoebe Bridgers me ha ayudado a procesar rupturas amorosas. Su canción “Waiting Room” es un recurso infalible. Con una duración de casi siete minutos, la pieza va cobrando intensidad hasta alcanzar su clímax en la frase: “Sé que es para bien”. Bridgers entona la frase con tal fuerza que termina pareciendo que realmente se la cree.

Las oficinas de gerencia no son tan diferentes. No en el sentido de que sean como Pharbs, sino más bien en que se aferran a los jugadores durante demasiado tiempo. Tras meses de ver cómo su relación se deterioraba públicamente, los Phillies rompieron finalmente sus vínculos con Nick Castellanos.

La historia de Castellanos es larga como la cuaresma. Comencemos con sus estadísticas. Antes de firmar un contrato de cinco años y $100 millones de dólares con los Phillies en 2022, jugó para los Tigers, los Cubs y los Reds. Sin duda alguna, era un jugador por encima del promedio, generando un WARP de 14.4 y promediando un DRC+ de 113. Los Phillies recompensaron a Castellanos por lo que había sido, sin tener en cuenta su futuro como un jugador unidimensional que ya estaba en el lado equivocado de los 30.

Castellanos siempre ha sido un bateador de swing libre, con un enfoque que él mismo describe como “ver la bola, batear la bola”. Su escasa disciplina en el plato, su decreciente tasa de batazos sólidos y su defensa deficiente convirtieron en una tarea de Sísifo el intento de los Phillies de traspasarlo. Sus -76 “Outs por encima del promedio” por sus siglas en ingles “OAA” desde 2016 lo sitúan en el último lugar entre los jardineros, y su DRP de -41.4 no presenta un panorama mucho más alentador. A pesar de saber que Castellanos era, en esencia, un bateador designado disfrazado de jardinero, los Phillies lo ficharon de todos modos. En este gráfico, la línea oscura representa su porcentaje de abanicadas fallidas, la línea clara, su porcentaje de swings a lanzamientos fuera de la zona; y la otra línea, su porcentaje de batazos sólidos.

Castellanos venía de una temporada en la que había conectado 34 jonrones con los Reds, la cifra más alta de su carrera. Pero eso es solo la punta del iceberg. Los Phillies no tuvieron en cuenta el hecho de que el Great American Ball Park —con sus dimensiones reducidas de poste a poste— estaba mejor optimizado para el estilo de bateo de Castellanos, capaz de cubrir todo el terreno de juego. De repente, esos elevados hacia el jardín central comenzaron a morir justo en la franja de advertencia. Y poco después, ni siquiera llegaban hasta allí; a medida que su velocidad de salida (situada en el percentil 90) se desmoronaba, se hizo evidente que su rendimiento de 2021 no era realmente transferible, ni tampoco recuperable.

Temp. Equipo Edad Juegos AP %BB %K ISO AVG OPS DRC+ WARP
2022 PHI 30 136 558 5.2% 23.3% .126 .263 .694 94 1.1
2023 PHI 31 157 671 5.4% 27.6% .204 .272 .787 91 0.4
2024 PHI 32 162 659 6.2% 21.1% .177 .254 .742 99 1.3
2025 PHI 33 146 589 5.4% 22.6% .150 .250 .694 84 0.0
Total 601 2477 5.6% 23.7% .164 .260 .729 92 2.8

Que un ex-jugador de nivel superior al promedio experimente un declive después de los 30 años no es algo insólito. Lo que distingue a Castellanos de cualquier otro jugador que ha envejecido mal es su excentricidad. En una Liga repleta de tipos perfectamente pulidos y entrenados en relaciones públicas—carentes de cualquier atisbo de personalidad (“Estoy hablando de ti, Aaron Judge”)—hay algo intrínsecamente entrañable en Castellanos.

Usa sus camisetas desabrochadas en la parte superior. Citó a Scooby Doo como su superhéroe favorito. En una entrevista durante la London Series, se refirió a los escolares británicos “vestidos con sus uniformes de Hogwarts”. Piensa en el Imperio romano. Ha sido grabado descalzo en el banquillo. Compró la antigua casa del exjugador de los 76ers, Ben Simmons.

Castellanos tiene una peculiar tendencia a batear jonrones cada vez que ocurre un suceso desafortunado. Esta dinámica comenzó durante un partido entre los Cincinnati Reds y los Kansas City Royals en agosto de 2020. El narrador de los Reds, Thom Brennaman, se encontraba en pleno proceso de disculparse por un incidente homófobo captado por un micrófono abierto, cuando fue interrumpido por Castellanos, quien envió una bola rápida a 410 pies de distancia hacia el jardín izquierdo. La narración de Brennaman —”Un batazo profundo hacia el jardín izquierdo de Castellanos”— cobró vida propia, transformándose en una icónica “copypasta” que incluso cuenta con su propia página en Wikipedia.

A lo largo de la historia, las personalidades enigmáticas tienden a perdurar en nuestra memoria. En sus peores momentos, Castellanos podía resultar abrasivo. Según se reporta, no hacía caso a los entrenadores que nunca habían llegado a tomarse un café en las Grandes Ligas. Él dice lo que piensa; expresa lo que se le pasa por la cabeza en cualquier momento, sin filtros. Ha llegado a reprender a los reporteros de campo por formular la misma pregunta trillada y repetitiva tras un “Gran Momento de la Postemporada™”. ¿Y saben qué? ¡Bien por él! Y antes de que alguien tilde esa actitud de irrespetuosa, pregúntense: ¿cuántas veces han puesto los ojos en blanco al ver a los reporteros en el terreno de juego reciclar el mismo repertorio de preguntas forzadas?

Las excentricidades solo resultan aceptables cuando se es una superestrella. Si uno es excéntrico y, además, un jugador por debajo del promedio, se le tacha de ser una distracción. El rendimiento de Castellanos decayó hasta un punto en el que ya no justificaba sus peculiaridades fuera del terreno de juego. Las tensiones culminaron en el “Beergate”. Tras ser retirado de un partido a mediados de junio en el Marlins Park, Castellanos exteriorizó su frustración introduciendo una cerveza Presidente en el dugout. (Para un análisis más detallado del incidente, consulte el artículo de Matt Gelb en The Athletic). A medida que avanzaba la temporada, Castellanos continuó sumido en su mala racha y expresó ante los medios de comunicación su descontento por haber sido relegado al banquillo.

Castellanos dejó claro que anticipaba un divorcio de los Phillies. Durante la temporada de descanso, mencionando de manera casual que estaría dispuesto a trasladarse a la primera base, “si algún equipo o alguien necesitara que lo hiciera”. Como bien saben los aficionados, el no tan élite Bryce Harper (quien registró una línea ofensiva de .167/.231/.208 en el Clásico Mundial de Béisbol antes del partido por el campeonato, en el que conectó un jonrón para empatar el juego) estará cubriendo la primera base en Filadelfia por un futuro indefinido.

Al comienzo del campamento, los San Diego Padres se hicieron con los servicios de Castellanos y le ofrecieron un contrato de un año por el salario mínimo de la liga. Ya ha demostrado cierta destreza defensiva en la primera base. Al bate, ha registrado un modesto OPS de .732 en 34 apariciones al plato. Como bien sabemos, el éxito en los entrenamientos de primavera no garantiza que este se traslade a la temporada regular. Basta con preguntárselo a Max Kepler o a Kody Clemens. Todo esto podría ser un simple espejismo pasajero. Por otro lado, Castellanos parece ser el tipo de jugador que se crece ante la adversidad y la revancha. Teniendo en cuenta el cambio de aires y la gran motivación extra que lleva consigo, no descartaría que tenga un año de resurgimiento.

Al dejar libre a Castellanos, los Phillies siguen obligados a pagarle los $19 millones que se le adeudan, pero aliviaron la tensión en el vestuario. El prospecto número 98, Justin Crawford, tiene ahora la oportunidad de ser titular en el jardín central.

Todos siguen adelante, sabiendo que es para bien.

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